En todo momento y en todos los lugares

UJC

Tal cómo recordó una nota del número anterior de EL POPULAR, en el mes de septiembre se conmemoraron 40 años de la semana del estudiante; esa semana primaveral de agitación política y cultural estudiantil que terminó el 25 de setiembre en una enorme movilización que desde la Universidad de la República tomó masivamente las calles e invadió el estadio Franzini en la zona del Parque Rodó. 

Así, la juventud uruguaya protagonizaba un nuevo hito en la conquista del espacio público; la pretendida “generación del silencio” erigía una nueva tribuna desde donde reclamar por los presos políticos, por la desproscripción de partidos y organizaciones sociales perseguidas por el terrorismo de Estado; para reclamar en nombre de los exiliados y desaparecidos que allí no podían hacerse presente y apuntar el rumbo indeclinable hacia la reconquista democrática.

La semana del estudiante y la marcha al Franzini sin duda fueron un mojón central en la reconquista democrática y la reorganización pública del movimiento estudiantil, sin embargo es un hito que no puede valorarse sólo sobre sí mismo; para visualizar en toda su dimensión el hecho debemos considerarlo más que punto de partida o llegada, como un momento de síntesis en la movilización de masas y la calidad política del contexto histórico, sobre raíces firmes plantadas desde el primer día en que el terror se apoderó del Estado y que debieron resistir hasta el último de sus días. 

Hubo resistencia, movilización y lucha cada uno de los días que componen los 12 años de dictadura; y cada uno de esos días las acciones populares desarrolladas, las victorias conseguidas, los muros pintados en la noche, los volantes fabricados y repartidos clandestinamente, las asambleas y reuniones que sorteaban la censura, se encontraron con la respuesta vehemente de aquellos que, para proteger la riqueza y negocios de unos pocos, le habían declarado desde el Estado la guerra a su pueblo.

El año 1983 fue sin duda un año de síntesis, un paso invaluable en el camino de reconquistar la Democracia; pero ese proceso fue contradictorio, tuvo avances y retrocesos, y sus heroicos protagonistas estuvieron en todo momento y en todo lugar. Al 1° de mayo del 83 y el ascenso de la movilización estudiantil que tras la legalización de las asociaciones estudiantiles y sus revistas temáticas comenzaban a reclamar por democracia, autonomía y cogobierno para la Universidad intervenida; le siguieron numerosos golpes, entre ellos el aprisionamiento de un grupo de estudiantes de Medicina en junio de ese año. Se trataba de un grupo de militantes clandestinos de la FEUU y la UJC. Esos estudiantes trabajaban en la reorganización del movimiento estudiantil, particularmente en la confluencia de la resistencia clandestina de los centros y asociaciones estudiantiles de la FEUU, con la reciente apertura del régimen que permitió la aparición de la ASCEEP; todo lo cual confluiría ese 25 de septiembre en la calle y luego en 1984 se sellaría para siempre en el congreso que recogería ambas etapas de la lucha bajo el nombre de ASCEEP-FEUU. 

1983 fue definido por el Partido y la UJC como un año de ofensiva popular, a través de la lucha y movilización de masas, buscando avanzar de forma decidida en destruir los pilares del silencio, el terror, la persecución y la proscripción a partir de la presencia del pueblo en la calle. La orientación era clara y tenía una concepción señera, cualquier acción particular, desarrollada desde organizaciones específicas, más o menos clandestinas o públicas, solo tenía sentido si lograba desatar e inscribirse en un cauce democrático patrimonio de la enorme mayoría de nuestro pueblo. Consistía en entender y llevar a la práctica aquello que cantaba Zitarrosa: “la justicia no es prenda que conquisten algunos para multiplicarla como pan milagroso; la justicia es trabajo, coraje y ayuno, amor y luz que encienden los pueblos victoriosos”. 

Se trató de una línea de trabajo clara y que se mantuvo firme, a pesar de los numerosos golpes recibidos que buscaron hacerla tambalear. Luego de la marcha estudiantil se desarrolló la enorme movilización en el centro de Montevideo, en reclamo de la liberación de los presos políticos, reprimida sin escrúpulos. Toda esa lucha, también los golpes, confluirían en el enorme “Rio de libertad” del 27 de noviembre de 1983, que pretendió ser la estocada definitiva al terrorismo de Estado. 

El terror no terminó allí, siguieron varios golpes hasta el último día, que dejaron cicatrices en nuestra gente; es así que, en 1984, en los albores de la reapertura democrática, se produce el golpe en San Javier, la caída de Vladimir Roslik y su muerte bajo tortura. Sin embargo, la vocación democrática de nuestra gente, su lucha y resistencia decidida, desarrollada desde la clandestinidad y las calles, la cárcel y el exilio, hizo que la dictadura, nacida herida de muerte desde aquel 27 de junio de 1973 cuando comenzará la resistencia con la Huelga General, se desmoronara.

Y sobra decir, sin duda, que, en el seno de ese pueblo, en el corazón mismo de la movilización estudiantil y la rebeldía juvenil, estuvo la UJC. Desde el primero al último día, estuvieron los y las Jóvenes Comunistas, en todo momento y en cada lugar, abrazando la esperanza, protegiendo los sueños, contagiando el fuego y construyendo el futuro. Es por eso que, en el marco de nuestro 68 aniversario, cumplido al calor de la enorme red de asambleas de comités de base de nuestro Frente Amplio que pone proa a la reconquista del gobierno para la enorme mayoría de los y las uruguayas, elegimos realizar un pequeño pero sentido homenaje a algunos de los protagonistas de esa generación. Al pueblo uruguayo, al movimiento juvenil y estudiantil; pero también, como componente indisoluble de ellos, a la Juventud Comunista, forjadora de rebeldía juvenil. 

El pasado 5 de octubre la UJC homenajeó en una actividad de conmemoración a 3 protagonistas de entonces; y en ellos, a los miles de jóvenes que desarrollaron la resistencia y reconquistaron la democracia. Fueron distinguidos Felipe Martín, miembro de la dirección clandestina de la UJC en 1983; Lucía Arzuaga, militante estudiantil universitaria, integrante de la FEUU clandestina, expresa política y militante de la UJC en 1983; y Marcelo Abdala, presidente del PITCNT, delegado por el movimiento estudiantil de secundaria a la ASCEEP en 1983 y miembro actual de la dirección de nuestro Partido. Tomó la palabra en nombre de los actuales militantes de la UJC Natalia Díaz, estudiante de la licenciatura en Filosofía y actual integrante de la dirección nacional. El jueves pasado realizamos un reconocimiento a nuestra historia, que nos compromete con nuestro futuro: luchar como ellos, con amplitud y unidad, en todo momento y en todos los lugares.

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