Un 1 de mayo a lo Gambetta

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Por Gonzalo Perera

Schubert “Mono” Gambetta fue un gran personaje del fútbol uruguayo, parte de la histórica conquista de Maracaná en 1950. En la final contra Brasil, las anécdotas que lo refieren son múltiples, pero hay alguna que me parece merece repasarse. Contextualicemos: pese a que en los últimos enfrentamientos previos entre Uruguay y Brasil mostraban una paridad que no indicaba favorito alguno, como Brasil llegó a la final goleando y Uruguay sufriendo, como un empate daba el campeonato a los locales y como Maracaná iba a ser un volcán popular en erupción, los representantes del cuerpo diplomático uruguayo dieron el campeonato por laudado pidiendo a los jugadores que trataran de lograr una “derrota digna”. Dar un partido por perdido antes de jugarlo, imagínese como cayó esa actitud entre jugadores de gran calidad, pero también de gran entereza y personalidad. Llegado el día de la final, Maracaná temblaba con la muchedumbre impresionante, con la pirotecnia, con la música, con el festejo por la victoria local preparado tan anticipadamente como la entrega de la derrota por la diplomacia uruguaya. Con semejante clima, en el vestuario celeste, poco antes del partido, surgió una inquietud: nadie encontraba al Mono Gambetta, que debía salir a la cancha como titular. A fuerza de buscarlo, lo encontraron: estaba durmiendo plácidamente una siesta en un rincón, pese a la parafernalia que venía de las gradas y lo mucho que se iba a jugar en la cancha. Naturalmente, ese gesto, seguramente espontáneo e involuntario, fue el mejor discurso para transmitir que había que mantener la calma y no dejarse envolver por el ruido y las presiones. En la cancha como siempre fue un león. Dejando el alma en cada pelota, para, junto a todo el colectivo, a las 5 menos 10 de la tarde del 16 de julio de 1950, con el pitazo final, conquistar el histórico triunfo y con ello, el silencio de todos quienes festejaban o se atemorizaban antes de tiempo.

No hay nada que hacerle, a veces, al menos para los habitantes de estos lares, el fútbol es más que una pasión y se transforma en una verdadera alegoría de la vida, individual y colectiva.

Este 1° de Mayo será muy peculiar. Será el segundo día de los trabajadores celebrado bajo las restricciones que impone la pandemia del COVID 19. Será descentralizado, apuntando más a muchos modestos gestos que a las movidas de mayores dimensiones. Pero además será un 1° de Mayo que tendrá como un eje central llevar adelante el principal combate del campo popular en nuestro tiempo: recolectar firmas para que en las urnas se pueda decidir entre derogar 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) o avalar su permanencia en el marco normativo nacional. Lo cual no es un hecho de naturaleza jurídica: los 135 artículos son el eje del programa más audaz de la derecha uruguaya desde la dictadura. Afectan el derecho a la vida, a la seguridad, a la privacidad, el control de los diversos poderes del Estado sobre actividades tan sensibles como las de los servicios de Inteligencia, institucionalizan el achique del Estado y el recorte de la inversión pública, pulverizan el Instituto Nacional de Colonización, sacan a los docentes de la conducción de la Educación Pública para entregarla llave en mano a gerentes, atacan frontalmente las libertades sindicales, los derechos laborales, las libertades civiles y un penoso y largo etc. Y como éstos 135 artículos están hoy en vigencia, no hay una posible opinión neutra: quien no los impugna, los propugna; quien no los rechaza, los apoya.

Esto no es ver la vida en blanco y negro, ni ser dogmático. Es ser sincero y decir que, no la vida, pero sí esta decisión, sólo tiene dos salidas: estar en contra o a favor de este brutal programa de desnaturalización de lo mejor del Uruguay republicano y de virar al fondo y a la derecha. Para que al menos sea posible expresar explícitamente el desacuerdo o acuerdo, hay que firmar para que todos podamos votar lo que nunca nadie nos preguntó qué opinábamos, pues este programa fue mantenido en cuidadoso silencio durante las instancias electorales.

Conseguir firmas es un acto esencial para mantener viva la raíz de la democracia en el Uruguay: que tengamos derecho a consentir o disentir.

Convencer de que es necesario borrar de la normativa nacional cada uno de estos 135 artículos y con ello poner un freno a un genuino manifiesto de la derecha neoliberal y filofascista, es vital para defender al campo popular.

Por barrios, por manzanas, por vínculos personales, por locales abiertos, por “delivery”, por la vía que sea, el mejor homenaje al sentido mismo del 1° de Mayo es juntar firmas.

He oído muchas opiniones sobre que hay quienes piensan en una derrota digna. También he oído que hay quienes se sienten muy presionados o enojados por lo que perciben en el entorno político y mediático. E inevitablemente me viene la imagen del Mono Gambetta, que, frente al ruido y el escepticismo, mostró la más sorprendente y contundente manifestación de absoluta calma, para después salir a comerse la cancha y, desde el esfuerzo colectivo, tapar tantas bocas y descreimientos.

Hay dos excesos que no se pueden cometer en la vida: el del optimismo o el del pesimismo. Ni caer en el triunfalismo que da por ganado el partido que no se jugó, ni en el derrotismo de planificarlo para conseguir una derrota decorosa. Se juega para ganar y hasta el último instante. El resultado, se conoce al final y sólo al final. Punto.

La pandemia en absoluto estado de descontrol, que le costó la vida a 2.500 compatriotas como muestra del rotundo fracaso del prolongadísimo confinamiento voluntario, hijo de “la libertad responsable” como política de Estado (ausente sin aviso), tiene consecuencias objetivas y subjetivas muy adversas para el trabajo político mano a mano. Las obvias restricciones al contacto son muy objetivas, la generación de temores, depresiones, etc., son factores subjetivos tan relevantes como los objetivos. A su vez la desatención total de la situación de pauperización y marginación, de las 380 mil personas con hambre, de las muchas más con serios problemas para subsistir, generan también dificultades objetivas y subjetivas. Objetivamente si chifla la panza propia y ni hablar si es la de la familia, difícilmente alguna persona piense en otra cosa que en cómo salir de esa penuria. Pero adicionalmente, a nivel subjetivo estará caliente, fastidiado, descreído, puede pensar que poco le importa lo que digan o dejen de decir las leyes si “está en la lona”. Todas esas dificultades hay que entenderlas y por supuesto, respetarlas, porque son reacciones humanas ante situaciones inhumanas.

Estos factores objetivos y subjetivos naturalmente hacen mucho más difícil recolectar firmas que en una circunstancia normal. Más cuando se pretende desde la derecha que es improrrogable el plazo.

Demostrando o bien la curiosa elasticidad de nuestra Constitución, flexible cuando se trata de elecciones departamentales, inflexible cuando se trata de iniciativas populares, o más bien, su absoluta hipocresía y temor a que el soberano pueda opinar.

Por ello lograr alcanzar las firmas es nuestra modesta versión del Maracanazo. Si se siente desanimado u ofuscado, no pido que piense en un gran texto o autor. Le pido que piense en la calma del Mono Gambetta, ante derrotistas y triunfalistas precoces. Y que éste 1° de Mayo, salga a la cancha como él en aquella tarde, a no dar absolutamente ninguna por perdida y confiado en la fuerza de su convicción, de su entrega y de la capacidad del colectivo.