Fascismo nunca más: Viva la Huelga General

Un día como hoy, 27 de junio, pero hace 52 años, el presidente de la República, Juan María Bordaberry, electo por el Partido Colorado, dio un golpe de Estado, con el apoyo de la oligarquía, los sectores fascistas de la Fuerzas Armadas y la derecha y el imperialismo yanqui; comenzaban 12 años de dictadura. En el mismo momento, la clase obrera, con su central única, la CNT, acompañada por la izquierda y el movimiento popular, convocó a la Huelga General para defender la democracia y la libertad e inició 12 años de resistencia.

Siempre, y en este año que conmemoramos los 40 años de recuperación de la democracia más aún, es muy importante recordar el doble carácter del 27 de junio: es el día en que la oligarquía, los sectores fascistas de la derecha y las Fuerzas Armadas y el imperialismo yanqui dieron el Golpe de Estado, pero también es el día en que el pueblo, con la clase obrera a la cabeza, le respondió con una Huelga General.

La polémica en torno al carácter del golpe de Estado, y de la dictadura que inició, y al papel del movimiento popular y de la izquierda en la defensa de la democracia y la libertad, no es inocente, ni se refiere solamente al pasado, tiene una vigencia enorme.

Golpe y dictadura fascista

Por eso es importante reiterar algunos conceptos, que ya hemos señalado en editoriales de EL POPULAR en esta fecha. Bordaberry, colorado, latifundista ganadero, proveniente de la Asociación Rural, dio el golpe de Estado. 

Es relevante volver a decirlo, porque desde el mismo momento del golpe, durante los 12 años de la dictadura, e incluso hoy, se intenta diluir su responsabilidad y más todavía, se intenta responsabilizar por el mismo a quienes lo enfrentaron y resistieron. 

Bordaberry, mientras daba el golpe y se transformaba en dictador, esa misma noche, culpaba “al marxismo y a la subversión”. En un cínico discurso, emitido por radio y televisión el mismo 27 de junio de 1973, Bordaberry dijo: “Afirmo hoy, una vez más y en circunstancias trascendentes para la vida del país, nuestra profunda vocación democrática y nuestra adhesión sin reticencias al sistema de organización política y social que rige la convivencia de los uruguayos. Y va con ello entonces el rechazo a toda ideología de origen marxista que intente aprovechar de la generosidad de nuestra democracia, para presentarse como doctrina salvadora y terminar como instrumento de opresión totalitaria”. 

Establezcamos entonces, con claridad, las responsabilidades políticas e históricas: el decreto N°464/973 del 27 de junio de 1973 lleva la firma de Bordaberry. Nos referimos al decreto que disolvió el Parlamento, creó un Consejo de Estado, suspendió las garantías individuales, y otorgó a la Policía y las Fuerzas Armadas potestades para garantizar los servicios públicos básicos.

Se dice, con razón, que el golpe de Estado del 27 de junio de 1973 no fue un hecho aislado, fue la culminación de un proceso histórico. Ese proceso venía de más de una década atrás, la oligarquía financiera y latifundista, a través de sus representantes directos en el gobierno, promovieron la acción represiva del Estado, militarizaron los sindicatos, asesinaron estudiantes y trabajadores, impulsaron y protegieron a grupos para policiales de provocación como la JUP y a los escuadrones de la muerte. Ese proceso de degradación democrática, de crisis, de ajuste contra el pueblo, de sometimiento al FMI y al imperialismo, tuvo un punto importante en 1964, cuando se produce el golpe de Estado en Brasil y una intentona fracasada aquí en Uruguay.

La derecha en el gobierno, a través del también colorado Jorge Pacheco Areco, acelera el vaciamiento de las instituciones democráticas, en junio de 1968 implanta las Medidas Prontas de Seguridad y les da un carácter permanente. Con el gobierno de Bordaberry, se intensifica el vaciamiento de la institucionalidad democrática, primero se ataca la independencia del Poder Judicial otorgando a los Tribunales Militares competencia en asuntos civiles, luego se entrega parte de las potestades del Poder Ejecutivo a los militares con la creación del Consejo de Seguridad Nacional, y finalmente se consuma el asalto al Poder Legislativo. 

La respuesta popular es muy importante, se concreta la unidad sindical, se generalizan las luchas obreras y estudiantiles, adquieren una gran dimensión de masas, se viven las primeras experiencias de unidad de la izquierda, como el FIDEL y la Unión Popular. También actúa el MLN, con sus acciones de propaganda armada.

La derecha responde con más represión, se producen los asesinatos de Líber Arce, Hugo de los Santos, Susana Pintos, Heber Nieto, entre otros. También el asesinato de los ocho obreros comunistas en el Seccional 20 del Paso Molino. Se generaliza la tortura.

Las clases dominantes enfrentaban dos desafíos claves en la década del 70. El primero de carácter estructural: Uruguay llega a 1973 tras casi dos décadas de estancamiento económico; se necesitaba un monumental ajuste para garantizar los privilegios de las clases dominantes. El segundo de carácter político: el movimiento popular venía concretando un proceso creciente de acumulación de fuerzas, como dijimos, se había unificado en el movimiento sindical, y luego se creaba el Frente Amplio, el añejo mecanismo de dominación política de las clases dominantes, el bipartidismo, entraba en crisis.

Es todo ese proceso del que hay que hablar, del avance popular y de la respuesta de los sectores de poder para defender sus privilegios. Todo eso omiten quienes, interesadamente, reducen la crisis a los episodios de febrero de 1973.

Por eso lo queremos reiterar, con claridad, el golpe de Estado es parte central de la estrategia de un sector de las clases dominantes, la rosca oligárquica financiera, para cortar de cuajo la acumulación política y social del movimiento popular y para permitir y garantizar el ajuste económico bestial que se proponían hacer. Y se enmarcaba además en una estrategia continental de dominación de EEUU, que sembró de dictaduras América Latina.

Cuando decimos, en polémica que no rehuimos, que el golpe y la dictadura en Uruguay no fueron militares, fueron fascistas, no es por un preciosismo semántico. Tampoco es solo porque el golpe lo dio Bordaberry y hasta 1981 hubo dictadores civiles, ni porque el presidente del Consejo de Estado, los ministros de Economía, de Ganadería, el Canciller y otros cargos claves siempre fueron civiles. Tampoco lo hacemos sólo por la utilización sistemática del Terrorismo de Estado y la represión. Decimos que fue fascista por su carácter de clase, con un predomino de los sectores del capital financiero y el latifundio y por su vinculación orgánica con el capital trasnacional y el imperialismo yanqui.

La Huelga General

El otro elemento histórico, fundamental, fue la respuesta al golpe de Estado: la Huelga General. Antes de la fundación de la CNT, en 1964, ante el golpe en Brasil, el movimiento sindical uruguayo discutió y resolvió que respondería con una huelga general a un golpe de Estado. Esta decisión fue discutida en cientos de asambleas, el compromiso democrático de la clase obrera uruguaya fue un factor fundamental en su proceso de unidad, y luego se ratificó en el Congreso de la CNT.

En la madrugada del 27 de junio, la CNT lanza la consigna de la huelga general con ocupación

de centros de trabajo. Miles de trabajadoras y trabajadores ocuparon en defensa de la democracia y la libertad. Los estudiantes hicieron lo propio en las facultades y en la Universidad y se sumaron los estudiantes de secundaria y UTU.

Miles de hombres y mujeres, de muchachas y muchachos, escribieron una de las páginas más hermosas de la historia nacional. La Huelga General, en tanto expresión del protagonismo popular organizado como factor democrático y de defensa de las libertades, solo se puede comparar con el Éxodo artiguista y con el No del 80.

Las fábricas eran desocupadas por las fuerzas represivas y se volvían a ocupar. Miles fueron despedidos, apaleados y detenidos. Fueron tantos los presos que tuvieron que habilitar el Cilindro Municipal como cárcel. Los estudiantes pagaron un alto costo por su compromiso democrático: durante la Huelga fueron asesinados Ramón Peré y Walter Medina.

La Huelga General es uno de los episodios más hermosos y profundos de convicción democrática de la historia nacional y los protagonistas centrales fueron los trabajadores.

Es cierto que no logró frenar la instalación de la dictadura, entre otras cosas porque salvo la del FA, no contó con un amplio respaldo político para hacerlo. Pero sin Huelga General la resistencia dura y permanente de 12 años hubiera sido imposible o mucho más difícil. 

La Huelga General y su ejemplo, alumbraron cada 1 de Mayo, cada 14 de Agosto, cada 27 de junio, cada paro, cada movilización, el NO del 80, el 1 de Mayo de 1983 y de 1984, la Semana del Estudiante de 1983 y el Obelisco.

La lucha contra el fascismo, la resistencia, la recuperación de la democracia, fueron obra del pueblo uruguayo, se lograron por que un amplio espectro de sectores sociales y políticos, toda la izquierda y sectores democráticos de los partidos tradicionales, se pronunciaron y a su manera lucharon por ello.

Pero, este día, sin atisbo alguno de sectarismo, queremos reivindicar el compromiso de El Popular, el diario de la Huelga General, el que fue clausurado por cubrirla. Y también el compromiso y el heroísmo, individual y colectivo, de las y los militantes de la UJC y el PCU, en la defensa de la democracia y la libertad y en no darle un minuto de tregua al fascismo.

Hoy, como hace 52 años, desde estas páginas decimos con orgullo y convicción: ¡Viva la Huelga General!

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