Gonzalo Perera
Si hay un momento en la Historia en que aparece con nitidez en el escenario internacional una suerte de Internacional fascista, es éste. Partidos o movimientos políticos de ultraderecha con suertes electorales dispares, pero en todos los casos con presencia significativa, incidente y perturbadora, se despliegan en casi toda América, Europa, Asia, etc.
A nivel de nuestra región más cercana, so pretexto del culto a “la historia completa”, una suerte de versión reforzada de la teoría de los dos demonios que lleva a poner a inmundos terroristas de Estado como víctimas, ha ido persiguiendo objetivos diversos, pero coadyuvantes. Como liberar los “viejitos” ( presos por delitos de lesa humanidad, incluso en continua comisión, como la desaparición forzada), atacar a los fiscales o jueces que actúan correctamente en la materia y por ende piden condenar a los más abyectos criminales, como agraviar a las víctimas y organizaciones asociadas acusándolas de “currar”con los Derechos Humanos, o instalar una versión negacionista de las atrocidades del Plan Cóndor. Mucho de eso hemos tenido en Uruguay en este quinquenio, como lo hemos mencionado reiteradamente: reclamos por los presos de Domingo Arena, negacionismo histórico de hechos y culpas, y además falsificación de los procesos desarrollados durante largo tiempo para abrir paso al demonio fascista (con participación activa de algún teórico de la pseudohistoria), reivindicación apenas encubierta del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, etc.
En Brasil, Jair Bolsonaro reivindicó expresamente el golpe de 1964 y su negacionismo llegó al extremo de honrar a los terroristas de Estado. En la Argentina, tras las discusiones absurdas de su impresentable presidente sobre las cifras de desaparecidos, surge la figura de su vice, Victoria Villarruel, activa militante defensora de los Videla y especímenes similares. Pero además, por si eso no alcanzara, 6 diputados de “La Libertad Avanza”, el partido de gobierno, con aparente autoría intelectual de un grupo más amplio, cuyo cable llega claramente hasta Villarruel y su nexo con un sacerdote reivindicador de la dictadura, gestor de una fundación que involucraría al Opus Dei, se reunieron en “misión oficial “ en el penal de Ezeiza con los condenados por delitos de lesa humanidad. De esa reunión hubo fotos, en los que se ve a los diputados con bestias como Alfredo Astiz y “nuestro compatriota” Manuel Cordero. De esa reunión (gestada al menos desde marzo) los diputados se retiraron con una carpeta con ideas para un proyecto de ley que le permita a los genocidas gozar de prisión domiciliaria. Al comenzar a revelarse el escándalo, la diputada Lourdes Arrieta, integrante del sexteto visitante, intentó excusarse diciendo que ella había concurrido engañada, que no sabía nada sobre quién era Astiz, porque nació después de la dictadura, en 1993. El ser fascista y la condición de burro no siempre van de la mano, pero convengamos que a menudo se rozan las yemas de los dedos: con ese argumento, la diputada bien podría negar el descubrimiento de la penicilina, que San Martín cruzó los Andes o el surgimiento del cristianismo, hechos que se remontan mucho más lejos en el tiempo. Naturalmente, las fotos que la muestran en una sala de la prisión, en primera fila y sonriente, rodeada de tan “ilustres” allegados, hacen trizas esa delirante defensa.
El anecdotario podría llenar páginas y recorrer diversas latitudes, pero llega el punto en que uno debe preguntarse qué carta juegan en común todos los fascistas y defensores de genocidas del mundo. Lo primero que viene a la mente es la ausencia o fragilidad de la memoria colectiva de la sociedad. Sólo una comunidad con amnesia o memoria endeble y manipulable, puede “comprar” los enfermizos y delirantes relatos fascistas. Pero como detrás del fascismo está el poder del gran capital concentrado, el esfuerzo por lavar o debilitar las mentes cuenta con inmensos recursos, y por ende el esfuerzo de los pueblos por preservar fiel y lúcida su memoria es una tarea primordial.
El Uruguay no debería tener ningún mártir estudiantil, porque lacera el alma pensar que, por ser estudiante y rebelde, luchador por una sociedad distinta y más humana, se pueda segar tan violenta y tempranamente una vida. Pero los tenemos, son muchos, de distintas historias, pero todos y cada uno un pedazo mismo del corazón del pueblo. Y no fueron, son. Siempre en presente. Porque la lucha por el campo popular, anti-oligárquica y anti-imperialista que llevaron adelante, sigue hoy mucho más vigente que nunca.
Pero además porque su mera mención construye memoria y destruye mentiras y manipulaciones.
Como es sabido, el 14 de agosto es el día de los mártires estudiantiles en Uruguay, por la fecha del asesinato del primero de ellos, Líber Arce, el 14 de agosto de 1968. Detenerse en la fecha, automáticamente revela dos cosas. La primera es que casi exactamente un lustro antes del golpe de Estado de 1973, la represión más brutal y asesina ya estaba desatada, dejando en evidencia ese proceso previo de construcción del aparato represivo, al que el poder económico del Uruguay terminó entregando las llaves de la casa. La segunda, es constatar que cuando ese monstruoso aparato asesino y sediento de sangre se desató, aún no habían ocurrido las principales y más difundidas acciones de la insurgencia armada, dejando en evidencia que el único demonio que operó en nuestras tierras, el del fascismo, no precisó de ningún otro “colega”previo que lo invocara. El recuerdo de la muerte de Líber Arce en el Clínicas, a dos días de ser baleado a sangre fría en un acto de pacífica protesta estudiantil en las inmediaciones de la Facultad de Veterinaria, y la simple constatación de hechos y fechas, es, de por sí ,una clara evidencia de la forja del fascismo en ausencia completa de ningún “demonio”insurgente que le pudiera servir ni tan siquiera de pretexto.
Honrar a los mártires estudiantiles no es sólo el justo acto de memoria hacia todas y todos ellos, no es sólo el mostrar que sus banderas de entonces siguen siendo necesario portar hoy, sino que además es parte esencial de la crucial tarea de aclarar y fijar la memoria popular.
Pero además, en los últimos días, nuevos restos humanos aparecieron en el Batallón 14 de Toledo. Ya sabemos que es necesario esperar para que los restos puedan revelar su identidad. Que, como todos deseamos, es posible que lo sepamos en un par de meses, pero también sabemos que puede requerir mucho más tiempo y un titánico trabajo coordinado de muchas personas e instituciones. Pero vamos a saber su nombre, y será una parte más de memoria popular que se recupera, sacude y genera conciencia de que las desapariciones siguen cometiéndose cada día que todos los que saben algo ( haya sido cual haya sido su participación en los hechos), sigan ocultando la verdad. Esos restos recuerdan que el terrorismo de Estado no fue, es y sigue siendo cada día que no se sepa dónde está un solo detenido no desaparecido. Y frente a la franca complicidad del fascismo actual con el de entonces, como se ha dicho antes, la batalla por la clara conciencia de lo que realmente pasó y cómo pasó, es una batalla cultural mayor hoy.
Cada mártir estudiantil, en su dolorosa juventud y admirable entrega, es lo mejor de nuestro pueblo, y delata lo mucho por hacer y la real historia del fascismo en el país.
Para ellos , siempre en presente, luz del futuro….¡Honor y Gloria!























