252.720 firmas

La Comisión Nacional Pro Referéndum, que componen más de 100 organizaciones sociales y políticas, anunció anoche que se alcanzaron 252.720 firmas en lo que va de la campaña para derogar 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC).

No es poca cosa que, con las limitaciones que la pandemia genera para la tarea de recolección de firmas, en medio de las angustias de nuestro pueblo, superando la negativa a debatir y el ninguneo informativo, se hayan juntado en este lapso de tiempo, tan corto, más de 250 mil firmas. Es un esfuerzo enorme, de militancia y de compromiso.
La campaña de recolección de firmas es el eslabón principal del enfrentamiento a la restauración conservadora y es, en la práctica, un esfuerzo por cambiar el rumbo, con repercusiones generales en la grave situación de crisis sanitaria, económica y social que vive nuestro país y sufre nuestro pueblo.
Lo es por su contenido democrático y porque su resolución impactará sobre el conjunto de la situación nacional. Es para que las y los uruguayos vivan mejor.
Son falsos los argumentos de que la recolección de firmas y el referéndum son un palo en la rueda para el país, una gimnasia opositora, irresponsable e improvisada.
Desde el primer momento se denunció que la LUC, por su forma y su contenido, implicaba un retroceso democrático. Se advirtió que generaría menos libertad y menos igualdad, por eso menos democracia. Se señaló que implicaba un reformateo conservador del Uruguay, porque concentra la riqueza y el poder. Se cuestionó que reflejaba las urgencias del poder por imponer su programa y no las urgencias de nuestro pueblo, de las grandes mayorías. Se indicó que si el ajuste, del cual la LUC es un instrumento, era dañino y equivocado en tiempos normales, constituía un verdadero suicidio en la pandemia.
Pocos meses después de su aprobación, a marchas forzadas por la coalición de derecha, la vida y los hechos de la realidad, no los discursos, ni los twitter más o menos ingeniosos, están confirmando la certeza de todas las críticas.
No hubo ninguna improvisación cuando se resolvió impulsar el referéndum. La decisión se tomó luego de un largo análisis de los contenidos de la LUC, que comenzó en febrero del año pasado cuando se conoció el primer borrador.
El movimiento popular actuó, y lo sigue haciendo, con enorme responsabilidad. Se conformaron grupos de estudio con más de 500 técnicos y militantes. En base a lo elaborado en estos grupos, de la colaboración entre el Instituto Cuesta Duarte de la central obrera y varios sectores de la academia, en particular de la Universidad de la República, el PIT-CNT, especialistas en diversos temas, otras organizaciones populares y el Frente Amplio presentaron una fundamentada postura en el Parlamento de rechazo a la LUC. Prácticamente la totalidad de los expertos consultados, muy brevemente por cierto y ha pedido de la oposición, en cada tema específico se manifestaron contrarios a lo que se promueve en la LUC.
El movimiento popular no se limitó solo a proponer, se realizaron enormes movilizaciones en todo el país.
El resultado fue que las propuestas centrales realizadas fueron dejadas de lado por la coalición de derecha en el gobierno. Fue una discusión sin tiempo y con oídos sordos. Pero lo más grave es que fue en medio de la pandemia y con un escaso conocimiento, cuando no nulo, de grandes sectores de nuestro pueblo sobre lo que contiene la LUC.
Es muy importante rescatar el método que aplicó el movimiento popular: el estudio serio, las propuestas fundamentadas, la movilización, la búsqueda de la mayor amplitud y consensos posibles. Hay que destacarlo porque es una fortaleza que hace que la iniciativa de referéndum tenga solidez argumental y proyección política.

Dos dimensiones del referéndum

La iniciativa planteada por, reiteramos, más de 100 organizaciones sociales y políticas, es trascendente en dos dimensiones.
La primera es que con la recolección de firmas y el debate ciudadano que esta genera, aún en medio de la pandemia y con todos los cuidados, miles están hablando con miles sobre el contenido de la LUC y sus impactos, se supera críticamente el empobrecimiento democrático que el procedimiento elegido por la coalición de derecha para aprobarla provocó.
El movimiento popular y la iniciativa ciudadana están rompiendo el corsé antidemocrático de la aprobación a prepo, de la negativa a debatir, del ninguneo informativo. La democracia se fortalece ejerciéndola y eso están haciendo miles de militantes en todo el país. La derecha recorta y vacía el debate democrático, la izquierda y el movimiento popular lo construyen con militancia.
La segunda es que se enfrenta, prácticamente, y se puede hacer retroceder, a una de las tres piezas claves, junto con el Presupuesto Nacional y la Política Salarial, de la restauración conservadora.
La LUC, hoy ley 19.889, tiene 476 artículos, modificó más de 30 políticas públicas y 50 leyes. Los 135 artículos que se impugnan implican un enorme retroceso: el aumento de la discrecionalidad policial; la ampliación a niveles inéditos del derecho de legítima defensa; la criminalización de la protesta; la restricción del derecho de huelga; el retroceso en el control de lavado de activos; la autorización de desalojos exprés de inquilinos; la vulneración de la autonomía y una reforma regresiva en la educación que elimina la participación docente en aspectos claves del gobierno de la enseñanza; la privatización y el desmantelamiento de la seguridad social; el debilitamiento del Instituto Nacional de Colonización; los súper poderes para la nueva estructura de Inteligencia que incluyen la posibilidad de declarar confidenciales documentos sobre crímenes de lesa humanidad; medidas que privatizan y debilitan a las empresas públicas; la introducción de una regla fiscal, que limita la posibilidad del Estado de invertir y responder para paliar los efectos de la crisis en medio de una pandemia.
Ese apretado repaso alcanza para fundamentar de sobra la necesidad de firmar para habilitar un debate serio e informado de todo nuestro pueblo, y también, desde nuestro punto de vista, para votar en el referéndum por la derogación de estos 135 artículos de la LUC.

El tamaño del desafío

Es cierto que la LUC no es toda la restauración conservadora. Se le suman, como ya explicamos, el Presupuesto de ajuste y la Política Salarial, de rebaja. A ello hay que agregar la Ley de Medios, que restituye privilegios, concentra el poder y golpea a ANTEL; los proyectos de ley que buscan reglamentar a los sindicatos y lo adelantado en torno a la pretendida reforma de la seguridad social. Y un elemento más: la ofensiva para defender la impunidad.
Uruguay ya es más desigual y menos libre. Tenemos 100 mil pobres más, miles comiendo en el INDA y en las ollas populares, decenas de miles en el seguro de paro, miles de empresas cerradas. Y no es por el COVID 19, cuyo impacto no negamos, muy por el contrario, enfatizamos, en todas sus dimensiones. Lo que ha agudizado la crisis económica y social en el Uruguay es el ajuste neoliberal del gobierno de derecha realizado en medio de la pandemia y la LUC es uno de los instrumentos centrales de su implementación.
Hablamos del aumento de tarifas públicas, la suba de impuestos, la reducción de la inversión pública y el recorte de la ejecución presupuestal, la devaluación récord del peso, el aumento de los precios, sobre todo de los alimentos, junto con la caída de salarios y jubilaciones. También la negativa del gobierno de derecha a realizar la inversión pública necesaria para enfrentar el impacto de la pandemia. Se niegan a hacerlo aunque tienen los recursos. Es por la concepción ideológica que en la LUC expresa la regla fiscal.
Es necesario enfrentar a toda la restauración conservadora. Y para ello se precisan pasos concretos, prácticos, no solo declarativos. La recolección de firmas va en ese camino, lo construye prácticamente, porque, como explicábamos, organiza una respuesta popular a una de las piezas centrales de la restauración conservadora.
El desafío es enorme, los riesgos también, igual que las perspectivas que abre si se resuelve a favor del pueblo.
Se necesita organización y militancia. Es clave la campaña de información, el debate político e ideológico, pero lo que finalmente define es la capacidad organizativa y de militancia para recolectar las firmas. Se necesitan miles convenciendo a miles de firmar. Miles de firmas por día. Hay que mantener el esfuerzo y ampliarlo, superar las carencias detectadas. Es imperioso organizar el esfuerzo para ir a buscar las firmas y convocar a quienes por el miedo a la pandemia quieren firmar y aún no lo han hecho. Con lo alcanzado se construyó una base muy importante para ir por más.
Lo urgente son las firmas. Lo urgente es la democracia. Lo urgente son los problemas reales de nuestro pueblo. La LUC no resuelve ninguno, por el contrario, los agrava.
Se ha hecho mucho, pero se necesita mucho más. Organizar y desplegar la militancia de miles, todos los días, es, como siempre lo ha sido, el único camino.