Resultados electorales en nuestra región: las lecciones no aprendidas

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Por Carlos Flanagan

El pasado domingo 11 de abril tuvieron lugar elecciones de distinto tipo en tres países de nuestro continente: Bolivia, Ecuador y Perú.

En Bolivia se desarrolló la segunda vuelta de las elecciones subnacionales en cuatro de los nueve departamentos del país.

La primera vuelta para elegir a 9 gobernadores departamentales y a 336 Alcaldes Municipales fue el 7 de marzo. En ella el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) ganó 3 gobernaciones en primera vuelta (Cochabamba, Oruro y Potosí) mientras que distintos agrupamientos opositores triunfaron en Beni y Santa Cruz.

En el plano municipal, el MAS logró 240 Alcaldías (71,4% del total) ratificando su condición de ser el único grupo político con amplia presencia en todo el territorio nacional.

En La Paz, el departamento que tiene más alcaldías del país, el MAS ganó en 63 de 87. En Cochabamba, 41 de 47; en Potosí, 35 de 41; en Oruro 28 de 33; en Chuquisaca 21 de 29; en Pando 8 de 15; en Beni 8 de 11 y en Tarija, también en 8 de 11. En Santa Cruz, el departamento más rico, ligado al agronegocio y menos afín al MAS, ganaron 28 de un total de 54 alcaldías.

La segunda vuelta para Gobernadores en los cuatro departamentos restantes (Chuquisaca, Pando, La Paz y Tarija) el oficialismo sufrió amplias derrotas a mano de los candidatos opositores.

En Chuquisaca, Damián Condori (dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos en Chuquisaca) obtuvo el 59,32%, en Pando, Regis Richter el 55,64%, en La Paz Santos Quispe el 56% y en Tarija Óscar Montes el 54,44%.

De estos resultados se pueden extraer algunas conclusiones esperables, otras que no y que son preocupantes.

Los resultados municipales, no sólo confirman lo antedicho respecto a la presencia del MAS en todo el territorio del país, sino que además reflejan una vez más el peso decisivo del voto rural de apoyo al partido de gobierno. Esto se pudo apreciar claramente en las distintas elecciones nacionales.

En cuanto a las contundentes derrotas sufridas, el MAS debería tomar en cuenta – y analizar en forma autocrítica – el hecho de que tanto en la Alcaldía de El Alto (un bastión masista) en el cual Eva Copa obtuvo casi el 70% de los votos, como en Beni, Chuquisaca y Pando, los candidatos triunfantes son ex miembros del MAS; que habiendo sido propuestos como candidatos primarios con apoyo de las organizaciones sociales, luego fueron dejados de lado por decisiones de la dirección partidaria, lo que provocó su alejamiento de la organización.

Por último, otro factor a tener en cuenta es la polarización política resultante de estas elecciones. Mientras la derecha más moderada dirigida por Carlos Mesa se ha hundido, la ultraderecha golpista ha obtenido triunfos que no se pueden ignorar como el de Manfred Reyes Villa en la Alcaldía de Cochabamba y el de Luis Fernando Camacho, líder de la ultraderecha racista nucleada en el Comité Cívico de Santa Cruz; quien orquestara el golpe de noviembre de 2019 y obtiene ahora la gobernación cruceña con la mayoría absoluta de los votos en la primera vuelta.

Los resultados electorales finales en Ecuador son otro claro ejemplo de las lecciones no aprendidas de la izquierda en todo este período. Luego de finalizada la primera vuelta, el candidato Andrés Arauz de la Unión por la Esperanza (afín a Rafael Correa y su Revolución Ciudadana) triunfó cómodamente con el 32% de los votos, contra el 19% obtenido por el neoliberal Guillermo Lasso, el mayor banquero del país, candidato de la derecha.

Asimismo, los otros dos candidatos autodenominados antineoliberales Yaku Pérez del Pachakutik – brazo político y expresión electoral de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) – tuvo una votación del 19% y Xavier Hervas de la Izquierda Democrática, un 15%.
El 66% de la suma de los votos logrados por las tres candidaturas antineoliberales hacían prever una fácil victoria de Arauz frente a Lasso en la segunda vuelta.

Sin embargo, Arauz sólo aumentó su votación en 17 puntos, totalizando un 47.64%, mientras que Lasso subió 33 puntos hasta el 52.36% con el que conquistó la Presidencia que asumirá el 24 de mayo.

Esta dolorosa derrota tiene varias causas; todas con el común denominador de crasos errores políticos en los que la izquierda volvió a incurrir y que la derecha una vez más supo aprovechar:
una vez más la izquierda se presentó dividida a la primera vuelta, incapaz de acordar un compromiso político mínimo de corte antineoliberal. De haberlo hecho, habría ganado en primera vuelta con ese 66%.

El gobierno de Rafael Correa no manejó correctamente su relacionamiento con las nacionalidades originarias, principalmente en lo que hace a los temas ambientales.

Ese bastante común error de la izquierda de nuestra región: el de no saber manejar contradicciones secundarias dentro del campo popular, termina generando reacciones de carácter sectario, del tipo de posturas “anti”. En este caso “anticorreismo”.

Estas reacciones llegan a ser de tal entidad, que hacen confundir la contradicción principal que es sin lugar a dudas contra el neoliberalismo, para terminar de hecho apoyando al enemigo de clase en contra de otros sectores progresistas.

Así fue que tanto Pérez como Hervas no sólo no convocaron a sus votantes a apoyar a Arauz, sino que por el contrario hicieron de forma irresponsable – para alegría de la derecha – que la campaña hacia la segunda vuelta estuviera centrada en críticas al correismo. Como guinda para la torta, la CONAIE – PACHAKUTIK convocó a un “voto nulo ideológico” que terminó de enterrar las posibilidades del candidato Arauz.

La suma de los votos obtenidos por Pérez y Hervas en primera vuelta coinciden con los que aumentó Lasso en la segunda para hacerse del triunfo. Muy lamentable.

El 6 de junio tendrá lugar en Perú la segunda vuelta de las elecciones nacionales entre el candidato de izquierda Pedro Castillo y la ultraderechista Keiko Fujimori.

En la primera vuelta, Castillo obtuvo el 19.09% de los votos contra un 13:36% de Fujimori (805.000 votos de diferencia).

De acuerdo a los resultados de encuestas realizadas, Castillo es el amplio favorito para triunfar con un 41% de la intención de voto, frente a un 26% de Fujimori.

Esperemos que no se repita lo sucedido en Ecuador.

Desde hace ya mucho tiempo venimos insistiendo en la necesidad de que la izquierda y el progresismo de nuestra región latinoamericana y caribeña procese un sereno y profundo balance autocrítico de lo actuado en los últimos 25 años.

Que lejos de consensuados atajos semánticos autocomplacientes, no sólo identifique los errores y carencias que ambientaron la pérdida de las posiciones de gobierno (nacionales y locales) y el retorno de la derecha neoliberal; sino que sirva además como elemento de rectificación y relanzamiento con programas claros y campañas políticas definidas que permitan la reconquista del terreno perdido.

Hasta ahora poco y nada se ha hecho al respecto.