El valor de la unidad

Cuando se cumplen 52 años de la fundación del Frente Amplio (FA) lo primero que hay que decir es que conmemoramos la realización de la unidad política del pueblo.
El FA es la principal construcción política del pueblo uruguayo para luchar por sus derechos, realizar la democracia, en tanto proceso de libertad e igualdad basado en el protagonismo popular, avanzar hacia la emancipación social y la concreción del sueño truncado de la Revolución artiguista: la búsqueda de la pública felicidad.
En este aniversario es imprescindible hablar del presente y del futuro, porque la historia es un proceso continuo de síntesis del pasado, el presente y la proyección hacia el futuro, una unidad dialéctica entre realidad y utopía. Precisamente por eso, queremos dedicar unas palabras al recorrido de más de medio siglo para llegar hasta aquí.
Apelaremos a editoriales anteriores, ocurre que EL POPULAR ha estado unido al FA desde su fundación. En realidad, EL POPULAR nació, en 1957, para contribuir a la forja del proceso de unidad política y social del pueblo del que el FA es parte y resultado.
Por eso, cada año publicamos dos tapas históricas de EL POPULAR. La del 5 de febrero de 1971, anunciando con un gran titular: “Hoy se crea el Frente Amplio” y un complemento igual de rotundo: “Un acontecimiento que significa un viraje en la historia política del país”. Y la del 6 de febrero, con un título de proyección estratégica: “Ahora el pueblo al poder”.
Lo que ocurrió el 5 de febrero de 1971 lo definió con mucha claridad el general Líber Seregni: “Como simple ciudadano tengo la sensación y la emoción de haber asistido a un acto verdaderamente histórico que concreta en la formación del Frente Amplio el renacer de un pueblo y la estructuración de un movimiento auténticamente popular por profundamente antiimperialista, de claro sentido de liberación nacional, para alcanzar la verdadera justicia social y una democracia auténtica”.
El FA nació como la síntesis de la acumulación de fuerzas de décadas de lucha de nuestro pueblo. Es imprescindible reiterar que su creación fue parte orgánica del proceso de unidad de las y los trabajadores en una central única, la experiencia unitaria en la lucha de amplios sectores populares, de las capas medias, de las y los estudiantes.
Es el resultado también de la decisión unitaria de las organizaciones políticas de izquierda y progresistas, con una amplitud y diversidad inéditas en Uruguay y en el mundo. Confluyeron en el nacimiento del FA: comunistas, socialistas, demócratas cristianos, sectores que vienen del anarquismo y del trotskismo, otras corrientes de izquierda, sectores progresistas de los partidos tradicionales, militantes sociales independientes, personalidades de la cultura y la academia y un importante grupo de militares democráticos, de izquierda y revolucionarios.
Pero además se trata también de la forma que adoptó esa unidad. Eso es parte de la peculiaridad del FA. Rodney Arismendi, histórico dirigente del PCU, fundador de FA, al ser consultado sobre si era la concreción nacional de experiencias internacionales como los Frentes Populares, respondió que en la forma que adoptó la unidad en el FA se había expresado “la astucia de la historia”.
Es que la existencia de un Programa Común; la permanencia de los sectores que lo fundaron, que no se disolvieron; la conformación de organismos comunes de dirección; la definición de que es un instrumento para la acción política permanente y no solo para la expresión electoral; la construcción de organismos de base donde se organizan, participan democráticamente y luchan juntos militantes de todos los sectores e independientes y el compromiso de expresar en candidaturas comunes la comparecencia electoral, muestran la unidad como una realización práctica y material. Por eso valen tanto.
El nacimiento del FA implicó un antes y un después en la historia de la izquierda, del movimiento popular y de nuestro país. El FA terminó con el principal mecanismo de hegemonía política de las clases dominantes en nuestro país: el bipartidismo. A las clases dominantes, durante 150 años, les alcanzaba con sus dos partidos tradicionales. El FA terminó con eso y posibilitó un salto en calidad en la acción independiente de los sectores populares en la política nacional. Primero tuvieron que aliarse los dos partidos tradicionales y ahora tuvieron que juntar a 5 partidos en una mega coalición de derecha para poder disputar el gobierno nacional.
El FA recién nacido logró superar la durísima prueba de la dictadura, la persecución, la proscripción, la cárcel, la tortura, la muerte y la desaparición de miles de sus militantes. En esa prueba de fuego demostró su profundo arraigo popular.
El FA logró transformar el Uruguay, con su acción en el Parlamento, desde sus gobiernos, nacionales, departamentales y municipales, pero, sobre todo, por la lucha de sus militantes.
Este 52 aniversario encuentra al FA, fortalecido, en pie de lucha, creciendo en Comité de Base, rodeando las luchas populares. El FA sigue siendo la principal fuerza política del país. Gobierna tres departamentos de la importancia de Montevideo, Canelones y Salto, decenas de municipios, tiene la bancada parlamentaria más grande como partido, pero, sobre todo, tiene la organización militante y la capacidad de movilización política más grande del Uruguay.
El gran objetivo de la etapa es recuperar para el pueblo el gobierno nacional con el FA, pero eso no será fruto solo del desencanto de sectores populares con las políticas del gobierno de derecha, que producen desigualdad, limitan las libertades, entregan soberanía y multiplican la corrupción. No alcanza con caracterizar, con justicia, a este gobierno de coalición de derecha como antipopular, antinacional y antidemocrático, que lo es. Es necesario construir el tamaño de pueblo organizado necesario para recuperar el gobierno e impulsar las transformaciones imprescindibles para nuestro país y las y los uruguayos. El crecimiento organizativo del FA y su mayor inserción en la sociedad, son parte fundamental de ese esfuerzo.
El desafío de este año es dar la lucha política contra la consolidación del proyecto de país de la desigualdad, y, a la vez, fortalecer al bloque histórico, político y social de los cambios, del cual el FA es parte orgánica. La construcción de un programa que recoja los avances conquistados en los gobiernos del FA pero que los trascienda, incorporando lo que quedó pendiente y también los nuevos desafíos que están planteados, es central; debe hacerse de cara a nuestro pueblo, sus organizaciones y sus reclamos.
Nada de lo conseguido y nada de lo que nos desafía en el presente y en el futuro hubiera sido posible ni será posible sin la unidad.
Por eso, este 52 aniversario del FA será también una fiesta para celebrar la vigencia de esa conquista estratégica de nuestro pueblo: la unidad.

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