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A finales de la semana pasada, con la votación del proyecto en el Senado de la República, se abre la etapa final de la aprobación de la ley de Presupuesto Nacional 2025-2029. Proceso que empezó con el tratamiento en agosto por la Cámara de Representantes, continuó con intensas negociaciones y discusiones en comisiones y plenarios, y ahora regresa a diputados para la revisión de las modificaciones que introdujo el Senado, y su aprobación final.
Estamos en un escenario internacional y regional de incertidumbre económica y tensiones geopolíticas que condicionan las perspectivas de crecimiento; a nivel nacional el gobierno heredó un alto déficit fiscal, una deuda social acumulada y un “agujero” financiero cercano a los mil millones de dólares. Aunque la derecha nacional intenta construir el relato de un presupuesto de “continuidad”, ya decíamos hace unos meses cómo el gobierno actual, en este marco restrictivo, tomó medidas en el presupuesto para abordar las principales problemáticas que aquejan a nuestro pueblo y definitivamente no es un presupuesto de ajuste contra los trabajadores, muy diferente a lo que fue el presupuesto del gobierno de Lacalle Pou.
Además, este presupuesto fue abordado por las bancadas del Frente Amplio, sabiendo que la ley se aprobaría con cambios y que no saldría igual que como entró el primer proyecto enviado por el Ejecutivo Nacional. Desde esta perspectiva, se incentivó el más amplio diálogo con la movilización popular en las calles, que puso sobre la mesa perspectivas críticas al proyecto y que fueron abordadas en su amplia mayoría. Se impulsó un debate abierto y participativo: durante más de un mes, la Comisión de Presupuesto recibió a cientos de organizaciones sociales, escuchando sus planteos e incorporando varias de sus demandas. Además, la bancada del FA mantuvo negociaciones constantes con los demás partidos, logrando acuerdos puntuales sin ceder en los ejes programáticos. La estrategia incluyó la confrontación con la derecha y su relato de “continuismo”, mientras se construían mayorías para aprobar los artículos clave, como los nuevos impuestos a multinacionales y capitales en el exterior, fundamentales para el financiamiento de las prioridades del presupuesto.
Es así que ocurrieron reasignaciones de recursos en ambas cámaras, se lograron reforzar áreas como la educación pública (con aumentos para la UdelaR, la UTEC y el Hospital de Clínicas), la descentralización, la cultura y los parques tecnológicos e industriales. En el Senado, si bien se mantuvo el eje general del proyecto, se introdujeron ajustes que permitieron destinar más fondos a seguridad, educación y discapacidad. Estas reasignaciones, resultado del diálogo con distintos partidos y con las organizaciones sociales, demostraron la capacidad de mejorar la propuesta original sin alterar sus principales objetivos.
La pregunta que nos surge, y seguirá resonando el día después de la aprobación del presupuesto es: ¿Es suficiente?, la respuesta corta es claramente no. La aprobación del Presupuesto es solo un paso muy necesario, pero a la vez insuficiente, en la materialización del programa del Frente Amplio. Queda pendiente avanzar en reformas fiscales más profundas que aseguren una distribución justa de la riqueza, como la creación de un impuesto al 1% más rico de la población. Al mismo tiempo, la inclusión en el proyecto de un artículo que convoca a un diálogo nacional para una Estrategia Nacional de Desarrollo abre una posibilidad fundamental para construir un modelo de país con soberanía, justicia social y ruptura de la dependencia. El desafío ahora es articular esa hoja de ruta con la movilización social, las iniciativas parlamentarias y la ejecución transformadora desde el gobierno.
Como dijimos al principio del presupuesto, Las Jóvenes Comunistas estamos y estaremos siempre del mismo lado de la mecha. Movilizadas en las calles para que el futuro de nuestro pueblo sea prioridad sobre los intereses de las minorías poderosas, mientras que defenderemos cada milímetro de conquistas del gobierno del Frente Amplio, del que somos parte. No conformarnos, y ser parte del empuje capaz de transformar las urgencias del presente en conquistas estructurales del futuro.























