«Dar una nueva mirada a las cosas de siempre»

Entrevista al escritor argentino Lucas Bruno.

Santiago Manssino

Lucas Bruno es un joven escritor argentino nacido en 1987. Publicó en 2020 Cuentos para leer ayer y este año salió a la luz su segundo libro de relatos Se juntan en la plaza. Libro intenso, lleno de humanidad, donde se presenta el otro lado de las cosas. Con este motivo y por la presentación del libro el 9 de diciembre en Montevideo, EL POPULAR charló con el autor para conocer más sobre su obra

– Bueno Lucas, en primer lugar, cómo surge en vos la vocación de escribir relatos, esa pasión por contar historias.

La pasión por relatar, por escribir, creo que nace desde la primera lectura, desde la primera lectura consciente de un buen libro, porque significa cómo me impactó a mí la lectura y cómo creí poder hacerlo en un futuro. Yo tenía en ese momento, cuando leí El Hobbit como primer libro polenta, 12 años, y digo «bueno, esto se puede hacer» por supuesto no comparándome ni poniéndome a la altura, pero qué bueno poder decir en palabras. Creo que esa pasión nace ahí, con la buena lectura y si es temprana mejor.

– Sí, una buena lectura siempre enriquece y es ejemplo. En ese sentido cuáles creés que fueron los autores, me mencionaste El Hobbit recién, los libros o autores que te marcaron o que inclusive considerás como influencia o referentes.

– Como influencia o referentes ahora más de grande, más como oficio de escritor, bien puntualmente, Leopoldo Marechal, Leopoldo Lugones y Bradbury.
Y cualquier clásico, el Quijote, Shakespeare, los grandes clásicos y sobre todo los grandes poetas, el Siglo de Oro español me parece que es una referencia muy muy fuerte. Porque la claridad del mensaje, la claridad de la alegría de la literatura, alegría de saber escribir, de saber decir, de saber comunicar, eso lo tienen los grandes poetas, Baudelaire, por ejemplo la poesía de Edgar Allan Poe, son muchos los referentes. Ahora de escritor grande, con oficio, quizás Marechal y Lugones, porque soy muy argentino, pero cualquier gran escritor, Bradbury también.

– Bueno, Leopoldo Marechal tiene Adán Buenosayires que es un libro muy importante en la literatura Latinoamérica.

– Ciertamente. Después en cuanto al relato vuelvo con narradores, quizás Cortázar y Borges sean como referentes del cuento, del relato, son también muy importantes en mi influencia como escritor.

– Te iba a preguntar justo por Borges y tu relación con él, en el epílogo del libro lo mencionás, te referís al Libro de Arena. Se sabe que Borges en el Río de la Plata es ineludible. La pregunta es si es demasiada pesada la influencia de Borges o es algo que se puede manejar.

– Borges tiene un algo de inexplicable que es el carácter de inalcanzable, por su erudición, por su manera de decir las cosas, pero tiene algo también de cotidiano.
Es tan Argentino y tiene esa cuota de ficción,
de lo fantástico. Borges es como un caso aparte, puede ser pesado justamente por esa erudición, por esa sabiduría que tenía, que me parece que es inimitable y sería un error querer imitarlo, pero es ineludible por su riqueza, por su obra profusa, digamos.

– Se juntan en la plaza es tu segundo libro de relatos. El primero es Cuentos para leer ayer, de 2020. Qué diferencias en el proceso de los dos libros encontraste o son libros similares, que vos considerás que van en una misma línea.

– Son similares en cuanto al estilo, obviamente el autor es el mismo, soy yo. La diferencia, quizás, es la siguiente, que la descubrí un tiempo después releyéndolos; lo que pretende profundidad en el primero, lo que pretende esa cuota de alejarse, de esa tensión a lo eterno, a lo más profundo, en el segundo está más explícito. En el primero esto está más encriptado; en el segundo es «mirá, ahora en esta parte del relato te voy a contar qué es lo que te quiero decir, aunque te esté contando otra cosa lo que te quiero decir es esto». Es más explícito, es más claro. Los dos libros pretenden esa profundidad, ese mensaje paralelo a lo que se está contando, a lo que se está narrando, en el segundo es más explícito.

– Leyendo el libro en primer lugar llama la atención la inscripción de lo cotidiano y su relación con una vuelta, con otra forma de ver las cosas. Eso cómo lo trabajas.

– Sale de un modo natural. No podemos escapar a las cosas que nos pasan todos los días. Cuál es el desafío, cuál es la riqueza de poder escribirlo: es contarle al lector, hacerlo partícipe de cómo me afecta a mí lo que veo, las cosas que me suceden, al ver un hecho tan simple como la caída de una hoja de un árbol, por ejemplo. Entonces, el desafío es contarles a los lectores que me pasan las mismas cosas que a cualquiera y te ofrezco, además, estos nuevos colores para tu día a día.
Es inevitable lo cotidiano, sin cosas que nos pasan a todos, tomarse un colectivo, comer, jugar al fútbol. Bueno, a eso ahora agregale esta vueltita más y ese es el desafío desde el libro, aunque se trate de un cuento fantástico, que los hay, hay tres o cuatro de los doce en el segundo libro. Esa cuota fantástica es propia de la literatura, es propia de un vuelo literario que le puede suceder a cualquier lector.

– Sí, uno de los cuentos fantásticos es “La colgada” que parte desde un partido de fútbol de barrio hacia lo fantástico para transmitir nostalgia y la hermandad de las generaciones. Otra cosa que se ve en los relatos es el trato de los personajes con cierta calidez y humanismo, en el sentido de piedad por los personajes, por lo que les sucede, de cierta compasión. Cómo tratas a tus personajes en ese sentido.

– Los personajes de mis cuentos son personajes que conocemos, que vemos todos los días, cualquier expresión artística si se escapa de lo humano deja de ser real, deja de ser compartible. Los quiero muchísimo. A mí me encantaría conocerlos en persona, son súper entrañables, pueden ser nuestro hijo, nuestro papá. cualquier personaje y esa cuota de humanidad, esa calidez que tienen es justamente porque lo que pasa en los relatos, o nos pasó en algún momento, o nos va a pasar, o nos puede suceder y ahí está la cercanía. Por más de que sea una historia que nunca nos suceda, pero es posible que nos pueda pasar, es muy posible que suceda lo que suceda en mi libro. Y de ahí esa calidez que vos decís, porque es súper humano.

– Esa piedad en algunos pasajes me recordó a Juan Carlos Onetti.

– Onetti es de mis autores favoritos. Lo que tiene Onetti es esa tristeza tan encarnada, esa desesperación, él le llama desgracia. Es esa miseria tan vívida, uno lee Dostoievski también, y llega a conocer la miseria de los personajes. Onetti me marcó mucho en el segundo libro, sobre todo en el primer cuento, en “La primera novia” que habla de una desolación que no tiene justificación, una soledad tan cruda, pero es eso, es el conocimiento del hombre en la Tierra en su día a día.

– Claro, la diferencia es que en tus cuentos siempre encontré que, si bien algunos narran situaciones complejas para los protagonistas, hay una cuestión de esperanza siempre.

– Sí, porque siempre mientras vivamos podemos ser rescatados de cualquier cosa por un camino más difícil o no, pero siempre hay una esperanza. Se puede encontrar en algún suceso o en alguna persona, por lo general es una persona. Pero siempre hay una posibilidad de rescate.

– Yendo a lo más formal, en el libro se trabajan los puntos de vista, hay varios cuentos donde ciertos tramos son contados desde las diferentes ópticas de los personajes. Cómo vos trabajas ese juego de las visiones diferentes, de las perspectivas diferentes.

– Esa perspectiva que vos decís es super interesante trabajarla en la narración porque no excluye al lector. Es bueno que el narrador sea omnisciente porque cuenta un conocimiento total, ahora cuando cambia el narrador, aunque sea por un párrafo, desde lo que está pasando por la cabeza del personaje, uno se mete mucho más en la historia, empieza a sentir como siente el personaje y no simplemente como un espectador, empieza a ser parte viva del relato y eso me parece súper interesante y eso lo trabaje mucho más en el segundo libro que en el primero, ciertamente.

– Entonces vos trabajas para para que el lector también construya el relato.

– Por supuesto, como cualquier obra artística, el producto artístico, la obra, no termina en el autor, es un juego entre los tres, entre el relato, el autor y el lector. Es un diálogo lindísimo.

– Hablando de eso hay dos cuentos, “Se juntan en la plaza” y “Fin de acto” donde hay una reflexión sobre el hecho artístico, sobre el propio arte, en el segundo vos decís lo siguiente: “Dar al espectador una nueva mirada a las cosas que siempre han sucedido, presentar otros rasgos de la belleza, contar historias que nunca habían sido escuchadas, hacerse uno con quien aplaude al fin del acto. al fin de la función”.
Esto lo dice uno de los personajes, el autor de la obra de teatro que se narra en el cuento, pero se lee también cómo tu objetivo final.

– Ahí le estoy hablando yo al lector directamente te, le estoy diciendo «compartamos este momento y agregémosle para que sea más rica la experiencia de las cosas que nos pasan, yo autor, vos lector y el personaje, compartamos esto y vivámoslo de una manera mucho más profunda, más intensa, entendámosla mejor, la realidad, la realidad de las cosas, parece filosófico y lo es realmente.

– Pongamos un objeto verbal en el mundo para embellecerlo y verlo de otra manera, ver realidades que ahora no vemos.

– Exactamente. Eso pasa por ejemplo en la lectura de los poetas, por ejemplo, Bernárdez, un poeta que era cuñado de Cortázar, escuchaba la lluvia y después de leer lo que escribe sobre la lluvia, uno no puede escuchar la lluvia de la misma manera que antes.
Con Bernárdez escuchamos la lluvia de otra manera, o escuchamos el canto del ruiseñor de otra manera y ahí está la cosa, ahí está la cosa. Es la contemplación de la realidad cada vez más profunda. Comprendemos la belleza de las cosas desde las palabras que nos dieron los poetas, sobre todo los buenos.

– En el libro la mayoría son cuentos realistas, y también hay algunos fantásticos o al menos con elementos fantásticos. Hay un relato en particular que es «Carta a la a la mujer hermosa», donde te metes con un tema difícil que es el de la adicción, que aparte está muy bien presentado porque al comienzo del relato el lector no se imagina que se está hablando de algo relacionado con esa temática.. Me gustaría que profundices un poco en la idea de ese cuento y por qué tomás este tema.

– Bien, es un tema que está en germen en el primer libro, en uno de los relatos que habla de otra adicción, porque me parece sumamente humano, y se termina de entender en el cuento que le sigue que es «La promesa», como bien dice el epílogo, no se pueden separar esos cuentos.
Es una cuestión que, en cuanto a adicciones, no quiero tocar el tema en particular, sino más en general, que ya lo hablaba Lewis en El Gran divorcio, no importa cuál sea la adicción, sino cómo al hombre lo puede acompañar toda su vida y el desafío está justamente en eso, en saber combatirlo, saber que puede estar presente toda la vida y por eso lo quise hacer bien crudo y de algún modo escondido hasta el último párrafo, porque es real, es presente, no hay por qué taparlo. Sacando el caso, cuál sea la la adicción o el problema, es un problema que es real, que es vivo, que es cada vez más presente incluso en la sociedad e insisto, se completa el concepto con el cuento siguiente, es un mensaje completo en los dos cuentos no hay que quedarse ni con uno ni con el otro.

– Sí, en el epílogo vos explícitas que los cuentos están de alguna manera concatenados y todo el libro tiene una misma línea. Una línea conductora.

– Una misma alma. Fíjate que hay cuentos que repiten imágenes como al pasar, como si fuera un detalle que no tiene significado, detalles de colores, detalles de alguna calle, de alguna cosa que sucede que se repite en otro cuento, y que se repite a la vez, por ejemplo en «Llegará el día» se nombran dos colores que son los mismos dos colores que aparece en «Se juntan en la plaza», el relato
Ahí está la unidad de las narraciones, que parecen ser puntos separados y en realidad están unidos.

– Uno nota en el libro esa unidad, una cosa bien sólida. Lo estructuraste de esa forma.

– Sí, eso, está pretendido desde el primer momento. Incluso la elección de los cuentos, el orden también está pensado, no hay nada al azar, quizás en el primer libro sí, es más aleatorio, pero este te va llevando, te va llevando por las cosas, por las diferentes, situaciones o realidades del ser humano de una manera ordenada.

– Y termina teniendo una estructura circular.

– Exactamente.

– ¿Estás emprendiendo otros proyectos, escribiendo algo nuevo? ¿Podés adelantarnos algo?

– Uno como cuentista siempre está escribiendo. Siempre está escribiendo, los relatos aparecen, le aparecen a uno en cualquier momento del día, por supuesto que el hecho de escribir, el proceso, no el creativo sino el productivo es distinto, porque uno se tiene que sentar, darle forma y todo, pero como cuentista en el día a día, sea el trabajo que sea, sea la actividad que sea, se prenden chispas todo el tiempo, algunas son tan fuertes que hasta que uno no las escribe no se apagan.
Entonces la respuesta parece ambigua, pero no lo es; tengo varios cuentos, seguramente salga algún otro libro de cuentos, y después empecé una novelita corta, no me gusta a mí escribir novelas largas. Está esta novela en proceso. Espero que se haga para el año que viene, veremos cómo me va con eso.

– Contame detalles de la presentación acá en Montevideo del libro.

– La presentación en Montevideo es para mí una alegría inmensa y justo vos me preguntaste por Onetti. Tuve el enorme orgullo y la enorme alegría de conocer a Hugo Giovanetti, que fue discípulo y amigo de Onetti. Tuvimos dos charlas riquísimas, muy constructivas, él leyó mi segundo libro, le gustó, le pregunté si lo podía presentar y estaba encantado, así que es eso, la presentación va a ser el viernes 9 con todo lo que significa para mí presentar el libro en Uruguay, un orgullo, una alegría de que él no es difícil de explicar por mi conexión con Onetti como narrador y es eso, el que haya llegado a Hugo mi libro y poder compartirlo con Uruguay

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