Represor cercado por los testimonios admite torturas

Uyterhoeven, represor de La Tablada, admitió también que era un centro de detención clandestino.
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GM

Este jueves declaró en la causa por torturas y desapariciones en el centro clandestino de represión de la dictadura en La Tablada, Enrique Luis Uyterhoeven Castiglioni, alias Ulises, uno de los oficiales torturadores en dicho centro.
Uyterhoeven declaró en el Juzgado Penal de 26º Turno, a cargo de la jueza Ana de Salterain, y estuvieron presentes la doctora Graciela Malvárez, por la Fiscalía Especializada en delitos de Lesa Humanidad; el doctor Pablo Chargoñia, representante de las y los denunciantes, víctimas del Terrorismo de Estado y la doctora Ximena Perdomo, defensora del acusado.
Ante el cúmulo de pruebas y testimonios Uyterhoeven en su declaración aceptó ser oficial del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubersivas (OCOA) y haber prestado servicios en La Tablada. También aceptó que hubo tortura, que esta fue ordenada por los mandos y que los oficiales claves del OCOA están mencionados en el expediente. Sin embargo negó conocer a los tres militantes comunistas secuestrados en ese centro de detención clandestino, Omar Paitta, Félix Ortiz y Miguel Mato y también a los y los sobrevivientes de la tortura que lo acusan.
Para profundizar sobre la importancia de esta declaración y su influencia en la marcha del caso EL POPULAR dialogó con Pablo Chargoñia.

-¿Cuál es el caso por el que declaró este jueves Uyterhoeven?

En el juzgado penal que está a cargo actualmente de la doctora Ana de Salterain, se tratan las graves violaciones a los derechos humanos en el Centro clandestino de detención de La Tablada, lo que originariamente estaba siendo analizado e investigado en varios expedientes, a pedido del fiscal especializado en Crímenes de Lesa Humanidad, Ricardo Percibale, se acumuló para tener un expediente único con indagación de todos los hechos que se dieron en ese lugar, la represión a los presos, la tortura, los abusos y la desaparición de algunos compañeros, particularmente de Félix Ortiz, Omar Paitta y Miguel Mato.
Este expediente entonces se refiere sustancialmente a la actuación del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) en este centro clandestino de represión, las familias no sabían que estaban siendo torturados en ese lugar, de hecho las y los detenidos estuvieron desaparecidos un lapso importante de tiempo. Esa sede del OCOA estuvo anteriormente en el “300 Carlos”, en el predio del Batallón 13 de Infantería en Avenida de las Instrucciones, a partir de 1977-1978 opera en La Tablada, y es eso lo que se está indagando.
Está en etapa de presumario y con identificación de varios miembros del OCOA que han sido identificados por los sobrevivientes de la represión.

-¿Qué aspectos se destacan en la declaración del acusado?

Hoy (por ayer jueves) declaró Enrique Luis Uyterhoeven, alias Ulises, que mantiene en varios aspectos el pacto mafioso de silencio que ya conocemos, pero que tácticamente advierte que no puede negarlo todo y entonces algunas cosas dice. ¿Por qué digo tácticamente? Porque si negara todo sería muy absurdo y muy evidente su actitud mentirosa. Entonces, es mendaz y mentirosa su actitud en muchas cosas pero no en todas y no tiene más remedio que reconocer que se practicaba la tortura en ese lugar y que no era producto del extravío psicópata de algunos funcionarios sino una decisión institucional. Cuando la jueza le pregunta por qué se infligían malos tratos a los detenidos, el indagado dice: por orden superior. Por lo tanto era una práctica y era una forma metódica del ejercicio de la tortura. Banaliza el “submarino” y de hecho lo modifica a una versión edulcorada de ese método de tortura, pero también reconoce el encapuchamiento y la capucha mojada para intentar provocar en el detenido la sensación de muerte.
Este tipo de cosas implican una admisión que en el cúmulo de los testimonios resulta entendible porque la verdad se expresa a través del testimonio de los sobrevivientes de la tortura, y por lo tanto no se puede negar todo.
Otro punto importante es cuando el indagado señala que los agentes claves del OCOA está efectivamente en el expediente, al decirlo así, aunque no quiera nombrarlos, los identifica, porque son los que están en el expediente en ese juzgado, por eso me parece importante.
A mi me da la impresión que hay elementos de convicción más que suficientes para que varios oficiales del OCOA que intervenían en La Tablada tengan finalmente un pedido de procesamiento con prisión por parte de la Fiscalía.

-Este hombre el año pasado había buscado un artilugio legal para no declarar.

Declaró y después presentó un escrito, como hacen todos, intentando alargar, esa es la estrategia de todos ellos, incluid, este individuo que declaró hoy, pero llega un punto en que esas defensas se agotan, por eso una aspira que lo más pronto posible, todas esas defensas de estos indagados terminen, el expediente pase en vista al Fiscal Especializado y este pida el procesamiento de estos individuos. Hay que subrayar que el procesamiento es el inicio de un juicio propiamente dicho, todavía no es la sentencia de condena, por eso los elementos de prueba pueden ser menos contundentes que los necesarios para una condena. Pero reitero, ya son suficientemente contundentes en el caso de Ulises y de otros oficiales del OCOA porque han sido reconocidos perfectamente por compañeras y compañeros que sufrieron su trato en los interrogatorios, que en realidad eran ejercicio de la tortura metódica, insisto en decir esto porque es importante para calificar estas acciones como crímenes de lesa humanidad.
La persecución de las cosas que ocurrieron en La Tablada le interesa a la sociedad uruguaya, pero también le interesa a la comunidad internacional. Uruguay está obligado, a través del juzgado penal de 26º turno a perseguir estos crímenes.

-Usted califica de táctica el reconocimiento que hizo de la tortura, ¿a qué se refiere con esa calificación?

No tuvo más remedio que admitir que las familias no tenían idea de que en ese lugar había detenidos y eso es un descripción de una situación de desaparición forzada, una persona detenida cuyo paradero se desconoce. La explicación es el cerco que las víctimas y los militantes de Derechos Humanos trazan sobre estos represores, trabajosamente y dificultosamente pero sin ceder ante la decepción que implica el transcurso de todo este tiempo. Finalmente hay un patrimonio del sufrimiento que se revela en documentos, judiciales y extra judiciales, pero que terminan provocando que aún cuando no se de toda la información, algunas cosas tengan que ser admitidas, confirmando la versión de las organizaciones de Derechos Humanos y de las propias víctimas del Terrorismo de Estado.