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El antimperialismo como exigencia práctica

Por Gabriel Mazzarovich

Lo que va del 2026 fue un ejercicio práctico acelerado de la vigencia del antimperialismo, como concepto teórico central para analizar el mundo y lo que en él sucede, pero también, como definición política ante esa realidad y como exigencia práctica concreta.

La realidad, que debe ser siempre la prueba última de la verdad, ha saldado, de manera dramática, los debates sostenidos hasta hace pocos meses sobre la actualidad del concepto antimperialismo.

Vivimos en un mundo con el capitalismo, forma concreta e histórica de organización socioeconómica, en su fase imperialista, en crisis, que produce degradación ambiental, niveles de desigualdad inéditos en la historia y con una potencia imperialista, EEUU, en declive.

La historia enseña que las potencias imperialistas en declive aumentan su agresividad y peligrosidad, en particular con los países más cercanos, su zona de influencia. En esos momentos las potencias imperialistas abandonan cualquier forma de legalidad y recurren a la fuerza para mantener sus privilegios.

¿Hay otra forma mejor de caracterizar lo central de la situación del mundo y en particular la conducta de EEUU, sobre todo hacia nuestra América Latina? Sería interesante que se planteara.

No hay espacio en esta contratapa para abordar las múltiples dimensiones, económicas, financieras, ambientales, militares, geopolíticas, de la situación actual, pero además la intención es concentrarnos en el rasgo principal. Solo agregar una, fundamental, es la primera vez que con un imperialismo agresivo y en declive, la humanidad ha desarrollado la capacidad de destruirse y destruir el planeta, es decir, tenemos la amenaza nuclear.

Si hay algo que hay que asumir del imperialismo yanqui y su conducción actual, el régimen trumpista, es lo obscenamente explícitos que son. Antes había que esperar 50 años a que desclasificaran, aunque fuera parcialmente, sus documentos para confirmar lo que se denunciaba como las verdaderas motivaciones de sus acciones. Ahora no, el régimen trumpista publicó en noviembre de 2025 su denominada Estrategia de Seguridad Nacional, que fue ampliada por un documento de su Secretaria de Guerra (antes de Defensa y rebautizada por Donald Trump) en enero de 2026. Su lectura exime de mayores argumentaciones. EEUU se propone defender su hegemonía, para ello es central el poder militar, le asignan el presupuesto más grande de la historia y consideran a América Latina como su propiedad, tanto en términos de recursos naturales como de ubicaciones estratégicas y se plantean acceso a ellos y ellas irrestricto y completo. 

La citada Estrategia de Seguridad Nacional yanqui hasta establece una continuidad histórica en su conducta imperial, reivindica, a texto expreso, la Doctrina Monroe, basándose en la cual hace 200 años que EEUU ha protagonizado más de 100 invasiones, golpes de Estado y agresiones contra los países de América Latina. 

Esta Estratégica no implica una novedad, cada presidente de EEUU publica una al comenzar su mandato, incluso la de Joe Biden anterior ya establecía a China como la principal amenaza, hay un antecedente más lejano en el tiempo, pero más cercano a la concepción de Trump, los documentos de Santa Fe, preparados para Ronald Reagan en los años ochenta del siglo XX. 

Pero, además, por si lo escrito no alcanzara está la práctica. 

El 3 de enero, EEUU atacó Venezuela sin declaración de guerra previa. Usó en ese ataque brutal más de150 aviones y helicópteros, bombardeó con misiles, usó armas de interceptación electrónicas, de aturdimiento por sonido, destruyó edificios militares y civiles, secuestró al presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores y asesinó a más 100 personas, entre ellas 32 internacionalistas cubanos que, por pedido de Venezuela, integraban la guardia de Maduro.

El ataque de EEUU a Venezuela fue una acción criminal violatoria del Derecho Internacional, y como tal fue calificada por organismos especializados de la ONU e incluso declarada ilegal por el propio Congreso de EEUU.

Se puede decir cualquier cosa, de hecho, se han visto argumentaciones insólitas como la del senador Pedro Bordaberry en pleno Parlamento, pero la verdad es que no hay nada que justifique este ataque. Trump se ocupó de dejar claro que lo único que le interesa es el petróleo, de hecho, les avisó del ataque a las grandes petroleras, al Congreso no y en las declaraciones posteriores al ataque dijo 27 veces petróleo y nunca democracia. Esto hay que reafirmarlo una y mil veces para desmontar el falso planteo, Bordaberry lo dijo en el Parlamento, de que este ataque fue por la democracia y la libertad. También quedó claro que era una burda mentira la excusa de combatir el narcotráfico, argumento con el cual se justificó el despliegue de la flota de guerra más importante que en las últimas décadas haya visto nuestro continente frente a Venezuela y la ejecución extrajudicial de decenas de personas y el hundimiento de lanchas. Pocas horas después del secuestro de Maduro, la Justicia de EEUU reconoció que el Cartel de los Soles, que decían que él comandaba, no existe, nunca existió.

Dijimos ese día que el ataque a Venezuela era un peligro para toda América Latina y el Caribe, que violentaba la declaración de nuestro continente como zona de paz, realizada unánimemente por la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en el 2014. Nuestro continente era el único en el mundo que no tenía guerras en desarrollo, EEUU se ocupó el 3 de enero de que dejara de serlo.

En Uruguay la respuesta fue inmediata, el mismo 3 de enero hubo declaraciones de la cancillería, del PIT-CNT, de la Universidad de la República, del Frente Amplio, del Partido Comunista. La Intersocial, con el apoyo del Frente Amplio, convocó a una movilización, que fue muy importante en Montevideo y se realizó en 10 departamentos más. Ante la imposibilidad de que la CELAC se pronunciara, por la negativa de los países gobernados por la derecha, Uruguay firmó una declaración conjunta con Brasil, Chile, Colombia, México y España. El Parlamento, a través de su Comisión Permanente, también condenó el ataque, declaración apoyada solamente por los votos del FA.

En pleno enero se hicieron más acciones, el PCU pintó cientos de muros y repartió 100 mil volantes, en diálogo directo con nuestro pueblo. Realizó, además, un conmovedor homenaje a los 32 internacionalistas cubanos asesinados. El PIT-CNT, otras organizaciones sociales y el FA, realizaron una jornada de denuncia con expertos de derecho internacional en el Paraninfo de la Universidad de la República y al otro día una actividad en la Explanada con la participación de artistas. El FA decidió incorporar el antimperialismo como elemento central para la conmemoración de su 55 aniversario, recogiendo la definición incluso en la consigna.

Es necesario recordar todo lo que se hizo en enero. Es cierto que hubo declaraciones que no aportaron a esta perspectiva, del compañero presidente de la República, de la Cancillería y algunas otras. Es necesario dar el debate, franco, con fraternidad, pero sin rehuirlo, no se trata de una definición menor, es central, influye sobre el conjunto de la acción política a realizar, en el gobierno, en la lucha política, en la lucha social y en la ideológica, o cultural, como mejor se prefiera llamarla.

Porque además esto sigue. El régimen trumpista, a través de una orden ejecutiva, estableció un bloqueo total al acceso del petróleo a Cuba. Lo hizo bajo el argumento mentiroso de que Cuba representa un peligro “inusual y extraordinario” para EEUU. Personeros del régimen trumpista y figuras del exilio de Miami llegaron a hablar directamente de la anexión de Cuba. Lo cierto es que buscan rendir por hambre a Cuba, llevar a su pueblo hasta condiciones tan extremas que se quiebre. Levantar la solidaridad con Cuba es un imperativo ético, aunque más no fuera como respuesta a la inmensa solidaridad de la revolución cubana con todos los pueblos de nuestro continente. Pero también es un mecanismo de autodefensa, porque el siguiente puede ser cualquier país. De hecho, Trump ya ha amenazado a Colombia y a México, ha chantajeado a Brasil por la condena al golpista de Jair Bolsonaro, ha presionado y chantajeado a Panamá para hacerse con el control operativo del Canal y ha intervenido directamente en las elecciones en Hondura y de medio término en Argentina. Y, por supuesto, hay que incorporar a esta conducta imperial el apoyo absoluto al genocidio contra el pueblo palestino perpetrado por el gobierno de Israel.

Por eso hay que denunciar al imperialismo yanqui, por sus acciones contra nuestros países y también por la represión bestial contra su propio pueblo, en particular contra las y los migrantes con una persecución miserable, con las milicias fascistas disfrazadas de Policía Migratoria.

Hay que defender la paz, el respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, la no intervención. Hay que elevar la solidaridad con los pueblos agredidos. Hay que defender el derecho internacional contra lo que EEUU quiere imponer como nuevo orden internacional. Y para todo eso, hay que practicar, más firme que nunca, el antimperialismo.

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