El rumbo y el protagonismo popular

Este miércoles el PIT-CNT, y a través suyo las y los trabajadores, volvieron a ocupar el centro de la escena política nacional. Y lo hicieron movilizados, mostrando su unidad, su capacidad de convocatoria, su madurez y también sus propuestas.

Antes de profundizar en el planteo del PIT-CNT hay que dedicarle unas palabras a la concentración multitudinaria del miércoles. Se lo merece, por la dimensión, por el lugar donde se realizó, por las características, por el estado de ánimo que se expresó en ella y porque forma parte de un método histórico de la clase obrera uruguaya.

En la mañana fría del Cerro, con neblina, pasto y calles mojadas, desde temprano, recorriendo la zona de concentración, que abarcaba varias cuadras de Cibils, desde el Tróccoli hasta Carlos María Ramírez, se podía percibir que la movilización iba a ser grande.

Y vaya si lo fue, miles de trabajadoras y trabajadores, con las banderas de sus sindicatos, del PIT-CNT, con carteles con sus reivindicaciones, a los que se unieron cooperativistas de vivienda, militantes de las ollas populares y vecinas y vecinos del Cerro y de La Teja, desbordaron la amplia calzada de Cibils primero y llenaron luego 7 cuadras de Carlos María Ramírez. En tiempos en que se teoriza y se insiste, desde tiendas ajenas y propias, en que nadie convoca, que no hay entusiasmo, que la desesperanza y la desazón son los sentimientos dominantes, la movilización del miércoles muestra que no se pueden generalizar esas tesis.

Las columnas obreras con cantos y consignas desfilaron por el Cerro, por zonas pobres, muy pobres, donde la gente está pasando mal y lo que recibieron, como respuesta ampliamente mayoritaria, fue saludos y aplausos de las y los vecinos.

Hubo miles de selfies, signo de esta época, pero no para mostrar a alguien individualmente consumiendo algo, no, fueron para testimoniar que se participaba de algo colectivo de lo que daba orgullo ser parte. Orgullo popular, orgullo de clase.

Eso, corazón conceptual de la batalla cultural, no es poca cosa nunca y en estos tiempos que corren menos.

Sabemos que lo anterior no suele formar parte de los balances y menos de la cobertura noticiosa y los análisis, craso error, el estado de ánimo de la militancia es un elemento fundamental a considerar. Y el miércoles el estado de ánimo de miles de trabajadoras y trabajadores andaba más alto que los cohetes y el humo, infaltables, que se elevaban hacia el cielo.

Entonces, en primer lugar, hay que destacar que fue una movilización de miles, en un lugar emblemático para la lucha sindical y popular, en una zona golpeada por la desigualdad, la pobreza y la violencia, y que lo que provocó fue adhesión, orgullo y entusiasmo.

En segundo lugar, hay que destacar el planteo realizado. El paro y la concentración fueron convocados con la consigna: “Por un Uruguay de transformaciones profundas. Por justicia social, trabajo y salario”.

Alejandra Pereira, secretaria general adjunta del PIT-CNT y Marcelo Abala, presidente de la central obrera fueron los oradores, expresaron una visión común, de síntesis unitaria.

Abdala en su discurso definió con precisión el objetivo político del paro y la movilización: “El movimiento obrero viene a intentar proponer, con modestia, pero con convicción, con firmeza, abierto al diálogo y la negociación, pero en la calle y en lucha, una perspectiva para tenderle una mano a la esperanza, tan necesaria; pero no de forma mágica, basada en la esperanza de nuestro pueblo, en determinado diagnóstico de la situación, basada además en una propuesta articulada y concreta con un único objetivo ético: mejorar la vida de nuestro pueblo”.

Una vez más el movimiento sindical uruguayo planteó sus reivindicaciones, claro que sí, pero lo hizo en el marco de abrazar las luchas por la igualdad de todo nuestro pueblo y los desafíos más acuciantes que enfrentamos como sociedad, como país.

El compromiso para lograr que se enfrente con más decisión el drama de la pobreza infantil, para ello la propuesta de conseguir mayores recursos gravando con el 1% al 1% más rico de la población; la necesidad de que se discuta una reforma laboral, una nueva reforma tributaria y una de la protección social; la centralidad de una Estrategia Nacional de Desarrollo; la defensa del rol del Estado y en particular de las empresas públicas en particular; la defensa y la relevancia de la negociación colectiva y de la lucha en los Consejos de Salarios; la reducción de la jornada laboral; el Congreso de la Educación y presupuesto para la educación pública; el reclamo de una Rendición de Cuentas que “no juegue al achique” y de respuestas a las urgencias de nuestro pueblo; la importancia de la integración regional, de la unidad continental y de la lucha por la paz; fueron los puntos centrales que vertebraron un conjunto de propuestas concretas.

Fue el planteo de una clase que tiene visión nacional y que se hace cargo de las necesidades del país y, en particular, de su pueblo, de todo el pueblo. Que diferencia enorme con los mezquinos planteos de la mayoría de las cámaras empresariales incapaces de mirar nada más que su propio interés.

El movimiento sindical expresó con claridad que asume con plena conciencia la complejidad del momento que se vive a nivel nacional, continental y mundial. 

Desde la tribuna obrera en el Cerro se denunció, con mucha firmeza, la actitud de las clases dominantes, de sus expresiones sociales y políticas, que enfrentan y boicotean cada centímetro de avance popular. Sin esconderse, de frente y con franqueza.

También se reclamó al gobierno nacional “mayor energía transformadora en las políticas públicas”. Y se dijo, también sin eufemismos, que si eso ocurre habrá respaldo en la calle a esas transformaciones profundas que se reclaman y se proponen.

En medio de operaciones políticas, de amenazas cotidianas del imperialismo yanqui, de una actitud política cada vez más hostil y provocadora de la derecha y la mayoría de las cámaras empresariales, el movimiento sindical volvió a salir a la calle y se colocó en el centro de la escena.

Lo hizo con firmeza y con madurez. Y ratificó, en la práctica, lo que es un centro histórico para quienes luchamos por abrir camino a una perspectiva popular: un proceso de transformación social necesita del protagonismo popular organizado.

No hay que buscar el rumbo solamente en discusiones y documentos, que son importantes y necesarios, claro, pero el rumbo de un proceso de transformación social es una construcción colectiva y necesita de la unidad, la movilización y la lucha.

El rumbo de un proceso de transformación social se construye con miles y en la calle.

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