Sobre todo, el sobretodo

Don José Batlle, la LUC y el referéndum.
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Por Gonzalo Perera

En el primer semestre de 1976, ante los reiterados documentos escritos por Juan María Bordaberry en los que exponía su pensamiento medieval y proponía a los jefes militares de la dictadura instalar en el Uruguay una sociedad basada en Dios y en el orden natural, suprimiendo los partidos políticos para reemplazarlos por corporaciones, los dictadores uniformados comenzaron a convencerse que debían deponer al presidente golpista, pues, aún para ellos, esas visiones eran inaceptables.

Se atribuye al tristemente célebre “Goyo” Alvarez la frase: “Uruguay es Nacional y Peñarol, el poncho y el sobretodo”, como expresión de que las tradiciones saravistas y batllistas en el Uruguay no podían ignorarse, oponiéndose a las intenciones de Bordaberry.

Aunque nada agrada recordar a un terrorista de Estado, lo que aún un tal personaje tiene claro es altamente sugerente sobre qué contiene, en los más profundo de su inconsciente, la sociedad entera.

El Partido Colorado no es, y nunca fue, sinónimo del batllismo. Cuando Don Pepe Batlle gobernó, un sector importante del Partido Colorado, ultraconservador y católico, se le opuso. Ese sector, habitualmente denominado “riverismo” e identificado durante décadas con el diario “La Mañana”, rara vez compartió convicciones con Don Pepe, quien a través de “El Día” expresaba posturas radicalmente laicistas, incluso anticlericales, al tiempo que pregonaba una visión bastante progresista de la sociedad, defendiendo en particular el rol del Estado como motor de la economía. Para los riveristas, liberales en lo económico y católicos en lo religioso, aquellas páginas de Don Pepe eran, literalmente, sulfurosas. El riverismo vive y lucha aún en nuestros días, aunque en buena parte haya sido succionado por Cabildo Abierto. Pero al batllismo, dentro del Partido Colorado, cuesta reconocerlo. Desde la década del 60, cuando Jorge Batlle tomó el liderazgo de la lista 15 y comenzó con su prédica febrilmente liberal, el batllismo tradicional comenzó a alejarse. Es innegable que mucho del pensamiento batllista tradicional se encuentra hoy en filas del Frente Amplio, ya sea por migración de referentes (alcanza con mencionar a Zelmar Michelini), o por el simple hecho de que es nuestra fuerza política la que ha asumido la defensa del rol del Estado en la economía, la importancia estratégica de las empresas públicas y otras posturas que eran centrales en la visión política de Don Pepe. Pero esto no es fruto de ninguna trampa o conspiración por parte del FA: es la consecuencia de que el Partido Colorado abandonó a Don Pepe y su prédica. La mítica foto de Don Pepe luciendo su sobretodo en la sede partidaria, no alcanza a disimular el hecho más básico y claro: el neo-batllismo, para denominarlo de alguna manera, hace mucho que se sacó hasta el sobretodo. Perdió las referencias, los anclajes, las principales posturas de Don Pepe. Como su legado sigue vivo en el ideario uruguayo, en algún lugar se tenía que reencausar y expresar. Ese es el proceso que hace que quien realmente se sienta identificado con el legado de Don Pepe hoy mire hacia el FA y ciertamente no mire hacia el Partido Colorado.

Cada tanto, el Partido Colorado presenta alguna queja por el uso indebido de parte de otros actores sociales o políticos de la figura de Don Pepe. Parece no aquilatar que el legado que dilapidó en la cancha, no lo va a recuperar con reclamos en la liga.

Recientemente le tocó el turno a la campaña de recolección de firmas para llevar a referéndum 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración. Un spot publicitario, en el que un retrato de Don Pepe guiña un ojo mientras se cita una de sus frases en relación al deber democrático de la sociedad de controlar a sus representantes, desencadenó la protesta del partido de Fructuoso Rivera.

La respuesta de la Coordinadora Pro Referéndum ante tal actitud es más que contundente, por lo cual, más allá del hecho en sí, conviene repasar algunos puntos muy básicos, que son los que el neo-batllismo pretende soslayar.

Para comenzar, sería interesante cuestionarse si acaso Don Pepe habría sido capaz de hacer una alianza con Herrera a los efectos de poder acceder al gobierno para recortar el Estado, retirarlo lo más posible de la economía, proteger a los grandes capitales concentrados, a los grandes agroexportadores, especuladores financieros, etc. En suma, si Don Pepe se habría puesto como furgón de cola de un gobierno completamente herrerista en su orientación. El neo-batllismo de Julio María Sanguinetti no sólo fue capaz de hacerlo, sino que de hecho suele atribuirse la autoría de tan singular plan. Pero, por si fuera poco, Sanguinetti ha debido reclamar insistentemente un espacio para coordinar posturas de la coalición multicolor, algo muy parecido a recordarle al maquinista que el furgón de cola también existe.

Como respuesta presidencial, ha recibido algo extremadamente parecido al gesto de pito catalán. La pregunta es si Don Pepe habría aceptado estos proyectos políticos y estos términos de ejecución. Conclusiones a cargo del lector.

Los dos gobiernos de Don Pepe dejaron un saldo muy significativo de avances en materia de derechos laborales y sociales en general, como la limitación de edades y horarios laborales, los derechos al descanso semanal, licencias maternales, etc. Cabe preguntarse si Don Pepe vería con buenos ojos un gobierno que, mediante el mecanismo de Urgente Consideración, introdujo un marco legal en el que se atenta severamente contra la actividad sindical, contra el derecho de huelga, contra los más básicos mecanismos de organización y defensa de los trabajadores. Que protege al propietario que es deudor del Estado a nivel nacional o departamental y desampara a su inquilino buen pagador, facilitando el desalojo. Que creó una nueva categoría: el colono que no es colono, por haber habilitado a recibir tierras del Instituto Nacional de Colonización a personas que no vivirán en esas tierras y que no las trabajarán.

Don Pepe fue un importante impulsor de la Educación Pública, con la intervención de figuras como el ingeniero José Serrato para desplegar la enseñanza media en el territorio nacional, por ejemplo. Cabe preguntarse si sentiría cómodo Don Pepe en un gobierno regado de egresados de instituciones privadas confesionales, a las que protegen con ahínco, mientras se hace papilla la Educación Pública, ya sea desde los presupuestos o desde el modelo gerencial de la Educación que instaló la LUC.

En definitiva, quienes ni fuimos ni somos batllistas reconocemos, por ser evidente, que Don Pepe concebía al Estado como el manto protector de los débiles y quizás la metáfora última de su mítico sobretodo sea justamente el proteger, cuidar y abrigar la vida de los más débiles, aumentando sus derechos, habilitándolos a luchar por conseguir aún más. Negar a Don Pepe Batlle desde una visión avanzada de la sociedad, sería un acto necio y mezquino. Se pueden tener discrepancias con algunas de sus visiones políticas y por eso no definirse como batllista, pero es imposible negar que muchos de los que nunca habían sido atendidos vieron en su sobretodo un Estado protector y promotor de derechos.

La pregunta final, es si Don Pepe habría impulsado la LUC o impulsaría la recolección de firmas para llevar a referéndum los 135 artículos medulares del modelo neoliberal salvaje que nos imponen. La respuesta, parece obvia.
Absurda queja colorada, deberían quejarse ante el espejo, sobre todo por olvidar el sobretodo.

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