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A un año del debate entre Andrade y Talvi

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El 13 de junio de 2019 confrontaron dos visiones del Uruguay del Mundo.

Hace exactamente un año, el 13 de junio de 2019, se realizó el primer debate entre precandidatos presidenciales en 25 años en el Uruguay. Lo protagonizaron el precandidato frenteamplista Oscar Andrade y el precandidato colorado Ernesto Talvi.


Se realizó en los estudios de Canal 4, en el programa Todas las Voces y lo moderó el periodista Daniel Castro.


Andrade y Talvi debatieron durante más de una hora y media, sobre la ideología, el mundo, la región, la economía, el conflicto capital-trabajo, el Estado, la educación, las políticas sociales.


El impacto en la ciudadanía fue enorme. Lo miraron en directo más de 500 mil personas y decenas de miles más lo hicieron después en las redes sociales.


Luego debatieron Carolina Cosse y Jorge Larrañaga, y dos veces Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou.


Compartimos con ustedes el editorial de la edición 468 de EL POPULAR sobre el debate y también un link donde pueden revivirlo completo.

Editorial 468 de El Popular: Sacudón a la campaña

El debate que protagonizaron el precandidato presidencial frenteamplista Oscar Andrade y el precandidato presidencial colorado Ernesto Talvi en Canal 4, sacudió la campaña electoral.
Fue por forma, contenido y repercusión en la sociedad, hasta ahora, el hecho político-comunicacional más importante de la campaña en curso.
La concreción del debate entre Andrade y Talvi, el primero en 25 años, el último había sido el de Tabaré Vázquez y Julio María Sanguinetti, moderado por Jorge Brovetto, no fue una tarea fácil y constituyó una apuesta política, por parte de los candidatos, y comunicacional, por parte de Canal 4 y el periodista Daniel Castro, de gran audacia.
Tuvo que romper varios mitos, entre los principales esgrimidos en los días previos, hubo cuatro: 1) La política no interesa a nadie, nadie lo va a ver. 2) En las elecciones internas no sirve de nada un debate entre candidatos de partidos distintos, solo importa debatir hacia adentro. 3) Va a abonar en la tendencia a transformar la política en un espectáculo, va a ser un circo. 4) Lo que importa ahora son las redes sociales, ahí se juega el partido, los medios tradicionales no importan, no inciden.
La vida respondió, y con claridad, a esos cuatro cuestionamientos.
El solo hecho de realizarlo les dio, a Andrade y a Talvi, un plus. Dos candidatos situados en las antípodas ideológicas, y hasta vitales, aceptaron el desafío de expresarlas con respeto, por ellos y por la ciudadanía que los estaba viendo.
En una campaña dominada por el marketing, el vértigo de las redes, el peligro de las fake news y la irrupción de figuras, populistas de derecha, como Juan Sartori, Edgardo Novick y Guido Manini Ríos, que niegan la ideología y se reivindican como anti política, Andrade y Talvi apostaron a recuperar la centralidad de las ideas en la política.
Se concentraron en los problemas centrales del mundo y del país, no eludieron ningún tema, y expresaron, con respeto, pero sin guardarse nada, sus concepciones sobre el mundo, la región, el estado, el conflicto capital-trabajo, la economía, las políticas sociales, Venezuela, Cuba, Chile, pero también Honduras, Colombia, Paraguay, Brasil, Argentina, expusieron los programas, Andrade el del Frente Amplio y Talvi, la parte que le toca, del abigarrado y heterogéneo panorama de la oposición y la derecha.
Izquierda y derecha. Dos proyectos de país, claramente explicitados, el Frente Amplio proponiendo el combate a la desigualdad como centro y como condición del desarrollo y una de las figuras emergentes de la derecha planteando la restauración.
Ese es, en realidad, el centro político de esta campaña electoral hacia octubre, y el debate ayudó, y no poco, a dejarlo establecido negro sobre blanco.
Pero todo eso podía haber pasado y la ciudadanía, nuestro pueblo, podría no haberse dado por enterado. Podrían haberse cumplido los pronósticos de que el desinterés por la política, la apatía, es tal, que nada llega, que hay que apelar al amarillismo y a la demagogia o no hay impacto.
Pero resulta que no. El debate de Andrade y Talvi tuvo una repercusión social que superó todas las expectativas.
Fue el programa más visto del día, superó a todos los informativos sumados e incluso superó en audiencia al imbatible Master Chef, programa de entretenimiento que iba a la misma hora. Se estima que lo vieron cerca de 500 mil personas en directo, sumando la TV abierta, en Montevideo y el interior del país, los cables y las emisiones en vivo en Facebook, que hicieron ambas campañas.
Y eso solo en la emisión misma del debate por Canal 4, hay que agregarle la cobertura antes, durante y después de todos los medios escritos, la mayoría de los radiales, los portales de noticias e incluso los otros canales de televisión. Fue tema de debate obligado durante días en todos ellos.
Las redes sociales, ese universo paralelo que se supone separado por un abismo de la política centrada en ideas y no en la espectacularidad del marketing, tuvieron un impacto similar. En Twitter fue tendencia a nivel nacional, claramente, despegado del resto. Hubo más de 6 millones de impresiones de Twitter referidos al debate. Incluso, durante 30 minutos, estuvo entre las principales tendencias mundiales, tal fue el interés que despertó en las uruguayas y uruguayos.
Lo dicho anteriormente alcanzaría para dar una dimensión de lo que generó este debate.
Sin embargo lo más importante fue que provocó que las uruguayas y uruguayos se juntaran a ver un debate político. Se juntaran en locales partidarios, en bares, en clubes deportivos, en casas de familia, para ver y discutir política. Por miles, en todo el país, los ejemplos son innumerables. Eso, sin dudas, fue el logro fundamental.
Cuando se aquilata la dimensión del impacto político y comunicacional generado, obligatoriamente pasan a un segundo plano las consideraciones de quien ganó y quien perdió.
Ocurre que la política se parece más a una partida de ajedrez que a una de damas. Tiene una complejidad mayor, distintos niveles de acción, requiere firmeza estratégica, para empezar tener una estrategia, y también audacia y flexibilidad táctica.
La gente, nuestro pueblo, en su cabeza y su corazón, es quien define quien ganó y quien perdió.
No obstante ello hay algunas constataciones imprescindibles de realizar.
Todas y todos los frenteamplistas quedaron entusiasmados. Para empezar, antes y después del debate, Carolina Cosse, Daniel Martínez y Mario Bergara expresaron su respaldo a Andrade y dijeron sentirse representados. Y durante la realización del debate, y sobre todo después, de mil formas, con mensajes telefónicos, con abrazos, con mensajes en las redes sociales, miles de frenteamplistas, de todo el país, expresaron su alegría, si, alegría, por el desempeño de Andrade.
Eso vale más que cualquier consideración o análisis.
Eso vale lo que pesa en oro. Es el valor de la unidad, de la identidad común, el reconocimiento a un compañero que se siente y se quiere como tal.
Andrade le hizo bien al Frente Amplio, a las y los militantes frenteamplistas, y eso tiene una importancia superior, muy superior, a cualquier cálculo sobre la interna.
El politólogo Gabriel Delacoste, en un breve texto que circuló luego del debate, entre otros conceptos dijo: “Andrade debatió con Talvi. Son los candidatos más ideológicamente coherentes del Frente Amplio y la derecha respectivamente. Era muy importante que alguien dejara bien claro que Talvi (pichón del ultra neoliberal Ramón Díaz), a pesar de mostrarse como progresista, es bien de derecha, y eso quedó bien establecido”.
Los debates no ganan elecciones. Las elecciones se ganan si se logra una síntesis política e ideológica a favor de la perspectiva popular en miles, se ganan con Programa, se ganan con militancia, organizando a miles para convencer a miles.
Pero lograr un acontecimiento político de la dimensión del que hablamos, que rompe las burbujas de aislamiento para el mensaje de izquierda, que coloca el eje en el enfrentamiento entre dos proyectos de país, que proyecta al Frente Amplio y entusiasma a las y los frenteamplistas, y que también, y en no poca medida, le da mucha mayor potencia a la candidatura de Andrade, contribuye a esas tareas.
De todo lo dicho en esa hora ante una audiencia de cientos de miles de personas, rescatamos dos frases de Oscar Andrade.
La primera, que marcó el rumbo de la discusión: “Ni el publicista más esmerado de los sectores de la oposición puede ocultar algunos cambios que han sido sustanciales. Alcanza con mirar el Uruguay, previo al 2004, antes de los gobiernos del Frente Amplio, un Uruguay con desigualdades brutales”.
Y con la última de su mensaje final: “El Uruguay que se viene tiene que ser un Uruguay que profundice en las relaciones humanas, que profundice las relaciones de solidaridad, que profundice los espacios de encuentro. Estamos en un momento difícil para la región y difícil para el Uruguay, más que nunca hay que buscar caminos que permitan pensar juntos, que permitan construir puentes y que permitan avanzar, con una línea central, esa que nos legaba Artigas: Qué los más infelices estén primero; que los más infelices sean los más privilegiados. A eso convocamos el último domingo de octubre: A votar contra las desigualdades”.

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