En nuestra última edición del año, dedicamos el editorial al centro político de la disputa entre el bloque de poder y el movimiento popular, la disputa democrática central: el referéndum para anular 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC).
Este año que culmina estuvo marcado por el impacto sanitario, económico y social de la pandemia y por la decisión política del gobierno de la coalición de derecha, cada vez más hegemonizado políticamente por el Herrerismo y socialmente por los sectores del agronegocio y el capital financiero, de implementar la restauración conservadora y su ajuste neoliberal a pesar de la pandemia y, por momentos, aprovechando la pandemia.
Los instrumentos de la restauración conservadora y el ajuste neoliberal son varios, no se reducen a la LUC. Están entre ellos el Presupuesto y las Rendiciones de Cuentas; la gestión cotidiana del gobierno; la acción material de las y los grandes empresarios a los que este gobierno expresa; la disputa política en todos los espacios de la sociedad, así lo demuestran las elecciones del SMU, de la UDELAR, de la Enseñanza y del BPS; la disputa ideológica en los grandes medios de comunicación y en las redes, donde los netcenter, bots y trolls, se mantienen muy activos.
Pero la LUC es una herramienta central, por forma y contenido. Por forma porque el Herrerismo quiso demostrar el carácter absoluto de su hegemonía. Demostrar que nadie puede disputarle ni el discurso ni la capacidad material de conducir el país. Que la izquierda y el movimiento popular estaban sin respuesta, en crisis y en fuga. En contenido porque es el corazón de su restauración, la ingeniería legal para imponer el ajuste.
Por eso haber juntado las 800 mil firmas, cuando el poder estaba convencido que eso era imposible es una hazaña, una victoria de dimensiones estratégicas.
La lucha por anular 135 artículos de la LUC puede sintetizar el resto de las luchas, todas ellas imprescindibles, que no se deben abandonar y no se abandonarán. Pero, así como el solo hecho de haber juntado las 800 mil firmas modificó la situación política general, puso al bloque de poder y al gobierno a la defensiva, la victoria del Sí implicaría un cambio en calidad, un salto en la acumulación de fuerzas del pueblo.
Y aquí hay que salir al cruce de la campaña de miedo y de mentiras que la derecha ha lanzado con gran intensidad. No hay ninguna operación desestabilizadora en marcha. El movimiento popular uruguayo, que es quien impulsa el referéndum, tiene sobradas credenciales democráticas. Cuando el golpe de Estado, en 1973, el movimiento popular defendió la democracia con una huelga general y varios medios y sectores empresariales, que ahora hablan de desestabilización, despidieron y entregaron a la represión a quienes peleaban por la democracia. La recolección de firmas y el referéndum fortalecen la democracia, la debilita el gobierno al retacear el debate y torcer la Constitución.
Es necesario salir de la trampa de confrontación a la que nos quieren llevar con la campaña de miedo y concentrarnos en la LUC. Es tan mala la LUC que el gobierno ha tenido que suspender su aplicación en varias áreas por miedo a perder el referéndum. Nos referimos a la seguridad social, a la fijación del precio de los combustibles, a las reformas del régimen de los funcionarios públicos, entre otras.
Decíamos en el editorial de nuestra edición 565, y creemos necesario reafirmar: “La LUC es mala por los derechos y libertades que recorta y también por lo que impone. La LUC es un conjunto de modelos fracasados en todo el mundo, solo sustentados por el fanatismo neoliberal hegemónico en la coalición de derecha que nos gobierna.
Las políticas que propone la LUC han fracasado en todo el mundo. El modelo de liberalización de la importación y el precio de los combustibles es un fracaso en los países donde se aplicó, y su instrumentación en estos meses resultó en una cadena de aumentos en los precios. El modelo mercantilista, sin participación social y con criterios empresariales en la Educación, fracasó rotundamente en Chile, el pueblo chileno construyó caminos para enterrarlo. La privatización de la seguridad social, el recorte de derechos, han sido calificados como “estafa” en Chile y en otros países del continente donde el neoliberalismo los impuso. El aumento de las penas y la discrecionalidad para la represión policial no implicaron la reducción del delito en ningún país, solo han aumentado la violencia. Dejar librado solamente al mercado la regulación del acceso a la tierra solo conduce a la concentración de la propiedad de esta, una de las formas principales de acumulación de la riqueza y a la exclusión de miles. La crisis múltiple del capitalismo, ecológica, ambiental, económica y financiera, amplificada por la pandemia, ha generado que millones caigan en la pobreza, frente a ello los Estados han realizado enormes esfuerzos de apoyo económico, nadie se acuerda de la regla fiscal, incluida en la LUC, rémora ortodoxa del neoliberalismo de la que buscan escaparse todos los países del mundo”.
Ese es el centro, es tan mala la LUC que tienen que sembrar el miedo porque no pueden defenderla. De eso hay que hablar, con convicción democrática, recorriendo otra vez el país, de punta a punta. Como dijera, con razón, Marcelo Abdala, presidente del PIT-CNT en el acto del miércoles por el SÍ: “Tenemos que dialogar con tres millones. Vamos a ganar con el SÍ y construir una nueva hazaña”.























