Arturo Fleitas (*)
¡Hay tantas cosas para hablar que transcurrieron esta semana que pasó!
El 8 de octubre se cumplió un aniversario más del asesinato del Che Guevara en Bolivia. Se trata de una personalidad que tuvo una enorme importancia y muchísima influencia en todo el mundo, principalmente en Latinoamérica, incluso produjo cambios culturales muy importantes. Vaya nuestro homenaje al Che que se inmoló en Bolivia por sus ideas.
También fue el “Día del Teatro Latinoamericano”, ese teatro que ha hecho contribuciones fundamentales en todo el mundo.
Europa nos envidia, quisieran ser como Latinoamérica que ha hecho formidables aportes como la creación colectiva en Colombia, Venezuela, Ecuador y se extendió por todos lados. Ese fue el aporte fundamental de Colombia con sus grandes maestros como Enrique Buenaventura, Santiago García, Patricia Ariza, entre muchos otros.
Y en ese sentido en Uruguay no podemos ignorar la contribución de Atahualpa del Cioppo en lo que es el teatro latinoamericano que era un placer, un privilegio, estar en múltiples reuniones en los que se encontraban a discutir e intercambiar sobre las cosas que estaban ocurriendo en el teatro y en el mundo.
Una de las características del Teatro Latinoamericano fue que jamás se apartó de los más grandes anhelos y de las reivindicaciones de los pueblos latinoamericanos. Nuestro agradecimiento y nuestro homenaje al teatro latinoamericano.
El viernes 11 la Intendencia de Montevideo entregó el título de Ciudadano Ilustre a nuestro gran Levon, nuestro compañero y amigo. Levon es del escenario, hace un enorme trabajo en el escenario o en la clase como maestro, pero a veces sale corriendo cuando se le quiere hacer un homenaje o elogio.
Por otra parte, también el viernes la Junta Municipal hizo un homenaje al querido Teatro Circular. Días atrás se develó una placa de la memoria en la Sede del Teatro, por todo lo que había hecho el teatro Circular en la resistencia a la dictadura.
Hablemos un poco del “Circular” que es un tema realmente grato. En la época que yo estaba en la Escuela, Carlos Banchero, que era de El Galpón, me decía “anda al Circular a ver teatro porque es el mejor de Montevideo”. Y allá fui a esa especie de útero en el que se mete uno a compartir ese espacio con otra gente, bellísimo.
En esa función tuve la oportunidad de conocer a un jovencísimo Julio Calcagno que actuaba como si no le importaba nada, actuaba espléndido y como se dio cuenta que yo estaba y que lo estaba miraba mucho, el en medio de la función se dio el lujo de hacerme una guiñada.
Ahí quedé enamorado del Teatro El Circular. En aquel tiempo había cierta rivalidad artística entre el Circular y El Galpón, debo decir con toda honestidad que en esa rivalidad la ganó siempre el Circular, que nos dio obras de teatro inmensas, grandes puestas en escena como la de El Rey Lear, Doña Ramona, El coronel no tiene quien le escriba, solo por mencionar algunas pocas porque el Circular nos tenía acostumbrados a grandes éxitos.
Las obras de El Circular duraban años en cartel, diez, quince años, porque realmente el público iba a ver gran teatro comprometido con las causas de nuestro pueblo. Y ese compromiso, justamente, es el que ahora premia la Junta Departamental de la Intendencia de Montevideo en un reconocimiento que ha demorado demasiado.
Hasta ahora los homenajes los acaparó El Galpón por ser muy espectacular todo lo que pasó con el Galpón, pero quedarse en el territorio uruguayo y resistir a la dictadura fue también un acto heroico, el más generoso que ha realizado este grupo, el Teatro Circular.
Muchísimo le tiene que agradecer el teatro en general y el pueblo uruguayo al Circular por haber resistido todos esos años de dictadura, que lo hicieron teniendo el “censor” en sus propios ensayos. Nadie se puede imaginar ahora tener a un censor sentado y opinando sobre la obra como si fuera un integrante más. Ese asco tuvo que soportar el Teatro Circular y de todas formas se mantuvieron.
La dictadura nunca lo cerró, pero creo que fue por el precio tan alto que pagaron cerrando el Teatro El Galpón. Pero además el Teatro Circular produjo innovaciones en el lenguaje teatral que les permitía hacer y decir lo que no se podía hacer ni decir.
El Teatro El Galpón y el Circular siempre fueron hermanos, siempre desde el principio de la historia. Y cuando más se hermanaron fue cuando ilegalizaron el Galpón. En ese momento, el Circular, arriesgando su propia supervivencia, llamó y recogió a los alumnos de la Escuela de El Galpón, los llevó a su Escuela y los formó como si fueran propios.
Realmente no habrá vida para agradecer al Circular todo lo que ha hecho, y muchas vidas para agradecer su contribución al arte teatral, a la cultura del Uruguay.
Este año cumple setenta años el Teatro Circular, ya está viejito, pero es un viejito que tiene las articulaciones muy bien aceitadas porque sigue dándonos grandes muestras de teatro, y sigue dándonos muestra de compañerismo, humanidad y fraternidad.
A los compañeros del Teatro Circular nuestro homenaje y que sigan muchísimos años más y que las organizaciones empiecen a acordarse de este teatro que, silenciosamente y en chiquito, hizo lo que se tenía que hacer y más.
¡Gracias Teatro Circular!
(*) Actor, director y docente teatral / Columnista cultural del programa “Cultura en Casa” los miércoles por Radio Fénix.
Foto: socioespectacular.uy






















