Dilemas de política exterior: la Unión Europea, Cuba y el fantasma de Trump

0
59

Por Carmen Maturana

Pedro Luis Pedroso Cuesta, representante permanente de Cuba ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha denunciado en el seno del Consejo de Derechos Humanos de la organización mundial, una serie de acciones que el gobierno cubano califica como “medidas coercitivas unilaterales y acciones de desestabilización e injerencia” en los asuntos internos de la isla.

Dichas acciones, señala el diplomático cubano, están “dirigidas, estimuladas y financiadas desde EE.UU.”. Se trata de acciones ejercidas desde el imperio norteamericano, que dan continuidad a “décadas de terrorismo” contra el pueblo y el gobierno cubano, ratificó Pedroso.

En su discurso, el diplomático cubano reclamó, una vez más, el cese inmediato de todas las medidas que conforman el conocido bloqueo a Cuba y que obstaculizan sistemáticamente el desarrollo económico del país.

Probablemente, si nos remitimos a la historia de las relaciones y al permanente pedido de muchos países en el seno de la ONU, para que se deje sin efecto el bloqueo económico a Cuba, este podría ser un discurso más de esa larga batalla que libra, desde los comienzos del bloqueo, el gobierno revolucionario cubano.

Sin embargo, esta intervención se produce en un nuevo escenario, aquél que se constituye a partir de la asunción de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos y aquél otro que se configura a partir de los pedidos que, de forma inmediata, se le realizara al mismo por parte de intelectuales, académicos y ciudadanos norteamericanos.

Una de estas peticiones al mandatario norteamericano, tomó forma de carta y cobró estado público el pasado 9 de febrero.

Una carta firmada por más de 790 personas, fue enviada a la oficina oval y en ella se exige el cese inmediato del bloqueo y cualesquiera de las acciones de injerencia en los asuntos internos del país caribeño.

La lista de firmantes es amplia y diversa e incluye, desde el director de cine Fernando Pérez, el actor Jorge Perugorría, hasta Alan Gross el contratista norteamericano que fuera sancionado por los tribunales cubanos en 2009 a 15 años de prisión por actividades de espionaje y cuya liberación fuera uno de los iconos del “deshielo” en las relaciones entre ambos países durante la administración de Barak Obama.

“Hace cinco años, el pueblo cubano escuchó al presidente de Estados Unidos hablar en La Habana sobre esperanza y la construcción de un futuro mejor. Su discurso sugería lo que los cubanos ya comenzábamos a hacer: abrirnos al mundo, estimular valores cívicos y crear nuevos negocios. Nada de esto duró mucho. Pronto la administración Trump impuso una serie de sanciones que agravan al más persistente y abarcador bloqueo/embargo que se haya impuesto a una nación. Es poco lo que podemos hacer los cubanos en la isla para aliviar el efecto de sanciones externas durante la pandemia, pero una acción rápida de su parte puede marcar la diferencia en esta crisis humanitaria”, comienza afirmando la misiva dirigida a Joe Biden.

En resumen, la carta solicita lo mismo que hace años, cientos de países han venido acompañando en las históricas votaciones de la ONU cuando el tema del bloqueo a Cuba es tratado.

“Presidente Biden, comience a desmantelar el sistema de sanciones que continúa afectando al pueblo cubano”, es el enunciado central del documento.

Más allá del cúmulo de firmantes de la carta en cuestión, lo que ha llamado la atención de muchos de los seguidores de la política agresiva de Trump para la isla, es la aparición entre los firmantes del embajador de la Unión Europea en Cuba, el señor Alberto Navarro ha sido un verdadero escándalo.

Que el embajador de la Unión Europea (UE) haya firmado esta carta ha sido un escándalo en Bruselas.

Ni corto, ni perezoso, Josep Borrell, el máximo representante de la diplomacia del bloque europeo ha llamado “a consultas” al diplomático Navarro.

No queda claro si lo que alarma a la UE es que en la carta a la que adhiere el embajador del bloque se afirme que “EE.UU. no tiene que ser nuestro aliado ideológico, pero puede dejar de ser un vecino hostil”, o si lo que molesta es que soliciten que dejen de “convertir a toda una nación en rehén para lograr un cambio de régimen no es un acto moral (…) lo que requerimos del Gobierno de EE.UU. y sus líderes es que no interfieran en nuestros asuntos”.

Sea como sea, la adhesión de Navarro a lo peticionado en el documento ha desatado, lo que Rusia Today (RT) define como “fuertes reacciones entre algunos eurodiputados, muchos de los cuales, pertenecientes en su gran mayoría a formaciones liberales, conservadoras o ultraderechistas, han exigido a Borrell la inmediata destitución del embajador”.

Uno de los que han señalado directamente al embajador de la UE en La Habana como “un problema” ha sido la vicepresidenta del Parlamento Europeo, Dita Charanzová, quien afirmó que “hay muchos problemas con el enfoque actual de la Unión Europea hacia Cuba (…) uno de ellos es el embajador en La Habana”, consigna RT.

En sus declaraciones, Charanzová, agregó la exigencia, en acuerdo con otros parlamentarios europeos del “reemplazo inmediato” de Alberto Navarro.

Actualmente, Alberto Navarro se encuentra en Europa, “para su reunión con Borrell” y hasta el momento no han trascendido informaciones sobre los resultados del encuentro, ni declaraciones de Borrell o Navarro.

Dos son las interrogantes que esta situación abre.

La primera de ellas es ¿si esta situación afectará, y en qué medida?, las relaciones entre Bruselas y La Habana.

La segunda, si esto significará que Bruselas dé continuidad a la anterior política de Trump, constituyendo así, una prolongación “fantasmática” de la política exterior trumpista a la cual, el nuevo mandatario norteamericano se ha propuesto transformar.