Un presupuesto adecuado, una justicia preparada, una cultura que cambie la mentalidad de la sociedad son solo algunas necesidades para cambiar una realidad que duele.
Los uruguayos y uruguayas nos vimos sacudidos por el reciente asesinato de dos niños a manos de su padre, se trata de un caso de violencia vicaria definida por Amnistía Internacional como una forma de violencia de género en la que los hijos de las mujeres son instrumentalizados como objeto para maltratar y ocasionar dolor a sus madres.
La estadística oficial, que lleva el SIPIAV, dice que al menos 13 niños murieron por violencia vicaria entre 2023 y lo que va del 2025. La violencia de género y sus consecuencias son una realidad sistemática y constante que continúa sin tener las respuestas adecuadas de protección y reparación por parte de las instituciones.
La senadora (S) del Frente Amplio Lilian Abracinskas actual directora de la ONG Mujer y Salud, fue consultada por EL POPULAR sobre un tema que nos interpela como seres humanos.
– ¿Qué hacer ante casos tan dolorosos como estos?
Estamos frente a una dimensión de las relaciones tóxicas, inequitativas y abusivas de poder, que el movimiento feminista denuncia desde hace décadas y las abordamos cuando tenemos estos casos extremos que impactan. Porque además hay sectores de la población que lejos de reconocer el problema, rápidamente se asumen como asignadores de culpas, por eso, siempre quiero recuperar los procesos. El movimiento feminista y de mujeres se reconstruye desde 1985 en adelante, tuvo el muy doloroso compromiso y tarea de hablar de algo que a nosotras nos dolía, hablar de como los ámbitos familiares, los modelos de familia, el mandato social de las relaciones jerárquicas de poder dentro de una familia generaba violencias, injusticias, abusos y maltratos. Y no nos creyeron.
Muchas veces hubo una enorme resistencia y por eso recién en el 2002 hubo un cambio del Código Penal y reconocimiento sobre que la violencia intrafamiliar y sexual existe y no podía ser negada ni descuidada desde el Estado.
En ese momento hubo una discusión y sigue siendo complicada, de como en los asuntos íntimos y familiares se entromete o se responsabiliza el Estado. Lo interesante es que cambien las formas, las culturas, la manera y la conciencia de un relacionamiento de otro tenor y nivel, porque, de lo contrario no habrá Policía, ni sistema de Justicia, ni Políticas Públicas, por más que invirtamos todo lo necesario, sino cambia esa cuestión.
Entender que vivimos en sociedades patriarcales cuyo núcleo fortalecedor es la familia concebida como desde un pater familia que es el que provee y por lo tanto tiene la autoridad autoritaria de exigir respeto, es parte de lo que tenemos que hablar en estas situaciones.
Y no alcanza con tildar de monstruo a nadie, ni culpar a quien sea, ni hablar del caso tratando de poner en público una situación familiar que es de un dolor inenarrable para quienes están involucrados directamente, sin ninguna duda la madre de estas dos criaturas, pero también el entorno.
Y si bien acá habrá que buscar responsabilidades en torno a la omisión porque tenemos protocolos y hay mandatos de cómo actuar, esto nos tiene que hacer pensar de cómo seguimos negando que esto existe, cómo podemos seguir culpando al movimiento que puso sobre la mesa esta dimensión de la desigualdad como el responsable de que estas cosas pasen porque tironeamos demasiado de la cuerda.
No tenemos una Justicia preparada para aplicar justicia de género. Ahora se denuncia más, podemos medir algo que estaba naturalizado como el dicho de los trapitos sucios se lavan en casa. O sea, negar que una forma violenta de imponer respeto solo afecta a la mujer que lo provoca, pero no tendrá impacto sobre los hijos es absurdo.
¿Por qué? Porque alguien que entiende que la manera de imponer su autoridad es mediante la violencia y el abuso lo va a hacer con cualquiera que esté por debajo de su radio de poder.
Suele ser muy común que los que son muy violentos con hijos, mujeres y débiles suelen ser bastante menos violentos con la jerarquía de arriba. Y esto tiene que ver con un modelo de socialización de los varones. El esquema del macho alfa existe en la socialización de los varones y para llegar a ser el macho alfa tenés que ser o amigo del macho alfa o pelear por ser el alfa.
Y esto tiene que ver con la socialización de los varones que es cuando hablamos de género. No solo con la relación inequitativa y asimétrica de poder entre hombres y mujeres, sino con los modelos en los que socializamos a los varones y a las mujeres. En los varones el conflicto se resuelve al final por el que tiene más fuerza o más poder, y en las mujeres se resuelve tratando de buscar redes de solidaridad que te apoyen, porque te encontrás con un sistema que niega, primero, que sos un sujeto de derecho, y segundo, que lo que estás diciendo es cierto. Por definición, se desconfía de lo que las mujeres decimos.
-¿Cómo se llega a estas 40.000 denuncias anuales de violencia de género?
En el 2002 este delito no se medía, salvo que estuviese unido a los infanticidios o un homicidio que encima se los catalogaba como crimen pasional. Acordémonos desde dónde venimos, porque si no después todo el mundo cree que es mágico el cambio. Si alguien cree que haciendo nada o haciendo lo mismo se van a lograr cambios, es imposible.
Hubo que crear un marco normativo con la Ley Integral de Violencia basada en Género. Estamos hablando de hace 8 años con toda la resistencia habida y por haber que hubo que transitar para aprobarla desde el Legislativo hasta en el Poder Judicial.
Recién en este Presupuesto hay un mandato de todos los incisos de todos los ministerios, de que tienen que tener medidas para la igualdad de género para superar las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres.
Cuando se cuestiona un sistema de desigualdad que pone en cuestión la naturalización de injusticias y desigualdades, quien tenía el privilegio en ese sistema se va a resistir. Sino fuera así la lucha de clases la habríamos logrado hace rato, sin embargo, la desigualdad de clase cada vez se hace más aguda. En este país y en el mundo los ricos cada vez concentran más la riqueza y la desigualdad, la injusticia y la pobreza campea rápidamente. Y como pasó en Uruguay con cinco años de desatención se te disparó la desigualdad y lo tenemos en la evidencia: nos encontramos con una situación donde el país está más endeudado que en 2019 y que gastó mucho más de lo que se dijo.
El gobierno anterior dejó deudas y un presupuesto absolutamente comprometido para este 2025 y un déficit fiscal con muy poco campo de espacio para poder abordar todos los compromisos que queremos. Esa es la realidad ¿eso alcanza? No. La ley de violencia basada de género habla de reparación.
Cuando llegás a este desenlace es claro que nadie intervino a tiempo en esta situación y este es un desencadenante horroroso. Creo que tenemos que hacernos cargo. Yo me levanto todas las mañanas y me pregunto ¿qué estás haciendo para cambiar lo que cuestionás? Una siente que por lo menos vas construyendo la evidencia de algo que todavía nos resistimos a cambiar.
Y esto no es solo la derecha, sucede también en los frentes sociales de los partidos políticos de izquierda, que también muchas veces relativizan esto o se suman a las voces de los grupos más ultraconservadores. Hay varones que se sienten interpelados y hay varones que dicen que se sienten atacados por el movimiento feminista. Claro que en algún momento se tienen que sentir atacados, porque los que son honestos tendrán que reconocer por acción u omisión las prácticas violentas de los varones. Tampoco se puede decir que toda mujer por ser mujer es buena o es mala, lo que sí se puede decir es que por ser mujer estás en un sistema patriarcal que te ubica en el lugar de la opresión, en el sujeto oprimido, omitido, controlado.
Hasta hace 100 años no teníamos el derecho de votar, tampoco la patria potestad de tus hijos, de manejar tus bienes, de divorciarte, de estudiar, de participar activamente en la vida social y política. Hemos peleado frente al sistema judicial con jueces que no daban curso a la violencia a la violación intramarital porque lo consideraban débito conyugal. Hemos tenido que pelear y seguimos peleando con operadores y operadoras de la Justicia, que realmente proyectan sus prejuicios y sus preconceptos sobre lo que tiene que ser una mujer y la condena es espantosa.
No hubo la reacción que debería haber en este país sobre las mujeres que son encarceladas con sus hijos e hijas. ¿Y eso por qué? Porque si no se hacen cargo ellas en la cárcel de sus hijos y esas hijas no hay nadie afuera que se ocupe. Tenemos niños internados hasta seis meses en los hospitales porque ingresaron por situaciones de violencia de sus entornos y no hay a donde retornarlos porque sus familias son las que causaron el daño y no hay ningún otro adulto responsable que los pueda cuidar.
Esa es la realidad en la que estamos y cuando emerge un caso horroroso como este, con echar culpas o designar como monstruo al que lo hizo no se arregla nada. Si alguien se queda tranquilo con eso, bueno, allá él o ella, pero las redes sociales se han vuelto tóxicas, hay una cantidad de gente dispuesta a justificar lo que se hizo y además culpar a terceros: al Estado, al gobierno, al Poder Legislativo, a la izquierda, a las feministas.
Ahora bien, las leyes por sí mismas no son más que letra muerta. ¿No será que hay una cantidad de leyes que no se están implementando, no se les dio Presupuesto, no se las articuló o no se las reglamentó? Después salta que estaba el alerta Ámbar, pero no está reglamentada. Y encima si se reglamenta y no viene con recursos, sonamos. Estamos hablando de que hace ocho años que la ley de violencia doméstica no tiene los recursos.























