“El pueblo unido, jamás será vencido”

Estamos conmemorando los 50 años del Frente Amplio y hay hechos que merecen un destaque especial. El 26 de marzo de 1971, es, sin dudas uno de ellos.

Hace hoy 50 años se realizó el primer acto del FA, el general Líber Seregni hizo su primer discurso público y se izó por primera vez la bandera frenteamplista.

Hemos hablado en ediciones pasadas del surgimiento del FA, del proceso histórico de acumulación de fuerzas, de experiencias de luchas, de construcción de unidad, del programa, de su proyección y de sus desafíos, en el presente y hacia el futuro.

Hoy, en este momento de un capitalismo en crisis orgánica, que no da respuestas a los problemas de la humanidad, en tiempo de pandemia, es imprescindible reivindicar la historia. Y cuando hablamos de historia nos referimos a la peripecia humana, al pasado, al presente y al futuro. A romper con esa noción falsa de presente perpetuo, sin raíces y sobre todo sin futuro por construir, salvo repetir la actualidad como un destino prefijado. Es imprescindible reivindicar a la emancipación humana, a la revolución, como un proceso histórico, con el pueblo organizado como protagonista, como forjador del futuro, que no está escrito. Y la historia no es un conjunto de hechos aislados, tampoco es una colección de citas de frases célebres, tampoco la cronología de acciones de personalidades, es el proceso material y subjetivo de las acciones colectivas por transformar la realidad.

Desde esa concepción, el 26 de marzo de 1971 constituye un hecho clave, sustantivo. Porque fue programa, definiciones claras, antioligárquicas, antimperialistas, democráticas, revolucionarias. Pero ante todo porque fue el bautismo en la calle de la unidad política del pueblo y un cambio cualitativo en el proceso de acumulación de fuerzas hacia la emancipación social.

Hay que hablar del acto en sí. Estuvo pensado y organizado para generar el impacto que generó, pero la respuesta de las y los frenteamplistas, masiva, torrencial, fue lo que le dio materialidad, potencialidad transformadora real.

El 26 de marzo de 1971 una multitud nunca vista antes en un acto partidario desbordó la Explanada Municipal, ocupó 18 de Julio desde la Plaza Libertad hasta la Plaza de los Treinta y Tres. Cientos de miles construyeron el acto político más grande de la historia hasta ese momento y uno de los más grandes hasta hoy.

El pueblo organizado fue el principal protagonista del acto.

Hubo muchos simbolismos. La fecha fue elegida para reivindicar la revolución artiguista inconclusa, para rescatar a Artigas del ostracismo al que lo habían reducido las clases dominantes y devolverle su contenido popular, darle actualidad y futuro. El 26 de marzo de 1815, Fernando Otorgués, por orden de Artigas, izó el primer pabellón independiente en la fortaleza del Cerro de Montevideo. Al elegir esa fecha y esa bandera como símbolo de la unidad, la izquierda disputaba, prácticamente, la construcción de hegemonía política más importante de las clases dominantes: el bipartidismo. El artiguismo, que en ese 1815 construyó aspectos claves de su revolución popular como el Reglamento de Tierras, reivindicado como elemento central de la historia nacional.

Es necesario detenerse en las y los oradores e invitados, lo que expresaban, dimensionar su valor, su coraje político, colectivo y personal. Hicieron uso de la palabra el general Arturo Baliñas, cuyo hijo aún está desaparecido; José Pedro Cardoso, quien tras la caída de la dictadura rompiera con un marrón los bloques que tapiaban la Casa del Pueblo del PS; Edmundo Soares Netto que leyó una carta de Luis Pedro Bonavita, destacada personalidad blanca, combatiente en Paso Morlán junto a Paco Espínola, que ya había roto con el Partido Nacional y fundado el FIDEL; Juan Pablo Terra, expresión de la Democracia Cristiana, de su voluntad unitaria; Francisco Rodríguez Camusso, ex ministro y legislador blanco; Rodney Arismendi, secretario general del Partido Comunista, luego preso, exiliado, ferozmente perseguido por el fascismo; Alba Roballo, valiente mujer, brillante oradora, destacada dirigente colorada que dijo que se iba de su partido para salvar al batllismo; Zelmar Michellini, una de las principales espadas políticas del batllismo en el Partido Colorado, luego asesinado por el fascismo en Buenos Aires y Juan José Crottogini, uno de los médicos y universitarios más prestigiosos del Uruguay. En el estrado entre numerosas personalidades de la cultura y la academia, estuvieron presentes, entre otros, el presidente de la CNT, José D´Elia, como reconocimiento a que la unidad política de la izquierda era tributaria directa de la unidad social de las y los trabajadores y el primer candidato del FA a la Intendencia de Montevideo, el doctor Hugo Villar, director del Hospital de Clínicas, representante de la Universidad atacada y asfixiada presupuestalmente. Cerró el acto el candidato a la presidencia de la República, el general Líber Seregni, referente de un importante núcleo de militares democráticos y de izquierda, luego 9 años preso por el fascismo. La multitud dialogó con Seregni durante su discurso y el grito que cientos de miles de gargantas entonaron más fue: “El pueblo unido, jamás será vencido”.

El acto fue definido como “un plebiscito en la alegría, como el de Líber lo fue en el dolor”. Fue así porque además del programa de soluciones a la crisis, reiteramos “antioligárquico y antimperialista”, la izquierda unida reivindicó el método y una seña de identidad del movimiento popular: la calle como escenario de la lucha política, el pueblo organizado y movilizado como protagonista de la transformación social.

Todo eso recordamos este 26 de marzo, 50 años después. Hubo otros actos enormes, colectivos de nuestro pueblo como el ya citado sepelio de Líber Arce, el del Obelisco; de las organizaciones populares, como los 1º de Mayo de 1983 y 1984, o el último en plena pandemia; la marcha estudiantil al Franzini de 1983; la marcha de las antorchas contra las razzias de Julio María Sanguinetti, los 20 de mayo, los 8 de marzo más recientemente.

También hubo del FA, a la salida de la dictadura, el final de la campaña de 2004 en Avenida del Libertador, los cierres de las últimas campañas electorales.

Pero el 26 de marzo de 1971 fue el bautismo de calle de la unidad. Fue el nacimiento de la identidad frenteamplista, que sintetizó en algo nuevo las identidades anteriores. Por eso está en el corazón de todas y todos los frenteamplistas.

¿Qué está vigente medio siglo después? Todo. No hay que renunciar a nada. Hoy la oligarquía adquiere nuevas formas, pero ahí está; el problema de la propiedad de la tierra sigue siendo clave; el antimperialismo es un concepto y una práctica política indispensable. Claro que asumiendo el presente, las nuevas formas materiales y subjetivas de la dominación, para construir las, también nuevas, prácticas sociales y políticas emancipadoras.

Hay que rescatar el valor de la utopía emancipadora como horizonte político, la vocación de hablarle a todo el pueblo y no refugiarse en un estéril discurso auto referencial, la vocación unitaria y la decisión de luchar.

Reivindicar hoy que la respuesta sigue siendo construir unidad y protagonismo popular organizado. Porque sigue siendo cierto, más allá de avances y retrocesos, de aciertos y de errores, que en la tarea histórica de conquistar la libertad y la igualdad “el pueblo unido, jamás será vencido”.