Lenin dando la talla

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Juan Bernassa.

 

1) El PCU y sus 100 años como tributo leninista.

“Nuestro deber es defenderte de ser dios”, Vicente Huidobro.

Hace tres años rendimos homenaje a los 100 años de la revolución de Octubre en medio de nuestro XXXI congreso, era, creíamos y creemos, el mejor tributo: actualizábamos en una perspectiva corta el análisis y debate de nuestro desempeño, desarrollo y desafíos como Partido Comunista que, en tanto una y otra vez reafirma orgulloso su nacimiento en los fulgores de la primera revolución obrera que haría entrar a la Humanidad en la Historia, así escrita con mayúscula pues al superar todas las explotaciones que habían sometido a las personas a la fragmentación de sus posibilidades y al rigor de diferentes cadenas, se trataría del desarrollo pleno (no enajenado) de sus poderes y al disfrute de la libertad  sobre la base de la satisfacción de sus necesidades. Así el mejor tributo a la revolución es debatir nuestro desempeño. Ahora un Partido definido como leninista al debatir su labor, actualiza a Lenin.

En este abril de 2020 festejamos 150 años del nacimiento de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, como se hizo llamar al adoptar el criterio de seguridad frente a la represión zarista de un nombre alternativo. También festejamos 100 años del Partido Comunista del Uruguay y con ello festejamos también a Lenin y, en tercer lugar,  recordamos los 50 años de la aparición de “Lenin y la revolución en América Latina”, de Rodney Arismendi, libro que reúne una fundamentación de la necesidad de la revolución uruguaya y continental. Seguramente en próximas contribuciones en nuestro semanario compartiremos los resultados de un estudio detallado que venimos realizando un conjunto de compañeras y compañeros sobre dicha obra: ese texto apareció en el centenario del nacimiento de Lenin y fue (sin adelantarnos demasiado podemos adelantar que es) básico lo que significó y lo que signfica Lenin para la revolución.

Recordamos y nos actualizamos, no somos amigos de idolatrías y nos cuida el poeta Vicente Huidobro al prometer que defenderíamos a Lenin de ser dios, por eso lo leemos, estudiamos y debatimos. No nos decepcionamos si su confianza del porvenir comunista se extiende en el tiempo. Por un lado nos llena de admiración y sorpresa cuando contamos que en 25 años Lenin, el partido y el pueblo ruso concretaron desafíos que nos encuentran todavía en camino, claro que la revolución cubana (hija de Octubre) nos llenó de aire esperanzador en mitad de estos 100 años y todavía hoy, con su lucha nos da orgullo agregado (un poco prestado) al ver a las y los trabajadores de la salud en medio de la pandemia desembarcar en diferentes lugares para rendir solidaridad. Solidaridad y no empatía apenas, solidaridad que es un principio para nosotros. También tiene que ver con Lenin.

 

2) Tres cuestiones nucleares, y varias derivaciones, son posibles destacar en Lenin.

“Yo sé, el clavo de mis zapatos, es más terrible que todas las fantasías de Goethe”, Vladimir Maiakovsky.

Ya en el tránsito del siglo XIX al XX reconocía Lenin (en la tradición de Marx y Engels) la necesidad de la revolución como forma de resolver, no por partes, la totalidad de los problemas. Ahora bien esa revolución necesita del partido para consumar la toma del poder, sujeto transformador y agente de esa revolución. Lo que haga será política, lucha política y ella se proyecta en la perspectiva del socialismo y el comunismo. No perder de vista esta simple (aunque corre riesgo de simplificarse) ecuación se convierte en criterio de análisis y debate: algo así como el núcleo duro del leninismo.

Sencillo enunciarlo y dificilísimo, no imposible, llevarlo adelante. Es tarea de este tiempo, lo afirmábamos también, significarlo pues más allá de agravios y condenas fáciles de los enemigos de nuestras ideas, están las criticas serias y profundas y no menor, además, los resultados de 30 años de forja cultural neoliberal que está cosechando modos de vida capitalistas. Por eso darle sentido, explicar una y otra vez nuestras ideas, es tarea indispensable del relacionamiento con las masas, vector de la lucha ideológica. Incluso para dar la batalla en el seno de nuestro partido que como organismo vivo no está exento de tales reflejos.

Es preciso inscribir a Lenin, su obra teórica, sus luchas políticas y desesperos organizativos, en la actualidad que parece y a veces lo logra ser hostil a tales planteos. Estamos seguros que más que hostilidad a esas ideas, es hostilidad al “contenido” difundido por los detractores oficiales y oficiosos. En ese sentido términos claves de nuestro discurso se conocen y  asumen simplificados quitándoles su mordiente y verdad: vanguardia, centralismo democrático, disciplina, relación de lo singular y la totalidad, así como los elementos del núcleo duro: partido, política, revolución y comunismo.

 

3) ¿Los demás?

“Te hablo de Lenin, tempestad y abrigo”, Nicolás Guillén.

Nosotros también dbemos protegernos de la consigna vacía, de las adaptaciones infundadas, de las modas (que miradas en las polémicas históricas del movimiento comunista internacional dejan de ser modas para ser constantes de nuestras dinámicas de desarrollo) y tal vez lo más importante, nuestras asunciones de acusaciones y omisiones fáciles esgrimidas en torno a cuestiones delicadas de los procesos revolucionarios que no se resuelven con un sencillo sí o no. Más aún una suerte de complejo de inferioridad que exige, para ser aceptado, de admitir cargos y culpas impertinentes. Si las polémicas fueran serias y duras claro, pero sinceras y veraces, harían de alianzas, coaliciones y encuentros instancias más sólidas de acción programática y así concretar momentos del proceso revolucionario más solventes y firmes.

Descuidar esa perspectiva leninista de partido, política, poder y revolución nos llevan a expresiones de adecuación constantes que nos hacen perder vista la perspectiva de largo plazo, algo así como que la táctica se traga la estrategia, así repetimos como criterio “nadie entendería que…” cuando se trata de iniciativas audaces que rompan con el universo simbólico hegemónico, con lo previsible o con lo nuevo, que todavía no se entiende y que es tragado por los prejuicios. Hacer política como Lenin enseñó: pensar siempre en clave política, lejos de ser reduccionista, en realidad nos provoca a pensar “¿no es extraordinario contemplar esa concentración única de energía humana”? ( Jameson, F.: Lenin y el revisionismo en Butgen, S. et alt,  2001, Lenin reactivado)