Más de 300 muertos, de 1800 heridos y decenas de israelíes capturados por comandos de Hamas y llevados a sótanos en la Franja de Gaza, este parecería ser el saldo israelí del ataque sorpresa realizado por comandos de Hamas en el día de ayer. Por su parte, se estima un número similar de muertos y heridos palestinos, entre los comandos muertos y heridos y civiles afectados por los bombardeos de represalia. Y esto es solo el primer día de lo que puede convertirse en un largo y muy sangriento enfrentamiento bélico.
El ataque de Hamas tomó a Israel por sorpresa. La inteligencia israelí que suele jactarse de tener vigilado y controlado los movimientos de sus enemigos palestinos no tenía el menor indicio previo. En el último día festivo de toda una semana de feriados los puestos de vigilancia militar alrededor de Gaza estaban subocupados. No es que Israel no despliegue fuerzas militares todos los días y horas del año, sino que el grueso de las tropas disponibles estaba concentrado en las zonas de fricción entre milicias de colonos israelíes y habitantes palestinos en Cisjordania. El aumento de la violencia cotidiana en Cisjordania que cobra vidas humanas a diario y las provocaciones de extremistas israelíes que insistieron en subir a la explanada de las mezquitas en Jerusalén llevaron el foco de atención de las fuerzas de seguridad israelíes.
El ataque coordinado de fuerzas comando con lanzamientos de misiles demostró una muy alta capacidad militar alcanzada por Hamas. Y desmoronó varias concepciones fijas de la conducción política y militar de Israel. Tras completar los alambrados y muros circundantes con la construcción de un sistema subterráneo de obstáculos que impiden la excavación de túneles, Netanyahu se había jactado que la frontera con Gaza estaba sellada. Sitiado efectivamente por la marina israelí, solo quedaba a las organizaciones armadas de ese pequeño enclave palestino el uso de misiles al cual Israel respondía con bombardeos aéreos y minimizando el daño de los misiles con su sistema de defensa aérea. La concepción era que Gaza podía quedar encerrada y dependiente de la disposición israelí a permitir el ingreso de productos, materias primas y electricidad y la exportación de su muy limitada producción y que de esta manera más de dos millones de palestinos hacinados quedaban neutralizados para lo que las fuerzas gobernantes de lsrael consideran como su principal foco de enfrentamiento, el extender y consolidar su dominio en Jerusalén y en los territorios de Cisjordania. A pesar de que sucesivamente los misiles desde Gaza daban a conocer la no resignación de las organizaciones palestinas, los dirigentes políticos y militares de Israel se adormecieron con su propio relato. Y la población israelí, en el entendible afán por llevar una vida normal, se adormeció tras sus dirigentes. Alrededor de mil jóvenes que participaban en una enorme «fiesta en la naturaleza» en un bosquecito a unos doscientos metros de la frontera con Gaza y a quinientos metros de algunos de sus campamentos de refugiados más empobrecidos, son una evidencia de ese afán israelí de vivir normalmente ignorando la anormalidad que soportan sus vecinos. Decenas de esos jóvenes murieron en el ataque sorpresivo de Hamas a partir de las seis y media de la mañana y una cantidad aun no del todo clara fueron capturados y conducidos a centros de detención en Gaza.
La segunda concepción fija que Netanyahu heredó de Sharon era que la existencia de Hamas en el poder en Gaza era una ventaja estratégica que debilitaba a la Autoridad Palestina y neutralizaba reclamos y presiones para acuerdos de paz. Efectivamente, la división palestina entre una conducción pragmática y moderada de Fatah que domina a las ciudades-enclaves en Cisjordania bajo la Autoridad Palestina y el gobierno islámico de Hamas en Gaza, sirvió como pretexto perfecto para desanimar presiones internacionales y para desmoralizar a los propios palestinos. Israel hizo todo lo posible para consolidar esa división palestina, llegando a pactar con Hamas una y otra vez, tras sucesivas rondas de enfrentamientos, asegurándole financiamiento qatarí. En las rondas bélicas Israel bombardeaba las capacidades ofensivas de Hamas, pero evitaba destruir sus organismos de control interno en Gaza. Ahora queda en evidencia que la consolidación de Hamas en Gaza puede convertirse en un peligro serio para Israel. El gobierno israelí se encuentra ante una encrucijada. Declaró la guerra, pero no aclaró sus objetivos político-militares y principalmente dejó incierta su actitud ante el gobierno de Hamas en Gaza.
La otra concepción que se desmoronó este sábado fue la ilusión de Biden que por medio de un acuerdo entre los principales aliados de EEUU en la región, Israel y Arabia Saudita, se podía recomponer su hegemonía y competir con las rutas comerciales transregionales que esta desarrollando China. Esta concepción imperial complementaba la ilusión israelí de poder llegar a la normalización política con los países árabes conservadores saltando por encima, ignorando, a la cuestión palestina. Pase lo que pase ahora, la cuestión palestina, la situación política y humana irresuelta de millones de palestinos, no podrá ser ignorada en cualquier reordenamiento regional posterior.
Mientras tanto, hay varias incógnitas abiertas. No se sabe si el enfrentamiento bélico con Hamas arrastrará o no mas enfrentamientos en Cisjordania donde desde hace un par de años se libra una constante guerra de «baja intensidad» que como promedio ha costado la vida de dos palestinos diarios (mayoritariamente civiles) y de dos israelíes por semana (colonos, soldados o visitantes ocasionales). Con la presencia en puestos claves del gobierno israelí de extremistas que pregonan la colonización y la limpieza étnica de palestinos están dadas las condiciones para que esta situación se agrave rápidamente. Hamas también lo intentará en su afán por derribar a sus rivales de la Autoridad Palestina. Estos intentaran navegar con moderación y prudencia en medio de la tormenta desatada, apelando a la comunidad internacional que muy limitada protección les ha dado. Las atrocidades cometidas por los comandos de Hamas contra civiles no le ayudan en ese sentido.
Tampoco está claro si Hizbala, la milicia chiita del Líbano se incorporará o no la guerra contra Israel. Por un lado, en los últimos dos años, tras la finalización del conflicto armado en Siria que necesariamente alejaba fuerzas sunnitas como Hamas de chiitas como Hizbala, hubo un publicitado acercamiento basado en concepciones comunes de guerra prolongada contra Israel. Además, Iran, su principal patrocinador alienta enfrentamientos con Israel. Por el otro, Hizbala es también una fuerza política que forma parte del establishment libanés y tiene sus propios intereses y sus tiempos que considerar. El Líbano es un país económicamente semi destruido y el acuerdo con Israel para la explotación de gas frente a sus costas es una de las principales perspectivas de recuperación. La apertura de un frente norteño ante Hizbala, ante milicias chiitas en Siria o ante fuerzas palestinas de los campos de refugiados en el Líbano, implicará para Israel un gran y complejo esfuerzo bélico combinado y costos humanos altísimos para todos los países implicados.
Tampoco está claro si las grandes tensiones entre judíos y árabes dentro de Israel, agravadas por provocaciones racistas de sectores de la ultraderecha, estallarán en hostilidades. No faltan los provocadores que así lo desearían como el ministro de seguridad interna Ben Gvir que encabezó provocaciones en 2021, pero tanto en la dirección política de la población árabe como los sectores más razonables del gobierno desean evitarlo. Difícil saber cómo la dinámica del derramamiento de sangre en Gaza y su posible extensión a Jerusalén y a Cisjordania puede afectar la muy tensa relación cotidiana dentro de Israel.
Tácticamente tampoco queda claro como la presencia de decenas de rehenes israelíes en Gaza limita o no su capacidad ofensiva. Por ahora se iniciaron fuertes bombardeos aéreos e Israel interrumpió el abastecimiento de electricidad a Gaza. La primera reacción política israelí es de unirse contra el ataque enemigo. Las protestas contra la reforma judicial fueron suspendidas. Los dirigentes opositores Lapid y Ganz ofrecen su incorporación al gobierno mientras dure la guerra. Eso sí, piden desplazar a los extremistas Ben Gvir y Smotrich. Netanyahu por razones de supervivencia política no quiere desplazarlos. La sociedad israelí está profundamente conmovida y doliente por las masacres de civiles indefensos a manos de Hamas. Pide venganza contra Gaza y a la vez explicaciones por los fallos de sus sistemas de seguridad. La evidente inoperancia se extiende a la administración central de los sistemas de transporte y de sanidad pública que no estuvieron a la altura de la emergencia y reaccionaron tarde y mal. En materia informativa durante largas horas el publico israelí recibió más información de fuentes palestinas y de las redes sociales que de sus canales de televisión. La sensación de seguridad en la que se basa la supuesta normalidad en la existencia israelí ha sido seriamente trastocada. El hecho que durante varias horas comandos de Hamas hayan controlado varios kibutz, una base militar y una estación de policía tiene un impacto psicológico muy fuerte.
El futuro próximo parece muy sombrío y teñido de sangre. A mediano plazo difícil predecir si van a primar los extremismos intransigentes de ambos lados o el pragmatismo que reconoce las limitaciones de poder. El futuro más lejano parece indicar el fin de una era en la que se pretendió normalizar la vida en Israel, entre Israel y sus vecinos ignorando a los palestinos. Supuesta “normalidad”, también basada en su desplazamiento y despojo























