Reflexiones sobre la pandemia y nosotros

12 de mayo: día de la enfermería, en memoria de Ariel Casco.
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Por Marcos Carámbula (*)

Anoche leía conmovido los testimonios de Ariel Casco desde su Facebook hace exactamente un mes: “Al cumplir 74 me pega el COVID desde varios ángulos, le pego, cuando parece controlado, pega y me dobla. No sabe con quién se metió. 12 de abril”. Y el 13 escribía: “Sigo con oxígeno, dificultad para respirar, con esfuerzo pronto saldré”.

La voluntad indoblegable de un camarada que estuvo preso, que venció la cárcel, que salió con su ánimo, con su sonrisa, a seguir peleando por los derechos, pocos días atrás reflexionaba sobre la LUC, sobre la pandemia, siempre con su bandera en alto, con su fraternidad a flor de piel. Ganó mil batallas, no pudo con este virus tan traicionero

Escribo en su honor estas reflexiones en el día de la enfermería y complemento con otro testimonio que también leí ayer, de un profesional que se lo llevó el COVID hace unas horas, Hugo Míguez. Hugo dejó su testimonio desde la terapia intensiva: “Busco dejar algo de lo aprendido en estos días de aislamiento, búsqueda de aire, revisión de sentido bajo la pandemia, algo, lo que pueda. Mientras me enfermaba el COVID encontré algo en estas salas, en estos corredores, en la mirada de estas gentes: Una cultura, un pathos, una emocionalidad antigua, algo yaciendo silente a la par de la ciencia y la tecnología. Una cultura. Es una matriz acogedora, extraordinariamente cálida y vivicante. Va al lado oscuro de tu cerebro para transformarse en una llamita con algo de calor y luz: una cultura. No hay palabras es la matriz que regenera. Todavía no se cómo saldré, y no me preocupa tanto. Y dicho con humildad. En serio. Saldré con paz y con cariño”.

Estos dos testimonios tan conmovedores que leí ayer, en el día de la enfermería, estremecido cada día por la muerte evitable de seres queridos, son a la vez un homenaje a todo el personal de salud y en particular a las enfermeras en su día.

En el testimonio de dos compatriotas en el límite de sus fuerzas y de sus vidas se nos marca un camino.

Hoy podría hablar extensamente de las cifras que documentan la enorme preocupación por lo que sucede en Uruguay. Con las cifras de la Universidad de Hopkins, publicadas en El País de Madrid, hoy 13 de mayo, el Uruguay está entre los 4 países del mundo con la mayor incidencia de casos por cada 100.000 habitantes: 1016. Argentina, que nos sigue en la región, está en 644; Chile 406 y Brasil 400.

En Europa, Suecia que tiene la mayor incidencia, presenta 662 casos por 100.000 habitantes; España 187 y Portugal, que viene saliendo de la pandemia con medidas muy duras para reducir la movilidad social, presenta 47 casos por 100.000 habitantes.

Con las mismas fuentes de la Universidad de Hopkins tenemos la más dolorosa impresión: Uruguay encabeza en el mundo el número de fallecimientos por cada 100.000 habitantes.

Al día de hoy han fallecido por COVID 3.252 compatriotas

La pandemia en Uruguay ya no tiene control epidemiológico, los niveles de positividad, a pesar de la modificación de los testeos, son muy altos y se ha resuelto suspender el rastreo de los casos.
Todo esto habla a las claras de la profunda gravedad de la situación que vivimos.

En octubre, en diciembre, en enero, los científicos alertaron sobre este crecimiento exponencial. En febrero el Grupo de Asesoramiento Científico Honorario (GACH) recomendó medidas y planteó como objetivo llegar a 200 casos diarios y 800 casos activos. Hoy el Uruguay tiene 25.560 casos activos y cada día entre 2.500 y 3.000 casos diarios.

Estuvieron las medidas que el GACH planteó el 7 de febrero, sugeridas y no adoptadas. Luego la propuesta de “Blindar Abril”: muy lamentablemente fracasada. El sistema de salud está con sus trabajadores en un stress prolongado y grave. Afortunadamente la vacunación en el país empezará a hacer efectos y abre una luz en el horizonte.

Pero las preguntas son: ¿Qué nos pasa a los uruguayos?, ¿aceptamos con resignación, naturalizamos una situación tan dramática, lo procesamos en cada uno de nosotros, respondemos en forma individual, miramos recelosos al que pasa a nuestro lado? ¿Aceptamos como daño colateral la muerte evitable de miles de compatriotas y la registramos cada día, con mayor o menor destaque, casi cada vez menos?

¿O como las enfermeras, las auxiliares, los y las médicas, apostamos a la cultura de la solidaridad, a la cultura de una sonrisa de una mirada, de una fraternidad imprescindible?

El mundo asiste en el medio de la pandemia a un cambio civilizatorio. El mundo ha visto el colapso de los sistemas capitalistas de salud, un reciente informe de técnicos independientes de la Organización Mundial de la Salud ha señalado que perdimos un tiempo demasiado valioso desde los primeros casos hasta que el mundo se enteró de la pandemia.

Hoy con sorpresa vemos que el presidente de los EEUU, Joe Biden, anuncia 5 objetivos: Liberar las patentes de las vacunas. La mayor inversión pública para salir de la pandemia. Restablecer los acuerdos acerca del cambio climático. Retirar las tropas de Afganistán. Un impuesto a las ganancias de las grandes multinacionales y de las grandes riquezas.

Es una respuesta a esta pérdida de horizontes predictivos, como dice García Linera, muy llamativo desde el corazón del modelo capitalista.

Al mismo tiempo nuestra Cuba hermana ya produce su vacuna soberana y empieza a vacunar a su pueblo.

Pensemos juntos la esperanza, el asumir los números como daño colateral es una expresión ideológica muy clara del liberalismo a la que nos debemos resistir con toda nuestra voluntad como la de Ariel.

Es un año crucial, muy difícil, para nuestro pueblo: firmar para decidir sobre la LUC, levantar la bandera de la solidaridad y la esperanza desde razones construidas colectivamente y valederas.

Hay un formidable capital intangible en nuestra sociedad: sus trabajadores, sus mujeres, sus científicos, sus artistas, sus jóvenes, los que luchan cada día por la memoria la verdad y la justicia.

No nos rendimos.

(*) Ex presidente del directorio de ASSE, ex senador, ex intendente de Canelones.