20220615/ Mauricio Zina - adhocFOTOS/ URUGUAY/ MONTEVIDEO/ SOCIEDAD/ Marcha Nacional Educativa organizada por la Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza del Uruguay (CSEU) desde la Explanada de la Universidad de la Republica (UDELAR) pasando por el Ministerio de Economia y Finanzas (MEF), la Administracion Nacional de Educacion Publica (ANEP) y finalizando en Presidencia de la Republica en Montevideo. En la foto: Marcha Nacional Educativa organizada por la Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza del Uruguay en Montevideo. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS

La educación de lata y La Tahona

La familia Herrera tiene cierto grado de obsesión con la educación, vista desde un ángulo muy particular.

Si tomamos como generación de partida la de Luis Alberto de Herrera, suele recordarse su visión de la educación y sus destinatarios con la célebre frase que, de continuarse aplicando las políticas batllistas, hasta el hijo de un zapatero iba a terminar siendo bachiller. Esta frase, hija del espanto ante el despliegue de la educación media en el territorio nacional, es reveladora de la visión de que la educación, particularmente a ciertos niveles, no debe ser para todos.

Esa visión proviene de una lógica. A la más rancia oligarquía, al gran capital, a todo quien explota a las grandes mayorías populares, a veces en condiciones de servidumbre feudal o cercanas a la esclavitud, no le sirve que la Educación llegue a todos. Porque quien se puede educar, se puede cuestionar y reconstruir, puede levantarse y protestar y peor aún, querer transformar. Por necesidades objetivas de los procesos productivos es necesario que una amplia masa de trabajadores sea capaz de leer un manual para operar una máquina. o escribir para comunicar las novedades de su turno, o manejar la aritmética elemental para los cálculos necesarios a la hora de hacer diluciones, mezclas, etc. Pero para ello con la escuela primaria alcanza y sobra. La educación media, y abrir la puerta a la Filosofía, o a la Historia con mayor profundidad, o al pensamiento científico más sistemático, no sólo no es necesaria desde la visión del que domina, sino que resulta inconveniente y peligrosa. La lógica tras la frase de Herrera es que las grandes masas deben “aprender” exactamente lo requerido en los procesos productivos, pero ni una pizca más, y debe estar reservado de forma exclusiva para los explotadores y sus herederos el exceso a los máximos niveles de conocimiento de cada época.

Si se quiere ver algo casi antipodal, en Sierra Maestra, los barbudos, particularmente el Che, mientras combatían con tenacidad y heroísmo al ejército batistiano, se ocupaban de que quienes eran analfabetos aprendieran a leer y escribir, y que todos estudiaran, aprendieran más, porque tenían muy claro que la Revolución, desde ese entonces y mucho más cuando se alcanzara la victoria militar, se jugaba en buena medida en la formación intelectual y capacidad crítica de cada persona. Allí nació lo que desde hace más de seis décadas es ejemplo a nivel mundial: un país bloqueado, agredido, amenazado, cuya población tiene excepcionales niveles culturales, en el cual la educación a todo nivel es gratuita, en el cual se desarrolla la investigación científica, el arte, toda expresión creativa humana. Un país donde sus científicos desarrollaron varias vacunas para combatir la COVID19, solucionando con conocimiento soberano sus problemas y, además, poniendo esos logros a disposición de los pueblos, desde la lógica de la solidaridad, no del negocio.

La educación abarca procesos complejos, obviamente con contradicciones internas, implica muchos enfoques, formas y estilos. Pero el acceso a la educación es puerta abierta a encontrar alternativas al pensamiento hegemónico, e inversamente, la exclusión de la educación hace muy difícil poder cuestionar el statu quo.

La evolución objetiva de los procesos de producción ha hecho que crezcan las necesidades de formación de amplias masas. En muchas tareas es necesario manejar con solvencia computadoras o instrumentos sofisticados. O es necesario conocer otros idiomas además de la lengua materna, o elementos de otras culturas. Por lo tanto, las sucesivas generaciones de la familia Herrera ya no se espantarían con que el hijo de un zapatero fuera bachiller, pero mantendrían la lógica subyacente en esa frase: las grandes masas necesitan saber lo que el sistema productivo requiere y mayores niveles de formación deben estar reservados a las élites.

De hecho, esa evolución objetiva hace necesario extender la formación de las grandes mayorías, y el nivel medio de la educación pasa a ser crítico y requerido. Pero desde esa lógica de dominación, la educación media debe formar en la aptitudes y habilidades requeridas por el “mercado laboral”, es decir, las capacidades que el gran capital necesita para reproducirse a través de los procesos productivos. Se debe brindar formación “útil”(¿para quién?), “lo que sirve” (¿para qué y a quién?). Cualquier similitud con algunos enfoques de la actual conducción de la educación no tiene absolutamente nada de casualidad.

De hecho, la complejidad de algunos procesos productivos, lleva a que se requieran incluso trabajadores con formación terciaria, por lo cual, cuando dos generaciones después del primer Herrera, su nieto Luis Alberto Lacalle Herrera alcanzó el gobierno, una fuerte disputa transcurrió en el terreno universitario y terciario, al menos a dos niveles. A nivel ideológico, comenzaba a gestarse la controversia internacional entre el conservadurismo mercantilista que sostiene que la educación superior (terciaria y universitaria) no es un derecho sino una mercancía, que requiere por lo tanto pagos, préstamos, deudas y obviamente exclusiones, por un lado, y, por otro, la visión liberadora e inclusiva de que la educación superior es un derecho y como tal debe acceder gratuitamente todo aquel que complete el nivel medio y tenga la vocación de continuar su formación. A nivel institucional, la tradición de la Universidad de la República, de altos estándares de calidad, pero también germen de opinión crítica no sólo sobre gobiernos y medidas, sino sobre las características estructurales del sistema. no resultaba amigable para los neoliberales de los 90’s. En cambio, las universidades privadas (que son pagas y reflejan la visión de la educación como mercancía), por la ideología que las impulsa y por la extracción de clase de sus autoridades y mayor parte del alumnado, eran aliados naturales. Así, hubo un fuerte impulso a las universidades, y,  más en general, instituciones de enseñanza privadas, en desmedro del sistema público.

Al triunfar una nueva generación Herrera, ya el presidente Luis Alberto Lacalle Pou era egresado de una universidad privada, con las que tienen sendos vínculos la inmensa mayoría de los cuadros de su gobierno. El ataque a la educación pública, desde la LUC, la asfixia presupuestal, la persecución sindical, la demonización del docente, se hizo uno de los pilares del gobierno neoliberal sin tapujos.

El ataque a la Educación Pública que estamos viviendo no tiene precedentes en gobiernos democráticos. Obviamente, buena parte de la ciudadanía en general va a enfrentar la que será una de las mayores pulseadas de este quinquenio nefasto. La imagen de la movilización masiva del miércoles en defensa de la educación y del agente policial que la vigilaba, con un tatuaje en su cuello de clara filiación neonazi, es quizás el mejor resumen de esta polarización.

Porque no queremos una educación de entrenamiento mercantilista y perpetuador de explotación en las grandes mayorías, porque no queremos que se excluya al que nace en un ranchito y se brinden todas las oportunidades al que hereda privilegios. Porque no queremos una educación para los de los barrios de lata y otra para los de La Tahona, sino una gran, fuerte, excelente y universal Educación, accesible a todos como el derecho que es, lucharemos por ello constantemente desde el campo popular y su trama de alianzas y acumulación de voluntades en el seno de la sociedad.

Gonzalo Perera

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