Estamos de pie

Este domingo concluyó un largo ciclo electoral que inició en junio de 2019 con las internas, continuado en la primera vuelta de octubre, el balotaje en noviembre y ahora las departamentales y municipales.
Este proceso electoral tiene una doble dimensión: definir la correlación de fuerzas en una parte muy importante del poder, la administración del Estado, y, a la vez, establecer -en términos políticos- la correlación de fuerzas general, el estado de la síntesis política e ideológica en toda la sociedad.
La realidad, para transformarla, hay que asumirla como es, no como nos gustaría que fuera. La síntesis política e ideológica expresada en estas elecciones es de retroceso para la perspectiva emancipadora. La pérdida de la mayoría parlamentaria en octubre, del gobierno nacional en noviembre y la de tres intendencias y varios municipios este domingo, lo muestra con claridad.
Sin embargo, en general en el proceso electoral y, en particular, en las elecciones del domingo no es de recibo hacer un balance, como pretenden los analistas del poder, de derrota absoluta o de barrida del Frente Amplio y la izquierda.
El Frente Amplio, como expresión política de la unidad del pueblo, tuvo su peor desempeño en octubre, la militancia frenteamplista y popular protagonizó una enorme remontada en noviembre que nos puso a un paso de retener el gobierno nacional y ahora, en setiembre de 2020, con las elecciones departamentales y municipales, el Frente Amplio, a pesar de perder espacios institucionales muy importantes, no siguió cayendo, se mantuvo en números gruesos en la votación de octubre.
En noviembre titulamos EL POPULAR: “Ganaron pero no nos vencieron”. Creemos que es una conclusión política que mantiene su vigencia luego del domingo.
La coalición de derecha en el gobierno, conformada por 5 partidos, puso todo el poder al servicio de la conquista de sus objetivos. Al poder económico, financiero y mediático, le agregaron el uso sin pudor de las estructuras del Estado a favor de las y los candidatos de la derecha, en particular del Partido Nacional. Hablamos de la intervención directa en la campaña del presidente de la República, Luis Lacalle Pou, y de varios de sus ministros. También de la utilización de mecanismos clientelares, a la vieja usanza, a nivel departamental y nacional.
La coalición de derecha ganó 16 intendencias, 15 el Partido Nacional y 1 el Partido Colorado, que mantuvo Rivera. Ganó además 92 municipios. El Partido Nacional logra 89, 3 en Montevideo, retuvo el CH y el E y ganó el F, y el Partido Colorado 3.
El Frente Amplio logró retener, con importantes votaciones, tres intendencias clave: Montevideo, Canelones y Salto, que en conjunto reúnen casi el 60% de la población del país. También logra 32 municipios, de ellos 21 en Canelones y 5 en Montevideo.
Pero profundizando el análisis, en las dos dimensiones que señalábamos más arriba, hay un dato de enorme relevancia política que no se está resaltando como merece: el Frente Amplio sigue siendo, con luz, la primera fuerza política del país, mantiene su votación, en porcentaje y en votos, con respecto a octubre; mientras la coalición de derecha baja en porcentaje y en votos. Para ponerlo en números, lo hacemos grosso modo porque aún tenemos el escrutinio primario del domingo, la coalición de derecha pierde unos 200 mil votos con respecto a octubre y el FA mantiene y crece en porcentaje.
Esa es una tendencia central que no se puede obviar. Si fuera en sentido contrario sería de lo único de lo que se estaría hablando.
Pero además quedan planteados problemas políticos para el futuro de la coalición de derecha. El Partido Colorado votó muy mal, perdió votos con respecto a octubre y no incrementó su presencia institucional. Cabildo Abierto votó muy mal en todo el país, perdió decenas de miles de votos. El Partido Independiente queda reducido a una presencia electoral más marginal aún que la de octubre. El Partido de la Gente queda reducido a Montevideo. El viraje del PERI, votando la LUC y apoyando a Laura Raffo en Montevideo, lo hizo perder miles de votos.
El Partido Nacional, y el Herrerismo particularmente, están fagocitando a la coalición, lo que coloca un grado de incertidumbre hacia el futuro para esta construcción política que vino a sustituir el casi bicentenario bipartidismo, elemento central del ejercicio de dominación política de las clases dominantes uruguayas, que la lucha popular y la unidad expresada en el Frente Amplio hicieron saltar por los aires.
Es que eso estamos viviendo en términos políticos, la construcción de una nueva forma de dominación política por parte del bloque de poder en nuestro país.
Es por eso, que sin quitar un milímetro de importancia al retroceso que implicaron estas elecciones, hay que poner al lado de esto las tendencias que forman parte de la misma realidad, que es una sola, y que permiten construir una perspectiva de lucha para enfrentar la restauración conservadora y avanzar.
En ese marco las victorias en Montevideo, Canelones y Salto del domingo tienen una relevancia fundamental. Y es bueno rescatar las tres porque también es mentira que se haya consolidado la división del Uruguay en Montevideo y el Interior, tomado como un todo homogéneo, de derecha y blanco.
En Salto, Andrés Lima logra la reelección, es el primer intendente frenteamplista reelecto en ese departamento, con una muy buena votación, enfrentando una campaña furibunda de la derecha, con presencia casi permanente de dirigentes nacionales de la talla del presidente de la República y del secretario general del Partido Colorado, el ex presidente Julio María Sanguinetti.
En Canelones, Yamandú Orsi logra la reelección, con una muy buena votación, que es similar a la de 2015 y superior a la de octubre. En Canelones el Frente Amplio obtiene 21 municipios de 30, uno más que en 2015 y la bancada frenteamplista más grande del país, con 20 ediles.
En Montevideo, Carolina Cosse es electa intendenta con una votación del Frente Amplio superior a la de octubre, creciendo, enfrentando a una campaña de Laura Raffo que, en gasto y en despliegue, fue de dimensión presidencial.
Hay que señalar que pese a toda la campaña mediática por presentarla como una triunfadora, Raffo fue derrotada en toda la línea. Fue respaldada por una coalición de partidos que nucleó al Partido Nacional, el Colorado, Cabildo Abierto, el Partido Independiente, el Partido de la Gente y hasta el PERI y los resultados fueron muy magros. Sacó menos votos que los que en octubre recogieron los partidos que la apoyaron y no movió la aguja con respecto a los votos que consiguió la Concertación en al capital en 2015.
El Frente Amplio mostró el potencial de su unidad en la capital superando nuevamente el 50%, creciendo con respecto a octubre. Es cierto que la pérdida de otro municipio, el F, y la no recuperación de los otros dos que había perdido en 2015, el CH y el E, muestran las dificultades que tiene el FA en la capital y también en varios departamentos del interior del país, con la clara excepción de Canelones, para insertarse en la realidad municipal. De hecho el FA ganó en el Municipio F la elección a la intendencia y la perdió en lo municipal. Eso también ocurrió a nivel global en el departamento, la coalición de derecha sacó más votos que el FA en la elección municipal, miles de votantes frenteamplistas no votaron en lo municipal, a pesar de que se mejoró con respecto a 2015.
Pero la campaña desplegada por el Frente Amplio; por la candidata y los candidatos a la intendencia, Carolina Cosse, Alvaro Villar y Daniel Martínez; por los sectores políticos y por la militancia de base frenteamplista, lograron una victoria fundamental, conquistando el gobierno departamental por séptima vez consecutiva.
Para terminar estos apuntes, y teniendo claro que lo central es la votación del Frente Amplio y su unidad, tenemos que destacar el triunfo de Carolina Cosse y la votación de la 1001 y sus alianzas en todo el país.
Cosse, como lo señalamos en el editorial anterior, gana por méritos propios en una gran campaña, unitaria y frenteamplista, pegada a la militancia popular, confrontando con la derecha y respaldada por una construcción unitaria de enorme perspectiva.
La 1001 se consolida como segunda fuerza del FA en varios departamentos, Montevideo entre ellos, primera en San José, con una gran votación en Canelones y en general en todo el país. Para graficarlo y a cuenta de un análisis más a fondo, la 1001 pasa de 9 ediles en 6 departamentos, obtenidos en 2015, a 26 ediles en 16 departamentos en 2020.
Ese avance implica una gran responsabilidad y estará siempre al servicio de la unidad del Frente Amplio y de la lucha del pueblo.
La conclusión de este primer análisis es que, en el marco de un retroceso político significativo, de la ofensiva de la derecha y el poder, el Frente Amplio se mantiene como la principal fuerza política del Uruguay, crece en votación con respecto a octubre, tiene más de 900 mil votos, tres intendencias clave, 32 municipios y presencia en todas las Juntas Departamentales.
El domingo ratifica que es imprescindible profundizar el proceso de autocrítica y rectificar errores, pero lo hacemos en medio de la lucha.
Queremos saludar a la militancia frenteamplista que dejó el alma defendiendo la perspectiva popular. Por eso el título: Estamos de pie.