Compañero presidente

La muerte del compañero Tabaré Vázquez, Tabaré, como le dijimos y le seguiremos diciendo, conmovió profundamente a nuestro pueblo y el impacto se sintió en buena parte del mundo. De esa dimensión es lo que ocurrió.

Las expresiones de dolor y agradecimiento, mezcladas, se hicieron un torrente, tuvieron múltiples manifestaciones, pero la más valiosa y definitoria, sin dudas, fue la que mostraron miles y miles de personas, que de mil maneras, hicieron sentir su cariño, su respeto, su apoyo.

Tabaré es una de las grandes personalidades de la historia nacional, y lo es por muchos motivos, pero el domingo se manifestó el más importante: el cariño profundo de gran parte de su pueblo.

No es común, ni lo será, que un presidente sea despedido por tales muestras de adhesión popular.

Las crónicas de todos los medios importantes internacionales lo destacaron con asombro.

Sin embargo, no fue una sorpresa. Porque ese cariño y reconocimiento las y los frenteamplistas, y buena parte del pueblo uruguayo aún sin serlo, se lo demostraron en vida, y no una vez sino en múltiples ocasiones.

Tabaré reunió características personales y una trayectoria de vida que llevaron a que eso sea así.

Nacido en un barrio obrero de Montevideo, La Teja, de una familia trabajadora, con un abuelo obrero de la construcción, un padre trabajador vinculado a ANCAP, supo desde niño lo que es pelearla. Ese origen lo marcó para toda la vida, no solo no renunció nunca a él, más bien era su referencia principal, y en él se refugiaba y fortalecía cuando las cosas se ponían difíciles.

Trabajando desde muy joven hizo todos sus estudios, la escuela, el liceo y la Universidad en la educación pública, se graduó de médico, luego se especializó en Oncología y llegó a ser uno de los oncólogos más respetados del mundo y catedrático Grado 5 en la UDELAR. Esa formación científica también lo marcó, se dejaba notar en su rigurosidad para analizar y estudiar los problemas, trazar una ruta de solución, fundamentarla y llevarla a la práctica.

Su compromiso social fue otra característica permanente en su vida. Hizo de la solidaridad una conducta concreta, en la policlínica del Club Arbolito en La Teja, atendiendo a los más humildes, en la obra hacia el barrio y la gente cuando fue presidente de Progreso, ese cuadro humilde que bajo su conducción consiguió la hazaña de ser campeón uruguayo.

Tabaré fue un hombre de amistades duraderas y muy firmes y junto con su compañera de toda la vida, Mary, construyó una familia de cuatro hijos y nietas y nietos, que era otra de sus referencias claves y anclajes.

Y, además, y en medio de todo eso hizo política y adquirió una relevancia histórica. Militó en el Partido Socialista y en el Frente Amplio. En La Teja siempre fue conocido y también en el Cerro y en los barrios más pobres que los circundan. Pero se proyectó públicamente a partir de su participación en la Comisión Nacional Pro Referéndum, en la campaña del Voto Verde contra la Ley de Impunidad.

Tanto fue así que unos meses después del Referéndum fue el candidato único del Frente Amplio a la Intendencia de Montevideo. Y fue el primer intendente de izquierda de la historia del Uruguay. Y luego fue dos veces candidato a la presidencia de la República en 1994 y 1999, por el Frente Amplio y el Encuentro Progresista. En el medio fue presidente del Frente Amplio y también del Encuentro Progresista; encabezó la pelea contra la Reforma de la Constitución que instituyó el balotaje, que perdimos por un puñado de votos; jugó un papel central en la campaña del referéndum para defender ANCAP, que ganamos; y en 2004, su candidatura presidencial apoyada por el Frente Amplio, el Encuentro Progresista y la Nueva Mayoría, logró el primer triunfo nacional de la izquierda luego de 175 años de hegemonía blanca y colorada, salpicada de dictaduras, todas de derecha. En 2014, con el Encuentro Progresista y la Nueva Mayoría, ya sintetizados en el Frente Amplio, fue electo nuevamente presidente de la República.

No son muchos los uruguayos que fueron dos veces presidentes de la República, de izquierda, sólo Tabaré. Pero, además, fue el único que ganó en primera vuelta desde que hay balotaje. Con su aporte el Frente Amplio superó el 50% en Montevideo y se transformó desde 1999, es decir desde hace 21 años y 5 elecciones, en la primera fuerza política del país. Con el Frente Amplio y la lucha popular, Tabaré ayudó a derrotar el principal mecanismo de hegemonía política de las clases dominantes en nuestro país: el bipartidismo, que funcionó con mucha eficiencia casi dos siglos.

¿Esto se debe solo a Tabaré? Por supuesto que no, es fruto de la acumulación histórica de las luchas populares y de la unidad política y social del pueblo y la izquierda. Tabaré siempre reivindicó al Frente Amplio y lo definió como “el mejor proyecto político para que las y los uruguayos vivan mejor”. No hay forma de explicar el impacto en la sociedad uruguaya de Tabaré sin el Frente Amplio Y tampoco hay forma de explicar el crecimiento del Frente Amplio, reiteramos expresión política de la acumulación de fuerzas colectiva del pueblo uruguayo, sin el aporte de Tabaré.

Los gobiernos frenteamplistas que encabezó, a nivel municipal y nacional, fueron gobiernos de cambio, con el programa del Frente Amplio y con la impronta personal de Tabaré.

En la Intendencia la creación de los centros comunales y la concreción de la descentralización, las policlínicas barriales, la prioridad para las demandas y necesidades sociales, el boleto estudiantil gratuito, el ingreso por concurso y terminar con el clientelismo, el gobernar pegado a la gente, fueron sus cartas de presentación.

En el 2004, su candidatura ayudó a que el Frente Amplio fuera la esperanza popular para salir de una de las peores crisis de la historia. Su histórico discurso del 1º de marzo de 2005, esperado en una vigilia multitudinaria y con un marco de miles de banderas uruguayas y frenteamplistas, anunció el Plan de Emergencia y la lucha contra la pobreza y la marginación como un centro, la búsqueda de la igualdad; la reinstalación de los Consejos de Salarios, y su concreción por primera vez para trabajadores rurales y trabajadoras domésticas; la reforma de la salud y la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud; la Reforma Tributaria, para que pague más quien tiene más; el impulso a la descentralización en todo el país; el boleto estudiantil gratuito, primero metropolitano y luego nacional; el ingreso por concurso en el Estado; la cancelación de la deuda con el FMI y que por primera vez en más de 60 años Uruguay no estuviera condicionado por el Fondo; el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba y la entrada a los cuarteles para buscar a nuestras y nuestros desaparecidos.

El gran desafío era levantar al Uruguay de la debacle a la que lo había llevado el neoliberalismo y los gobiernos de coalición blancos y colorados. Ese día dijo una frase que quedó grabada a fuego y marcó la impronta de lo que vendría en los gobiernos del FA: “Los pobres no son objeto de caridad, son sujetos de derecho”.

Y la inmensa mayoría de eso se concretó. Es por eso el cariño y el respeto del pueblo uruguayo, tan bien sintetizados en un cartel que una compañera envuelta en una bandera del FA sostenía el domingo: “Te dimos sueños y nos devolviste realidades”.

De Tabaré dijeron que era un outsider de la política, que era un peligro, un radical incapaz de gobernar que iba a destruir al Uruguay, lo acusaron de demagogo, de superficial, de autoritario y de falto de liderazgo al mismo tiempo, luego pasó a ser un moderado que quería domesticar al Frente Amplio o un dirigente político muy respetable que tenía el defecto de ser frenteamplista.

Nada de eso es cierto. Tabaré fue frenteamplista siempre. Como dijimos presidió la fuerza política unitaria de izquierda, pero además luego de dejar la presidencia se integró a su Comité Cuaró, dio charlas en Comités de Base y destacó el papel de estos para el futuro de la lucha por librar.

El Frente Amplio, y Tabaré con él, primero en la Intendencia y luego en el gobierno nacional demostraron que pueden gobernar y que pueden desde el gobierno transformar en un sentido popular el país, no sólo respetando la democracia, sino dándole sustento y fuerza, construyendo libertad e igualdad.

Esto no es un panegírico, no lo merece Tabaré y no lo merece nuestro pueblo y su cariño por él, en esa lucha por transformar la realidad hubo contradicciones, diferencias, algunas de ellas grandes.

Las hemos expresado públicamente en estas páginas y las hemos debatido. Son parte de la forja contradictoria del cambio social.

Pero ninguna diferencia, ni la más grande, puede opacar ni un pedacito, el reconocimiento al inmenso aporte de Tabaré al avance de nuestro pueblo en la transformación del Uruguay.

Y eso es patrimonio de miles, el domingo quedó demostrado donde vale, en la calle, de cara al viento. Eso es lo que merece respeto y admiración. Los rostros bañados de lágrimas de viejos, jóvenes, hombres y mujeres de pueblo, que fueron a despedir a un compañero, a uno de los suyos, a quien le habían confiado sus sueños, nada más y nada menos.

Tabaré y el Frente Amplio están unidos a los mejores momentos políticos y a las alegrías más grandes de cientos de miles de uruguayas y uruguayos en estos últimos 30 años largos.
La alegría de luchar y transformar la realidad. La alegría de militar juntos.

Eso se expresó con fuerza formidable en la despedida que su pueblo le tributó a Tabaré este domingo.

Porque todas y todos sabemos que nos dijo al asumir por primera vez el gobierno nacional: “¡Ustedes tienen un compañero Presidente!”.

Por eso fuimos con lágrimas en los ojos y con todas las banderas desplegadas, por eso aplaudimos y cantamos Defender la Alegría, por eso dos compañeros que cuidan coches en una feria de Colonia Nicolich pusieron un cartel el domingo que decía: “Gracias Tabaré”, por eso la nieta de Tabaré reprodujo en el último momento el gesto que vio realizar a miles en las calles y levantó su puño emocionada.

Por eso, porque fuiste y serás siempre nuestro compañero presidente.

¡Hasta la victoria siempre, Tabaré!