El Senado, con los votos de los partidos de la coalición de derecha en el gobierno, dio media sanción a la reforma jubilatoria, sin argumentos y sin responder una sola de las numerosas y fundamentadas críticas en su contra.
El gobierno y el bloque de poder hicieron todo lo posible por descentrar el debate, por negar lo obvio, por sustituir hechos por relatos, pero no pudieron. Las provocaciones de senadoras y senadores del Partido Nacional hacia las barras y las chicanas menores en las intervenciones fueron la nota dominante por parte de la bancada oficialista.
La decisión de desalojar las barras el martes y de cercar el Parlamento con vallas el miércoles, mostraron, de manera muy gráfica, la idea de debate ciudadano que tiene el gobierno y la creciente debilidad política de este y sus iniciativas ante la sociedad.
La votación en el Senado es un paso muy importante, pero con ella no termina nada, sigue la discusión en Diputados, seguramente en los primeros meses del año que viene, y debe seguir el debate informado y masivo en toda la sociedad, barrio por barrio, esquina por esquina, casa por casa. Una vez más, el movimiento popular, con su organización y su militancia, debe asumir la tarea de que la sociedad toda debata un tema crucial como el futuro de la Seguridad Social, construyendo ciudadanía y densidad democrática donde el gobierno y el bloque de poder quieren colocar solamente eslóganes y operaciones de marketing.
La reforma jubilatoria impulsada por el gobierno de derecha es, en primer lugar, una grave y flagrante violación de un compromiso electoral del presidente Luis Lacalle Pou. En su campaña como candidato, Lacalle Pou se comprometió, públicamente, a que en caso de impulsar una reforma jubilatoria no se cambiarían las reglas de juego para las y los trabajadores en actividad y no se les aumentarían los años requeridos para acceder a la jubilación. La propuesta presentada por el propio Lacalle Pou e impulsada por todos los partidos de la coalición de derecha hace precisamente lo que dijo que no haría. Es un nuevo engaño, debe ser denunciado como tal y quienes votan esta reforma jubilatoria deben hacerse cargo de que están haciendo lo contrario a lo que dijeron que iban a hacer durante las elecciones.
Esta reforma jubilatoria va a tener como consecuencia que miles de trabajadores y trabajadoras, en especial los de más bajos ingresos, los que enfrentan mayor grado de informalidad, es decir las y los más pobres, las y los más vulnerables, tendrán más dificultades para acceder a una jubilación y muchos no podrán tenerla. Esto no es novedad, la anterior reforma jubilatoria neoliberal, la de 1996, con los mismos argumentos que la actual, el impacto demográfico y los problemas de financiamiento del sistema, endureció las condiciones para acceder a la jubilación y puso en peligro ese derecho para miles de uruguayas y uruguayos. Fue la reforma de 2008, impulsada por el Frente Amplio y luego de un Diálogo sobre Seguridad Social con toda la sociedad, con una serie de medidas que flexibilizaron el acceso a la jubilación, lo que logró que más de 100 mil uruguayas y uruguayos se jubilaran y se alcanzara una cobertura de 99% de los mayores de 65 años con jubilación. Ese formidable logro es lo que esta nueva reforma neoliberal vuelve a poner en peligro. La reforma jubilatoria impulsada por el gobierno de derecha, con media sanción del Senado, tendrá como efecto achicar la cobertura de la seguridad social, aunque digan que no, todas las proyecciones serias así lo determinan.
Otra variable de ajuste es sobre las pensiones por invalidez, que se recortan hasta en un 38%, o las pensiones por viudez, que también sufren una poda importante. Esta reforma jubilatoria para recortar gastos ajusta sobre las y los más vulnerables, las y los más pobres.
Como también ya se ha dicho, y es necesario reiterar, todas las veces que sea necesario, esta reforma jubilatoria amplía la incidencia del lucro en la seguridad social, agrandando el espacio de acción de las AFAP y haciendo obligatoria la afiliación a las mismas. Esta medida también afectará los ingresos del BPS, en el sentido contrario al que dicen aspirar.
Ya lo hemos dicho en editoriales de El Popular, lo sostuvieron con mucha claridad las organizaciones sociales en la Comisión Especial del Senado, particularmente el PIT-CNT y la ONAJPU, lo reiteraron con firmeza las y los senadores frenteamplistas en el debate: la principal consecuencia de esta reforma jubilatoria será que las y los trabajadores van a tener que trabajar más años, aportar más, para cobrar menos jubilación. Además, se carga todo el costo de la reforma y su transición en las y los trabajadores, no está prevista una sola medida para que las y los empresarios que ganaron mucho en este período aporten más o contribuyan de alguna manera, nada.
El debate en el Senado, por su forma y por su contenido, mostró con diáfana claridad los dos proyectos de país que están en pugna. Ese es, junto con poner en evidencia los verdaderos contenidos y los peligros de la reforma jubilatoria, el principal aporte de la discusión en estos días en el Senado.
Es que esta reforma jubilatoria es parte de la restauración conservadora, del modelo concentrador de la riqueza y el poder y por ello excluyente de las grandes mayorías, es parte del ajuste neoliberal, no se la puede ver al margen o como un hecho aislado.
El senador de la 1001 y el Frente Amplio, Oscar Andrade, muy activo en el debate, al final de su primera y documentada exposición, fundamentando por qué el Frente Amplio se opone a esta reforma jubilatoria impulsada por el gobierno de derecha, sostuvo: “Se ha dicho por ahí que el Frente Amplio tiene una estrategia de que la ley la vote el gobierno, pague el costo político y nosotros balconeemos la situación. Están equivocados, la estrategia del Frente Amplio es que no salga una ley profundamente antipopular, injusta, sin diálogo social y que liquida la cobertura de los trabajadores más pobres. Por lo tanto, vamos a denunciar los efectos de esta norma y vamos a polemizar. Y quienes eligieron polemizar poco, hoy hace 47 días que entró la ley en el Parlamento, entre el mundial y las fiestas, dieron un tiempo tan breve para votar un tema de tanta sensibilidad. Lejos de la consigna artiguista de que los más infelices serán los más privilegiados queda esta reforma jubilatoria”.
Ese es el gran desafío, organizar el debate en toda la sociedad, con argumentos, desnudando los efectos reales de esta reforma jubilatoria que piensa la seguridad social como un mercado de negocios y no como un instrumento fundamental para garantizar derechos y construir justicia social.
Hay que plantear este debate, en toda la sociedad, con decisión. El gobierno está en su peor momento en cuanto a opinión pública. Una encuesta de Equipos Consultores, conocida en estos días, reveló que el presidente Luis Lacalle Pou sigue perdiendo apoyo ciudadano y cayendo en los niveles de aprobación. Según la encuesta de Equipos, Lacalle Pou perdió 16 puntos, en el saldo entre aprobación y desaprobación desde octubre. Hace dos meses el presidente tenía +17 de saldo entre aprobación y desaprobación y termina el 2022 con +1. Esta caída se mantuvo en diciembre, a principios de mes Equipos hizo otra encuesta y Lacalle Pou tenía un saldo neto de +4, pocos días después, como dijimos quedó en +1. El estudio de Equipos establece que al finalizar el año un 39% aprueba el desempeño de Lacalle Pou y un 38% lo desaprueba, 22% ni aprueba ni desaprueba y 1% no opina.
El gobierno mantiene importantes resortes de poder, muchos y muy relevantes, el presidente sigue en su estrategia de fugar hacia adelante y profundizar la restauración conservadora, pero está pagando un costo político creciente en la sociedad.
El 2022 termina con el movimiento popular, el bloque político y social de los cambios movilizado y plantando cara al gobierno y al bloque de poder. Los desafíos del 2023 reclaman un nivel aún mayor de unidad, movilización y perspectiva.
Esto es así, pero, al terminar el año, tan intenso, tan cargado de lucha, es bueno y necesario incorporar a la síntesis, nuestra y a la de toda la sociedad, quién termina fuerte y movilizado y quién con debilidad creciente y sin respuestas claras. Es fundamental.
Foto de portada: Schiaffino























