¡Gracias presidente!

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Por Victoria Alfaro (*)

Y temblaron las raíces…
Aquel 1° de marzo del 2005 cambió la historia, ese 28 de febrero nos quedamos en vela toda la noche esperando ese “nuevo amanecer” que anunciaba el Frente Amplio, con Tabaré Vázquez a la cabeza.
Y el sol salió, lo hizo con fuerza, como lo prometió Tabaré detrás de aquel monte y desde ese día iluminó durante 15 años. Esa llama sigue ahí esperando, alimentándose de nuestros aciertos y de nuestros errores. Las cenizas del ave fénix de la esperanza están ahí y fueron agitadas aquella noche en la Plaza Lafone.
“¡No te rindas!”, repitió una y otra vez Tabaré y una avalancha de sonrisas recorrió la multitud que se bebió aquella frase con ansias, con un hambre acrecentada por nuevas victorias por venir.
“¡No te rindas!”, repitió conmovido desde el estrado, en su barrio, La Teja. Esa frase se afincó en cada uno de los presentes y también fue repetida hasta el cansancio por miles de almas en cada rincón de esta “penillanura levemente ondulada”.
Hoy con una pandemia que viene en aumento, que plantea miles de interrogantes sobre el futuro de las “uruguayas y los uruguayos” (cómo a Tabaré le gustaba decir), ese exhorto de Vázquez aquella noche cobra más fuerza que nunca.
Esa frase fue guardada en la memoria y reflotó como un relámpago el domingo pasado cuando los orientales se despertaron con la funesta noticia de su fallecimiento. Esperable, claro que sí, pero no menos dolorosa, y así con la tristeza a flor de piel, durante la mañana, comenzaron a brotar las banderas en los barrios, en las casas, en los autos, amarradas a una cuerda de colgar ropa, a la reja de la puerta, clavada con orgullo en la chimenea, agarradas a las ventanas del auto y así las enseñas frenteamplistas se apropiaron de las calles.
Desde temprano el comentario era generalizado, ¿viste que se murió Tabaré?, se preguntaban los vecinos y las vecinas, unos a otros. Las redes sociales explotaron con caritas tristes, con recuerdos y anécdotas. Los agradecimientos fueron expresados allí durante todo el día y más, por todo lo que significó, por estos quince años de gobierno del FA, por su labor de médico especialista en el cáncer, por su lucha contra el tabaquismo, etc.
Miles de fotos recordando cuando entregó las primeras ceibalitas en las escuelas, cuando hizo lo mismo con las tablets para los jubilados. Otras imágenes inaugurando nuevos hospitales públicos sin nada que envidiarle al sector privado, o aquella otra imagen cuando fue intendente de Montevideo y recorría la calle a pie junto al entrañable Líber Seregni.
Fotos de su juventud, de su familia, junto a su compañera de toda la vida, María Auxiliadora Delgado, quien fue su apoyo constante en tantos trajines. Otras fotografías antiguas junto a sus hijos pequeños. Aquellas memorables estampas en los actos más recordados de nuestra historia reciente, cuando asumió el gobierno nacional en marzo en el 2005 o cuando cerró dicha campaña electoral en el 2004. Miles en la calle pintados de rojo, azul y blanco, con la alegría reflejada en sus rostros, enarbolando banderas uruguayas.
Mensajes de todas partes del mundo, de naciones enteras, de presidentes y de ex presidentes, de personalidades de la cultura, del arte y del pensamiento, recordando sus aportes a nivel internacional, su apuesta por la integración regional y su acérrima defensa de la salud pública.
Tabaré se transformó en leyenda, claro que sí, porque fue una de las caras más visibles de que se podía cambiar, que no era cierto aquello de que “todo va a seguir igual” y que todos los partidos políticos “son lo mismo”.
Un país que en quince años se transformó, se vistió de colores con la diversidad y salió a la cancha a hacer goles, que mejoró la cultura, la salud, la educación, la vivienda, los salarios, el acceso a internet y al mundo. Que promovió la conexión internacional en todos los ámbitos del saber e incentivó la investigación científica. Un país que soñó en grande y sigue soñando (mal que les pese a algunos), porque sabe que se puede y se debe hacer más…
Quince años de aciertos y errores, claro que sí, faltó mucho por hacer, construir no se hace de un día para el otro y destruir es demasiado fácil. Lo vemos hoy en día con la restauración conservadora desde el gobierno, que en medio de una pandemia sin precedentes en la historia contemporánea, en pocos meses aumentaron las tarifas públicas, nos subieron los impuestos, nos encajaron a la fuerza una ley (la LUC) de baja estofa, repleta de represión y marchas atrás, pero muy atrás. Un presupuesto nacional que viene con una tijera incorporada en cada artículo y una ley de medios que no sabe cómo ser más lambeta de los dueños de los grandes medios de comunicación y de las empresas multinacionales.
El domingo Tabaré pasó a ser parte de lo mejor de nuestra historia, quedó demostrado en el cariño de la gente al despedirlo: miles llorando ante el pasaje de su carroza funeraria, una enorme caravana de coches, de varios quilómetros que no terminaba de pasar. Se tomaron todas las medidas sanitarias porque así lo quería Tabaré.
Allí estaban las uruguayas y los uruguayos embanderados y con mascarillas, esos mismos tapabocas que no pudieron frenar el grito emocionado y unánime de:
¡Gracias presidente!

(*) Periodista, editora de el Portal de EL POPULAR www.elpopular.uy