Desempleo en las mujeres uruguayas: un problema estructural

Las diferencias entre hombres y mujeres de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que el desempleo en los casos de hombres es del 7,2 por ciento, en tanto en las mujeres la cifra asciende al 9.6.

Los datos aportados por el INE fueron objeto de análisis por el equipo de expertos del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT en su informe sobre el comportamiento del mercado de trabajo.

Según consignó la diaria, en el estudio del Cuesta Duarte se resalta que “las tasas de actividad masculina y femenina presentan un diferencial importante en favor de los hombres”, dato este “que configura un rasgo estructural del mercado laboral”.

El medio de prensa consultó al economista Bruno Giometti, quien señaló que se trata de un fenómeno que “tiene características estructurales” relacionadas “con el hecho de que las tareas de cuidado y del hogar recaen sobre las mujeres”.

Esta situación, consideró Giometti, “hace que una menor proporción de mujeres forme parte de la población económicamente activa que está integrada al mercado de trabajo y, por lo tanto, queden por fuera”.

La definición de estructural dada por el integrante del Cuesta Duarte fue compartida también por Soledad Salvador, economista, representante de ONU Mujeres e investigadora del Área Desarrollo y Género del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo en Uruguay.

Consultada por la diaria, la economista consideró que el mayor desempleo observable en las mujeres obedece “a las dificultades que atraviesan (…) para insertarse laboralmente.

Las dificultades se incrementan, añadió “cuando son mujeres con menor nivel educativo y pertenecientes a sectores más vulnerados”.

“No es sólo un problema de trabajo, sino de vivienda con niños chicos, y problemas de violencia intrafamiliar que hacen que las mujeres no salgan al mercado laboral porque no las dejan o porque no se puede”, valoró Salvador quien recordó que nuestro país “se destaca en la región por tener una mayor feminización de la pobreza”.

En su valoración, ello sucede porque aunque Uruguay “ha logrado reducir los niveles de pobreza en general”, ello no ha alcanzado a “los hogares con mujeres jóvenes a cargo, que muchas veces tienen hijas e hijos pequeños”.

Esto hace, añadió, que se mantengan “en ese circuito que las mantiene pobres, con baja formación y, como no ingresan al mercado laboral, los empleos que se les ofrecen son precarios, mal pagos o no los pueden cumplir”.

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