20231119 / Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS / ARGENTINA / BUENOS AIRES / Votación de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales argentinas. En la foto: Simptatizantes de Javier Milei en la Universidad Tecnológica Nacional, sede de Almagro, antes de que vote Milei en la votación de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales argentinas. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

Elecciones en Argentina

Apuntes y desafíos de días que nos demandan ser mejores.

UJC

El domingo 19 de noviembre se vivió un día trágico para América Latina, y en especial para Argentina, Javier Milei ganó las elecciones, candidato que representa lo peor de la historia de nuestro continente y de ese país: el neoliberalismo más rampante, la idea de privatizar todo lo que se encuentre, el rechazo de la idea de justicia social, la exaltación del mercado y sus desigualdades inherentes. 

Ha ganado, además, acompañado por un combo representado en la vice presidenta electa, Victoria Villaruel, defensora de la ultima dictadura militar, una persona que ha justificado la represión y la violencia genocida. Todo esto que es de terror, tuvo el apoyo de Mauricio Macri, quién llevó al FMI de vuelta a la Argentina, dejando una deuda impagable que sigue poniendo la soga al cuello al pueblo Argentino mientras él y sus amigos se fugaron todos los dólares que se podían conseguir.

La pregunta del millón es: ¿Por qué alguien que defiende todos estos preceptos, que además parece no tener el equilibro mental suficiente para ocupar un puesto presidencial, pudo ganar las elecciones con tanta holgura en el balotaje?

Se han escuchado análisis del papel de los medios de comunicación y de como Milei fue capaz de dar una lucha cultural en la que, volviendo a los 90, se pudiera plasmar con el término “ideas de la libertad” aquello del individualismo y de la inexistencia del Estado como mecanismo meritocrático para que aquellos que “merecen” alcanzar el bienestar lo puedan hacer. Si bien esto puede llegar a ser parcialmente cierto, la verdad es que el poder sobre los medios de comunicación no ha cambiado sustancialmente en los últimos años y es similar que cuando los gobiernos de tinte progresista lograron victorias importantes incluso en primera vuelta. 

Asimismo, si bien el “fenómeno Milei” ha inspirado cierta discusión en algunos sectores sobre como se debe organizar la sociedad y el papel del Estado, y sabemos que las ideas de las clases dominantes son hegemónicas y como dice García Linera se encuentran “sedimentadas” al interior de nuestras sociedades, no podemos decir que la mayoría del pueblo argentino se haya inclinado a las ideas más reaccionarias del capital, a ideas que claramente deterioran la soberanía del país y se alinean con los intereses que quieren a la región subsumida a una simple colonia de Estados Unidos; eficientes paraísos fiscales con sociedades incapaces de organizarse y movilizarse para reclamar un solo derecho.

“Es la economía, estúpido” es una frase que se popularizó desde Clinton hasta nuestros días y que puede resumir un poco que es lo que ha pasado en la Argentina. No es que de repente los argentinos y argentinas se convirtieron en neoliberales anti derechos; es que las condiciones materiales críticas en las que viven, responsabilidad de los últimos gobiernos (en especial de la enorme deuda asumida a instancias del macrismo), pero amplificadas y sin respuesta en éste (al cuál se colocaron importantes expectativas), han generado un hartazgo en la sociedad que reclama un cambio radical al estilo del “que se vayan todos” del 2001. 

Es que con 140% de inflación; con niveles de pobreza superiores al 40% y sobre todo alta pobreza infantil; con trabajadores formales, que son la minoría, debajo de la linea de la pobreza; y con una moneda devaluadísima, no se puede esperar otra cosa que una imperiosa necesidad de cambio. Un sentimiento incluso de querer romper con con todo lo que está establecido, por eso Juntos por el Cambio salió tercero, porque es parte del problema; por eso el peronismo perdió la elección, porque son considerados parte de los que destruyeron certidumbres mínimas de bienestar, y contra eso no se puede. 

No se puede aunque la identidad peronista esté muy viva, no se puede aunque se tenga una estructura territorial que penetre en casi todos los rincones del país, no se puede aunque el otro se esté rifando las luchas y sus conquistas.

Y todo lo anterior es un caldo de cultivo que germina en los límites mismos de la democracia, no fuera de ella. Germina para amplios sectores de la sociedad para los cuales defender la democracia queda reducido a procedimientos institucionales para elegir elencos gobernantes, y nada mas que eso. 

Ese malestar con la Democracia permite que aquellos que vienen de afuera con discursos simplistas y que señalan un enemigo, apelando a ese pensamiento sedimentado de que han sido estafados pueda tener réditos. Pero está claro que no es que la gente compartía sus ideales, la gente decía “no concuerdo con sus ideas pero quiero un cambio”. 

Cuando las instituciones no brindan las garantías y las certezas a la ciudadanía los desbordes del descontento se hacen notar, y ahí está el problema, se manifestó en la figura de un ultra reaccionario porque ni siquiera estaba la opción de patear el tablero por izquierda y encontrar una perspectiva progresista para dar respuesta. 

El peronismo, que juega en todas las canchas, tampoco logró colocar sobre la mesa un camino programático que permitiera a quienes vienen sufriendo lo peor de la crisis, ver con claridad la salida. Colocó en la disputa al ministro de economía de esa inflación desbocada y alguien que solo podía ser apoyado porque lo que tenia enfrente es un peligro para todos y todas las demócratas; pero es una estrategia arriesgada, pues encuentra techos en los limites mismos que esa democracia esta expresando para muchos argentinos y argentinas. 

Quienes celebraban en la 9 de Julio no eran grandes terratenientes ni personas con grandes lujos, quien pasaba por ahí se daba cuenta que en ese movimiento transversal se encontraba mucho pueblo trabajador, mucha juventud que reclamaba algo bien simple y que solo Milei se encargó de infundir, a pesar de que sabemos que es mentira y tendrá costos para esa misma gente que festejaba: que la crisis actual no era culpa de la gente, que otros se habían enriquecido a costa de desatarla, prometiendo un futuro más prospero, con estabilidad y en el que llegar a fin de mes no sea una utopía. Esos deseos tan sencillos, que no tienen nada que ver con los vouchers en la educación o la motosierra, eran los que movían a la gran mayoría del pueblo.

Estas elecciones y resultados nos dejan un conjunto importante de lecciones y desafíos en la Argentina y en el conjunto de los países de nuestra América. Lo primero es que la defensa de la Democracia se realiza cumpliendo sus principales cometidos sustantivos. Cuando no se garantiza el bienestar de la población de manera sistemática, cuando los niveles de desigualdad y de pobreza son tan escandalosos, se quiebra uno de sus pilares centrales y se degradan acuerdos relevantes que hacen a la posibilidad de pensar en el desarrollo de nuestros países al margen del odio y la violencia. 

Es imperioso que las izquierdas, o al menos el progresismo, puedan mostrarse como alternativas de superación de esos niveles de desigualdad, como alternativas que permitan generar niveles de bienestar y certidumbre en la población, que puedan mostrarse como disruptivas para subvertir los límites que imponen nuestras estructuras económico-productivas y al mismo tiempo que sean visualizadas como viables. 

No hablamos aquí del debate maniqueo sobre la radicalidad de la estética o el discurso de los candidatos; hablamos del planteo programático que son capaces de colocar en la disputa, la posibilidad de plantear con claridad el origen de las desigualdades que hoy nos atraviesan, la capacidad de identificar los verdaderos desafíos que implicarán las soluciones necesarias para cambiarle la vida a la gente en un contexto global y regional de tanta complejidad, y sobre todo el grado de conciencia que se pueda generar en nuestra sociedad de que es necesario asumir esas tensiones y desafíos para lograr una vida mejor.

En el caso de Argentina, sabemos que no es el peronismo en soledad el que va a conseguir eso, por su forma de concebir el mundo, porque el peronismo es Evita pero también es Menem. Porque el progresismo que esbozo el Kirchnerismo siempre estuvo impregnado de alianzas con sectores ultra conservadores, que al mismo tiempo fue reduciendo su espacio de influencia, forjando cada vez más enemigos entre sectores sociales populares y potencialmente afines. 

El espacio de transformaciones en Argentina deberá barajar y dar de nuevo, esperando que sectores con fuertes compromisos sociales como el que representa personas como Axel Kicillof triunfen sobre aquellos que no están tan lejos de Macri. 

Tampoco es una alternativa, y nunca lo fue, el Troskismo; ese que como decía un canción popularizada en redes sociales creen “que el problema de la deuda se soluciona diciendo: que se vayan todos a la mierda” o que a la deriva del capital financiero desbocado se le puede hacer frente promoviendo la equidistancia y la abstención. 

Finalmente es importante señalar que la defensa del Estado y de la justicia social se debe hacer sin cooptar esas instituciones y conceptos para intereses espurios y/o particulares, porque cuando se degradan esos conceptos es donde se hacen más fuertes los discursos anti estatistas y privatistas. 

Cuando en las universidades los trabajadores son mayormente ad honorem, cuando gobernantes pueden andar en lujosos botes en Marbella mientras su pueblo sufre, cuando se utilizan los impuestos como moneda de cambio para ganar una campaña, es donde cuesta después poner en valor su utilidad y su función social.

En definitiva, hemos vivido días históricos, el conservadurismo neo liberal ha ganado una batalla, pero manifestamos nuestra confianza en que el pueblo argentino se organizará y encontrará las salidas necesarias para volver a garantizar niveles de libertad e igualdad superiores a los que tiene ahora y muy superiores a los que propone Javier Milei. 

Tengan la certeza que estamos con ustedes para luchar contra cualquier intento reaccionario de volver a los 90. Más temprano que tarde, el pueblo del Diego va a estar festejando una victoria popular que lo retrotraiga al camino de la esperanza, la libertad y la igualdad.

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Simpatizantes de Javier Milei frente al Obelisco celebran los resultados de las elecciones presidenciales en las que Milei fue elegido presidente. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.

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