Oscar Andrade (*)
La fundación del Frente Amplio es la principal conquista del pueblo trabajador uruguayo del último siglo, ni más ni menos.
Las luchas por la justicia social están inundadas de heroísmo, pero también de feroces divisiones tanto en el plano social como en el plano político, divisiones que muchas veces facilitaron la reacción contra las causas populares.
La unidad no fue un acto repentino, tiene hondas raíces: las luchas que desde distintos espacios se dieron contra la dictadura de Terra; la solidaridad internacional con la república española; los procesos unitarios que se forjaron a la luz de la ley de Consejos de Salario, los sindicatos por rama de actividad y que pavimentaron el terreno para la construcción de una central sindical.
En ese contexto es emblemático el año 1958 con esa consigna concepción: «obreros estudiantes unidos y adelante»; la solidaridad con las luchas latinoamericanas en particular la revolución cubana; en las calles, las asambleas, en las marchas, en las facultades, en las fábricas y centros de trabajo, en los barrios, se fue pariendo la unidad.
El Congreso de Pueblo fue una síntesis profunda en lo social que aceleró el proceso de unidad sindical, “unir pueblo y avanzar” como una concepción estratégica que fíe haciéndose patrimonio de cada vez más amplios sectores del campo popular.
Simultáneamente las respuestas autoritarias a la crisis social se fueron profundizando y llega el año 1968 con la represión generalizada al movimiento sindical y el asesinato de estudiantes en la calle, se crean los Comités por las Libertades, estas circunstancias aceleraron el desprendimiento de sectores progresistas de los partidos tradicionales.
En todo ese proceso, de unidad, de lucha común, es clave el papel de Liber Seregni, como dirigente independiente, también los distintos pronunciamientos de fuerzas políticas y de personalidades, las mesas por la unidad.
En 1971, la construcción de un Programa común, las treinta medidas para enfrentar la crisis, un candidato común, una red de Comités de Base y una conmovedora movilización el 26 de marzo, coronaron la fundación del Frente Amplio.
Este aniversario es a los 50 años del golpe de Estado que vino a cortar por la yugular el proceso de acumulación de fuerzas social y político del pueblo uruguayo y a instalar una política económica que barriera ferozmente las conquistas sociales.
La dictadura significó sin dudas la prueba más dura para la unidad de la izquierda recién nacida, las prácticas represivas del terrorismo de estado tuvieron como objetivo central a nuestro Frente Amplio.
Este más de medio siglo de historia, además, nos encuentra en un contexto donde la experiencia reciente demostró la importancia de conquistar el gobierno para avanzar en las luchas contra las desigualdades. El descenso de la pobreza y la indigencia, la mejora del salario, el cambio en la matriz energética y la de telecomunicaciones, las operaciones de ojos o el Plan Ceibal, el aumento de la inversión social, entre otras conquistas, no hubieran sido posibles sin los tres gobiernos nacionales frenteamplistas.
Así mismo la historia nos confirmó, de manera cruda, que con solo llegar al gobierno no alcanza, esos años con las conquistas que antes mencioné como cruel paradoja también fueron años de debilitamiento de los Comité de Base (en cantidad y calidad), de excesiva institucionalización de la izquierda, de enfrentamientos cada vez más frecuentes con nuestra base social, de pobres espacios para debates estratégicos que nos permitieran regenerar una cultura de compromiso, vital para cualquier proyecto popular.
La derrota en las elecciones del 2019 le abrió paso a un gobierno antipopular, antinacional, antidemocrático y con niveles de corrupción de escándalo.
Antipopular dado que sus medidas económicas no han parado de deteriorar los salarios y las jubilaciones en beneficio de grandes grupos económicos.
Antinacional dado que su política ha entregado el puerto a un monopolio privado y debilitado las empresas públicas en detrimento de la soberanía.
Y antidemocrático puesto que abundan normas que recortan las libertades sindicales, persecución a docentes, presión a periodistas, llegando en las últimas horas a ser noticia graves casos de espionaje.
Estas características son aún peores por los duros casos de corrupción.
Para nuestra fuerza política es una obligación aprender de la historia reciente.
Aprender de todo lo bueno de nuestra experiencia en el gobierno, pero, simultáneamente, incorporar las cuestiones que no supimos o no pudimos resolver.
Cuánto nos quedó pendiente en ciencia y tecnología o en políticas diferenciales para la pequeña producción.
Cuánto en segregación territorial y vivienda o primera infancia. Cuánto en salud mental o en la necesidad de ir a una estructura productiva menos primarizada. Cuánto en cultura.
Este aniversario se da en ese contexto donde estamos desafiados a que la discusión programática sea un hervidero y la conquista de las grandes mayorías se de en función a nuestro proyecto y no sólo se decante por las calamidades que genera la coalición de derecha actualmente en el gobierno.
También la historia reciente, en particular la recolección de firmas contra los 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración, demostró, una vez más, la centralidad de la participación popular.
Este es un aniversario con esos desafíos, entre ellos el de la conquista de grandes mayorías, no sólo para la victoria electoral sino para la construcción del proyecto popular y democrático.
A redoblar.
(*) Senador del Frente Amplio y la 1001, miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PCU.
Foto de portada:
Óscar Andrade durante un acto del Frente Amplio en Melo, Cerro Largo. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.























