Columna del Senador de Unidad para los Cambios-1001 del Frente Amplio, Oscar Andrade:
Queridas amigas, queridos amigos, es un gusto poder encontrarnos en este espacio de la columna semanal de EL POPULAR.
Este tiempo, que es un tiempo que ha sido de profunda reflexión de los militantes sociales, de los militantes de izquierda en Uruguay, porque es el que atravesamos después de una dura derrota electoral en el año 2019, nos ha ayudado a encontrar múltiples causas acerca de esa derrota; de la relación de los movimientos sociales con el gobierno, de las insuficiencias programáticas, de la ausencia de una batalla cultural dada con mayor intensidad, pero, hay un enorme consenso en que una de las causas de esa derrota, fue las dificultades en el área de la comunicación.
Por lo tanto, es un gusto poder sumarnos en ese terreno y, ojalá, que esta columna se transforme en una trinchera que permita defender determinadas ideas.
En un momento muy especial, porque en todo este tiempo de debate, la campaña electoral de 2019, las campañas municipales, intentamos establecer, con nuestro pueblo, la premisa de que se confrontaban dos proyectos de país. Un proyecto de país que tendía a la justicia social, al desarrollo productivo y a profundizar la democracia y otro proyecto de país que, por sus contenidos, era anti nacional, anti popular y profundamente anti democrático y que, en su materialidad, era concentrador de la riqueza; se enfrentaban estos dos paradigmas.
Ese debate, quizás, tuvimos insuficiencias para darlo con nuestro pueblo, pero, a casi la mitad del período de gobierno, hoy, es contundente la realidad, demasiado contundente.
Basta recordar que durante los 15 años de gobiernos frenteamplistas, cada vez que colocamos un indicador de mejora, sea este el aumento del salario real, el aumento de la inversión educativa, el aumento de la inversión en vivienda, el aumento de la inversión pública social, el descenso de la pobreza, en la prédica neoliberal se establecía que todos esos logros en materia económica, todas esas conquistas en materia social, obedecían a un fenómeno: el viento de cola en la economía.
Como que los 15 años de gobierno frenteamplista más que logros del gobierno tenían que ver con la casualidad de una circunstancia económica favorable.
Es cierto que hubo años en que los precios de los principales productos de exportación tuvieron condiciones favorables. También hubo que enfrentar momentos de crisis como la crisis más grande desde el año 1929 que recuerda el planeta, la del año 2008, el estallido de la burbuja financiera en EEUU que arrastró a la economía global y a una recesión que sufrió todo el continente, salvo nuestro país.
O tuvieron que enfrentar, los gobiernos frenteamplistas, la profunda caída económica de Argentina y Brasil en el año 2014. Fenómenos tan importantes que no recuerda, la historia nacional, que el Uruguay se haya logrado desacoplar de una región en crisis.
Ahora bien, sacando estas salvedades, aún colocando años en los que la economía y la exportación de nuestro productos tuvo condicionantes favorables, el mejor de los últimos años frenteamplistas queda pálido con los que han sido los últimos 18 meses del gobierno de coalición de derecha.
Récord absoluto de las exportaciones. ¿Qué es lo que cambia? ¿Cuál es el cambio sustantivo? Que, lejos de estar acompañado, este proceso, con indicadores de mejora de los salarios, de la jubilaciones, de los indicadores de pobreza y exclusión social; está acompañado, el crecimiento económicos que tiene datos muy relevantes, tanto, que en el último semestre del año pasado, estaba por encima de la pre pandemia, está acompañado por rebaja de los salarios, rebaja de las jubilaciones, deterioro de la inversión educativa, tanto en términos absolutos como en términos relativos, esto es, deterioro en términos constantes pero, mayor aún, en relación al PBI; deterioro de la inversión en vivienda, deterioro de la inversión pública social, o sea, el crecimiento económico está dejando afuera de la participación de ese crecimiento a la inmensa mayoría de nuestro pueblo.
Y esto está muy lejos de ser un problema técnico. Es un problema político y es un problema social, pero, fundamentalmente, es un problema que conspira contra las propias bases de desarrollo. No se puede pensar que se van a resolver problemas estructurales del país con niveles tan regresivos de la distribución de la riqueza que, fundamentalmente, el trabajo genera. No se va a resolver ni la crisis urbana, ni la segmentación territorial, ni la enorme disparidad que existe al acceso a los niveles educativos y culturales, ni los problemas, cada vez más relevantes, desde el punto de vista de la seguridad alimentaria.
Entonces, es un momento donde el modelo se demuestra con muchísima crudeza, lo que hace que sea aún más contundente, es que el proyecto era aún peor.
Si uno mira los datos de la orientación económica que fueron presentados con mucha claridad cuando en el Parlamento de la República se discutió el Presupuesto Nacional, el pronóstico era, todavía, más crudo.
La orientación económica establecía que iba a haber una caída en el año donde afectó la pandemia pero se iba a recuperar rápidamente y que, después de esa recuperación, iba a existir crecimiento económico de manera sostenida. Y los datos de la orientación económica decían que en un escenario, para un quinquenio donde la economía va a crecer, los salarios ni siquiera van a recuperar el punto de partida que tenían en el 2019.
O sea, lo que no podemos negar es que existió, al mostrar las patas a la sota cuando se ubicó el proyecto económico, mucha sinceridad. Donde no existió sinceridad fue en la campaña electoral, porque, en el programa presentado a la ciudadanía se colocaba como un elemento sine qua non, un compromiso de campaña central, quizás de los principales de campaña por la propia desconfianza que el comportamiento de la conducción de derecha ha tenido sobre el salario de los trabajadores y trabajadoras, que era mantener el salario real y que los salarios crezcan acompañando el crecimiento de la economía.
Esto que no pasó en los 90, cuando la economía creció un tercio, en esa década, y los salarios no llegaron a crecer un 3%, en este período es todavía peor, el planteo es: la economía va a crecer y los salarios ni siquiera van a mantener su valor. Después de la recolección de firmas, del referéndum, de la marcha más importante en muchos años de los trabajadores de la educación, de un gigantesco 1ro de mayo, al menos, se alcanzó, en la negociación colectiva, que el deterioro no fuera tan profundo y que al final de período de gobierno, los salarios llegaran al nivel que tenían en el 2019.
Pero quita un elemento que es de una contundencia muy profunda; quienes nos prometieron los «cinco mejores años de nuestra vida» no están ofreciendo 60 meses donde cada uno de esos meses, la capacidad de compra de la familia trabajadora uruguaya es una capacidad de compra que se ve deteriorada. La capacidad de compra de la familia de los jubilados del Uruguay, es una capacidad de compra que se ve deteriorada, más aún, en el último tiempo, con impulso de la inflación, aumento de tarifas disfrazado vía no devolución de una parte de la recaudación del IVA en las tarjetas, vía modificación de las franjas del IRPF y el IAS, que le permiten a ese impuesto que, prometían en campaña eliminar, en el caso del IAS, recaudar más de 50 millones de dólares e ir pulverizando, una tras otra, las promesas electorales. La de los impuestos, la de las tarifas, la de los derechos de los trabajadores. Y no nos tiene que extrañar porque no se puede aplicar un modelo desigual si, simultáneamente, no se limita la capacidad de acción, la capacidad de respuesta, la capacidad de lucha de nuestro pueblo.
Por lo tanto, son momentos duros, difíciles. Difíciles para la inmensa mayoría del pueblo trabajador que está viviendo condiciones mucho más duras, más dramáticas que las que vivía hace un tiempo. Difíciles para los jubilados, difíciles para el pequeño y mediano comercio; difíciles por el deterioro que está sufriendo el sistema educativo.
Difíciles porque, además de todo esto, estamos viendo un fracaso muy rotundo con las cuestiones de seguridad. Pero que nos tienen que permitir, estos tiempos difíciles, lejos de elegir el camino de la resignación, elegir el camino de la reconstrucción de la esperanza.
La reconstrucción de la esperanza requiere programa, requiere propuestas, requiere iniciativa, requiere reivindicación, requiere unidad de las fuerzas sociales y políticas de nuestro pueblo y requiere coraje.
Estas columnas pretenden servir para eso, para incrementar el intercambio con nuestro pueblo y para que los tiempos que vienen sean tiempos donde se abra la esperanza.
¡Hasta la próxima semana!
Paola Beltrán
Leyenda de foto
El senador Oscar Andrade en el Parlamento. Foto: Mauricio Zina/ adhocFOTOS






















