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Murió Gavazzo, tiene que morir la impunidad

Era un fascista, asesino, desaparecedor, secuestrador de niños y niñas, torturador, violador, chantajista, estafador, ladrón, mentiroso y cobarde.
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Por Gabriel Mazzarovich

Este viernes 25 de junio murió José Nino Gavazzo de un derrame cerebral. Con las excepciones de su familia y de un reducido núcleo de asesinos y/o miserables como él, no tendrá quién lo llore.

Eso, el repudio enormemente mayoritario de la sociedad, es mérito de la inclaudicable lucha por verdad y justicia de los familiares de sus víctimas, de sus propias víctimas, de todo el movimiento popular y es un signo de avance de conciencia democrática, al menos de una parte muy importante de nuestra sociedad.

Gavazzo fue juzgado y condenado en varias causas, en Uruguay y también en Argentina, España e Italia, desde ese punto de vista se puede sostener, con razón, que no quedó impune, pero también es cierto que se llevó con él casi todo lo que sabía sobre el destino de las y los desaparecidos, en un acto de cobardía y crueldad que lo perseguirá más allá de la muerte.

La condena y el repudio contra Gavazzo constituyen una diferencia trascendente con respecto a épocas, no muy lejanas en el tiempo, en las que Gavazzo era, al igual que los delincuentes de sus colegas de la patota del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), un personaje con un grado no menor de poder y predicamento.

Es muy importante, para la salud democrática de Uruguay y la justicia histórica, que se exprese con fuerza y sin cortapisas el repudio más absoluto a Gavazzo, a su vida, a sus acciones.

Por ello hay que delimitar con claridad quién y qué fue Gavazzo.

José Nino Gavazzo fue un asesino, desaparecedor, secuestrador de niños y niñas, torturador, violador, chantajista, estafador, ladrón, mentiroso y cobarde.

La frase anterior no es una colección de adjetivos para calificar a Gavazzo, es su prontuario penal, social y ético. Eso fue, todo eso. Y aún falta.

Así como la muerte no puede borrar lo que se fue en vida, ni edulcorarlo, y por eso hay que decir con claridad lo que fue Gavazzo, mucho más cuando lo dijimos cuando estaba vivo y tenía poder, también hay que señalar que no era un “enfermo”, ni un caso “patológico” aislado, ni un “caso excepcional” de alguien que perdió “los puntos de referencia”. Su perro se llamaba “Orco”, que por las dudas aclaró en una entrevista que le realizó Paula Braquet en 2019 para el diario El País, quería decir “infierno”, pero Gavazzo no estaba loco.

Gavazzo era un fascista, sus operaciones fueron parte del aparato estatal fascista, actúo con convicción y sirvió a un proyecto de sociedad que tenía como objetivo mantener e incrementar los privilegios de un sector oligárquico, impedir los avances en libertad e igualdad, debilitar o aniquilar a las organizaciones y a las personas que luchaban y luchan por la democratización de las relaciones sociales. Un proyecto de sociedad, de clase, concentrador de la riqueza y el poder. Gavazzo fue parte de la respuesta bestial del poder al avance de una perspectiva democrática radical. Para decirlo más claro, Gavazzo es la otra cara, orgánica y necesaria, del proyecto de país de Juan María Bordaberry, Juan Carlos Blanco, Edmundo Narancio, Alejandro Vegh Villegas, Valentín Arismendi y Aparicio Méndez. No son cosas distintas.

Sería un error dramático considerar a Gavazzo como una anomalía. El golpe de Estado y la dictadura de 11 años, con el Terrorismo de Estado contra todo el pueblo uruguayo, Gavazzo y su bestialidad, fueron parte del fascismo, con su contenido de clase, que implicó sumisión al imperialismo yanqui (que formó a Gavazzo en Contrainsurgencia en la Escuela de las Américas), rebaja de salarios y jubilaciones, endeudamiento externo e interno, intervención y devastación de la Universidad de la República y de toda la Educación Pública y un largo etcétera. Para eso torturaron, asesinaron y desparecieron, Gavazzo y sus colegas fascistas, militares y civiles.

La carrera militar

Sobre Gavazzo hay que decir que ingresó al Ejército en la década del 50 del siglo pasado, en el arma de Artillería, que fue una de las más implicadas en el Terrorismo de Estado. En la convulsa década de los 60 del siglo pasado integró el Grupo de Artillería N° 5, lugar de secuestros y torturas, antes y durante la dictadura. En esa década fue instructor de la Escuela Militar, si, esa bestia formaba estudiantes, que eso son al final de cuentas quienes van a la Escuela Militar. En 1970 viaja por primera vez a EEUU y recibe cursos de Contrainsurgencia. Comparte estos cursos con varios militares uruguayos, argentinos, paraguayos y chilenos, con los que después coordinaría en el Plan Cóndor. Esa incursión formativa de Gavazzo en las escuelas militares yanquis, es una muestra más del papel de este país, del Pentágono y la CIA en la formación posterior de esa trasnacional del terror y la muerte que el fue el Plan Cóndor.

Al volver asciende a Mayor es trasladado a servir en la Región Militar IV, que tiene sede en Minas, Lavalleja, la misma de la que sería jefe, Gregorio “Goyo” Álvarez. Gavazzo, en función de la formación recibida y de sus posturas ideológicas, se especializa como oficial de inteligencia. Primero en el temible S2 del Ejército, que tiene ramificaciones en todas las unidades del país, especialista en interrogatorios, eufemismo para torturador. Gavazzo, que se destaca en esas “tareas”, pasa a la División de Ejército I, la más poderosa, con sede en Montevideo, su comando está en Agraciada y Capurro.

Desempeñándose allí lo encuentra el golpe de Estado. Desde 1974 participa del OCOA, la pata uruguaya del Cóndor, opera con base en el Grupo de Artillería N°1. Luego, en 1976 pasa a tener un cargo clave en el organigrama de la represión, es nombrado segundo Jefe del Departamento III del Servicio de Información y Defensa (SID), dependiente directamente del Ministerio de Defensa y de la Junta de Comandantes, que desarrolla la represión en Uruguay, pero también en el exterior, particularmente en la región.

Gavazzo participa directamente de la tortura en unidades militares y en los centros clandestinos de detención: el Infierno Grande, situada en galpones pertenecientes al Servicio de Material y Armamentos del Ejército, en los fondos del Batallón 13 de Infantería; en la Casa de Punta de Gorda; en un centro clandestino establecido en la calle Millán y en otro en la zona de Lezica; coordina con la Policía y participa también en interrogatorios en Inteligencia de la Policía, en Maldonado y Paraguay. Gavazzo encabeza o participa en operaciones de detención, tortura, asesinato y desaparición en Buenos Aires, en particular con el centro de represión conocido como Automotoras Orletti.

Pero hay investigaciones, aún en proceso, que lo sitúan en otros países y colaborando con fuerzas paramilitares del continente. Cosa que siempre negó, como negó casi todo, salvo lo que le sirvió para extorsionar y presionar.

Es parte de la tortura y el asesinato de militantes del MLN, del PVP, del PCR, de los GAU y del PCU y la UJC, en Uruguay y en el exterior. Participa del secuestro y asesinato de Julio Castro. Del secuestro y desaparición de Simón Riquelo y del traslado clandestino de su madre, Sara Méndez, al Uruguay. Del traslado clandestino y desaparición de María Claudia García de Gelman, una joven argentina de 20 años, que es traída embarazada a nuestro país, por Gavazzo, tiene un parto clandestino, le sustraen su hija, Macarena Gelman y luego la asesinan. En la investigación que, junto con la que realizaron Juan Gelman y Mara La Madrid, desarrollamos en el diario La República, acusamos a Gavazzo, junto a otros cómplices, de la desaparición y asesinato de María Claudia.

Estos casos son solo una muestra de lo que hizo y el modus operandi de Gavazzo, hay muchos más.

Gavazzo participó de un enfrentamiento interno en el Ejército durante la dictadura, siendo parte de una publicación clandestina, “El Talero”, que expresaba una corriente que se oponía al entonces general Gregorio Álvarez, luego dictador. Por ello es dado de baja, siendo ya teniente coronel, en 1978.

Las causas judiciales

Gavazzo con múltiples acusaciones desde hace décadas, avaladas por documentos y testimonios, fue protegido por la Ley de Caducidad y por la estrategia de impunidad de los gobiernos colorados, blancos y de coalición de Julio María Sanguinetti, dos veces, Luis Lacalle Herrera y Jorge Batlle, este último con algunas diferencias.

Una muestra de esto es que, a pesar de las gravísimas acusaciones en su contra, Gavazzo estaba libre, recomponía sus vínculos militares y hacía negocios, como sabía hacerlo, estafando, robando y amenazando.

En 1995, segundo gobierno de Sanguinetti, Gavazzo es enviado a prisión por un delito de “extorsión”. Junto a su compinche del terrorismo de Estado, el oficial policial Ricardo “Conejo” Medina, quisieron imprimir dinero falso en una imprenta, cruzeiros brasileños. Ante la negativa del imprentero lo amenazaron.

En 2002, gobierno de Batlle, un Tribunal de Apelaciones modifica el delito a “violencia privada”, excarcelable. Por este delito, y no por todos los demás todavía, el Ejército le forma un Tribunal de Honor que entiende que este delito no afecta el honor de Gavazzo ni el del Ejército. El presidente Batlle y el ministro de Defensa, Yamandú Fau, rechazan esta conclusión.

Con los gobiernos del Frente Amplio, una nueva interpretación de la Ley de Caducidad primero y la anulación de sus efectos jurídicos luego del fallo de la CIDH en el caso Gelman, que involucraba directamente a Gavazzo, contra Uruguay, Gavazzo es de los represores que enfrenta juicio y es condenado.

En 2009, luego de un largo proceso, es condenado a 25 años de cárcel, junto a Gilberto Vázquez, Ricardo Arab, Jorge “Pajarito” Silveira y Ernesto por 28 delitos de homicidio especialmente agravados. En esa misma causa son condenados, pero a 20 de prisión, el militar Luis Maurente y los expolicías Ricardo «Conejo» Medina y José Sande Lima. Medina su viejo compinche de extorsión y estafa.

En los últimos años protagonizó otras polémicas en 2017 el Ejército forma un nuevo Tribunal de Honor para estudiar su conducta y las de Jorge “Pajarito” Silveira, Ernesto Ramas, Gilberto Vázquez y Luis Maurente. En ese Tribunal Gavazzo reconoció que, en marzo de 1973, torturó e hizo desaparecer en el Río Negro el cuerpo de Roberto Gomensoro. Por ese delito había otro militar preso, Gavazzo tuvo hasta esa cobardía.

Estas declaraciones de Gavazzo en el Tribunal de Honor se conocieron en 2019 y fueron motivo de la destitución de Guido Manini Ríos y parte de su lanzamiento como candidato presidencial.

La cobardía del impune

Gavazzo hizo un libro, “Mi testimonio”, en el 2012 y el periodista Leonardo Haberkorn, publicó otro sobre él “Gavazzo sin piedad”, en 2016. Como ya señalamos antes le concedió una entrevista a la periodista del El País, Paula Barquet, en 2019. También declaró en varias causas judiciales.

Siempre reivindicó la tortura y la represión, su ideología fascista y el papel salvador contra la subversión. Nunca, salvo cuando quiso hacerlo como provocación, reveló datos sobre la suerte corrida por las y los desaparecidos.

Por el contrario, negó hasta las evidencias de la realidad, como en el caso Gelman, Julio Castro, Simón Riquelo.

Gavazzo, en sus declaraciones públicas y en sus conversaciones con los otros fascistas represores, pretendía una valentía que nunca tuvo. Sus únicos méritos de servicio fueron la tortura, la extorsión, las violaciones, contra hombres, mujeres, niñas y niños, atados y encapuchados.

Gavazzo se benefició de la impunidad, ese abono por los servicios prestados que le dio el poder. Cabe recordar que, en tiempos no muy lejanos, como la década del 90 del siglo pasado, Medina, su compinche de extorsión y falsificación de dinero, asesino de María Claudia, torturador, era asesor del senador del Partido Colorado, Pablo Millor, ex Consejero de Estado de la dictadura. Y que Jorge “Pajarito” Silveira, otro de los compinches de Gavazzo de la tortura, las violaciones y el robo, era nombrado por el gobierno de Julio María Sanguinetti asesor personal del Comandante en Jefe del Ejército.

Gavazzo murió, quedan las cicatrices que llevamos en el cuerpo social y en los nuestros. Y queda el compromiso de luchar por verdad y justicia, por Nunca Más dictadura. Por un futuro de igualdad y libertad, sin Gavazzos.

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