¿Quién se hace cargo?

La pregunta fue hecha explícitamente en una de las largas sesiones del Senado donde se está discutiendo y votando el Presupuesto Quinquenal. La hizo el senador de la 1001, Unidad para los Cambios y el Frente Amplio, Oscar Andrade.
El reclamo del senador frenteamplista adquiere significativa relevancia política y no sólo por el Presupuesto.
Los partidos que hoy conforman la coalición de derecha en el gobierno, particularmente el Partido Nacional y muy especialmente su sector hegemónico, el Herrerismo, insisten una y otra vez en que están cumpliendo lo que expresaron o prometieron en la campaña electoral. Que no se les puede discutir nada, que eso votó la gente, que la gente votó cambiar. Eso unido a otros dos caballitos de batalla: la herencia maldita del Frente Amplio y refugiarse en las dificultades que plantea la pandemia; conforman el corazón argumental de la enorme y muy bien montada operación de marketing político que han desplegado desde el 1º de marzo.
Discutir esos presupuestos transformados en verdades indiscutibles, en la era líquida de la pos verdad, es parte central de la batalla política contra la restauración conservadora. Esa premisa vale para todos los instrumentos de esta restauración, y el Presupuesto es uno de los principales.
En la campaña electoral el Partido Nacional y el Herrerismo prometieron recortar 900 millones de dólares del Presupuesto, algo más de 38 mil millones de pesos al cambio actual, sin tocar ninguna política social, sin afectar a la educación, a la salud y a la vivienda y sin bajar los salarios. Desde el Frente Amplio, el movimiento popular y la academia se les respondió que eso era imposible, que un recorte de esa magnitud afectaría las políticas sociales, los salarios y las jubilaciones.
En ese ejercicio cotidiano del marketing político al ajuste le llaman adecuación, pero lo que no pueden ocultar es que el Presupuesto que está en discusión es la materialización de una mentira por partida doble.
En primer lugar porque el famoso “ahorro” pregonado se queda en menos de la mitad. En segundo lugar porque implica recortes brutales en educación, en vivienda, en políticas sociales, en el Instituto de Colonización, en el INAU y en salud. También implica rebaja de salarios para maestras, profesores, enfermeras, médicos, obreros, policías y militares.
Y esto, que ya de por sí sería grave, una mentira pura y dura, es doblemente grave, si cabe el término, porque se hace un ajuste en medio de una pandemia.
Mientras el mundo entero incrementa la inversión pública para intentar paliar los efectos socio económicos de la pandemia, cuya magnitud aún está en discusión, pero que nadie duda que tendrá alcances históricos, algunos economistas hablan de la peor crisis de la historia; en Uruguay la coalición de derecha impone un ajuste para bajar el déficit fiscal. Están presos de su dogma neoliberal hasta límites patológicos.
Nadie niega el impacto de la pandemia, es obvio, público y notorio, el problema es que en lugar de buscar atenderlo por el único camino racionalmente posible, expandiendo la protección social, la inversión pública, defendiendo el empleo y el salario, fortaleciendo la inversión en salud pública, aquí se va por el camino contrario.
El problema no es la pandemia, el problema es que el gobierno de derecha está imponiendo un ajuste neoliberal en medio de la pandemia.
Decíamos antes que hay que discutir y enfrentar políticamente todos los instrumentos de la restauración conservadora; nos referimos a la Ley de Urgente Consideración, la política salarial, el Presupuesto, la ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales; a lo que hay que sumar las acciones diarias del gobierno, como por ejemplo el decreto de reducción de la ejecución presupuestal, la decisión de que el BPS deje de fiscalizar el cumplimiento de los laudos, los recortes de programas del MIDES, el recorte de becas educativas, el aumento del IVA y de las tarifas públicas (otras dos promesas incumplidas), la reforma regresiva de la seguridad social, la reivindicación de la impunidad, los recortes a la cultura y un largo etcétera.
Por ello valen las luchas de los sindicatos reclamando que se respete la negociación colectiva, los reclamos estudiantiles por becas y más presupuesto, las movilizaciones de las cooperativas de vivienda, las demandas feministas, la organización de la solidaridad en cada lugar.
Vale la oposición de argumentos contra la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que trabó el intento de aprobarla casi en secreto y en trámite exprés, antes de fin de año.
Y por supuesto que vale, y mucho, el acuerdo alcanzado por el PIT-CNT, FUCVAM, la FEUU, la Intersocial Feminista y un importante arco de organizaciones sociales para impulsar un referéndum contra los aspectos más regresivos de la LUC, a la que se sumará el Frente Amplio, otros sectores políticos y sociales y personalidades.
Y vale la denuncia y la discusión de este Presupuesto de recorte, que provocará más desigualdad y afectará negativamente a la amplia mayoría de nuestro pueblo.
Vale denunciar que mientras se proclama austeridad y se recortan los salarios de las y los trabajadores, se aumenta el número de los cargos de confianza política y los rubros destinados a pagarles.
Y agregar que se eliminan los controles para la rendición de los viáticos de los legisladores que viajan en misión al exterior.
Y todavía hay más, mucho más, en este Presupuesto opaco, que deja un grado inédito de discrecionalidad al Poder Ejecutivo para poder incluso profundizar el ajuste sin pasar por el Parlamento.
Este Presupuesto es de regresión, de recorte y solo multiplicará los problemas.
Por eso es absolutamente válida la pregunta de Oscar Andrade: si están haciendo lo contrario a lo que dijeron que harían, ¿quién se hace cargo?
¿Serán los famosos malla oro?, ¿o quizás el hombre que iba a mover las perillas para conducirnos sin sobresaltos a un futuro venturoso bajo la guía del dios mercado?
La coalición de derecha y los sectores empresariales que dicen que este gobierno coincide con su “agenda” son los que deberían responder.
En todo caso de construir la acumulación de fuerzas política y social del pueblo que permita enfrentar y derrotar esta restauración conservadora que afecta toda la sociedad si sabemos quiénes se harán cargo.
En esa perspectiva, que requiere un mayor grado de unidad y organización y toda la creatividad de nuestro pueblo para encontrar los caminos para movilizarse, estaremos empeñados, cada día.