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Allende

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Por Gastón Silva.

Los lentes sin una patilla en el piso, debajo de tus piernas abiertas, sobre el polvo y la sangre.
Afuera todo el fuego, el escombro y el miedo.
Te mataron o te mataste para no darles el gusto. No importa, estás muerto y bien muerto, dignamente muerto, de pie, ni de viejo, ni de cobarde, ni de transa. Desde ese setiembre gris, perteneces al lugar del universo donde solo descansan las mujeres y hombres buenos.
Con tus aciertos y errores, con tus avances y retrocesos, con tu claridad y tu confusión, con tu tierra y tu cielo, allá en Chile, como antes, otros, en algún lugar del mundo.
Las botas manchan las baldosas con huellas de sangre, los uniformes y los discursos al toque de clarines, las cadenas de radio y televisión, la fiesta de los oligarcas, terratenientes y explotadores, de los patrones de los soldados. La casta rancia de la aristocracia, saluda desde Las Condes tu muerte, sin suponer que las grandes alamedas se abrirían mas temprano que tarde, y ellos morirían en el olvido y la opulencia obscena, que no les sirvió para no morirse como todos, mientras vos seguís vivito y coleando.
Pocos ejemplos van quedando de esos para mostrar el rostro humano y digno de las personas, poco recuerdo de esa verdadera heroicidad y no de los héroes de Hollywood, si no de los de nuestra América, acá cerquita.
En este país ninguna autoridad o jerarca u organismo o diario de circulación nacional, recordó y condenó tu muerte y ese golpe de Estado, hasta el momento por lo menos.
Y eso está muy bien, porque sigue mostrando, donde están unos y donde estamos otros. Hay cuestiones que no tienen puentes, ni medias tintas, son de humanidad, no de correlaciones y cálculos políticos o electorales, que militan por intereses y no por principios.
Te envolvieron en un cortinado para sacarte por la calle Morande 80, por donde habías entrado unas horas antes. Alguien recogió tus lentes al pie del sofá y los guardo. Miles recogieron y llevan tus pedacitos, para que tanta sangre riegue siempre primaveras, hasta el fin de los tiempos, donde los más infelices sean los más privilegiados.

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