Un SI bien grande

Ante la casi completa certeza, de acuerdo con las cifras de validación de las firmas en la Corte Electoral, de que habrá referéndum para resolver si se anulan 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC), la Comisión Nacional Pro Referéndum “oficializó” el lanzamiento de la segunda etapa de la campaña.
Se presentó la consigna “La LUC no es Uruguay. Votá SI” y se anunció un acto para este sábado en el Velódromo de Montevideo, así como actividades de lanzamiento en prácticamente todos los departamentos del país.
Fue la señal de largada de la segunda etapa de una batalla política de enorme relevancia. La LUC no es el único instrumento de la restauración conservadora, también la componen el Presupuesto y las Rendiciones de Cuentas, la política salarial, la gestión cotidiana del gobierno, la materialidad del funcionamiento de la sociedad y las medidas prácticas que diariamente toman las y los grandes empresarios, cuya expresión política es la coalición de derecha que nos gobierna.
Pero la LUC es un instrumento central. El referéndum es el escenario político principal de la disputa entre el bloque de poder, que busca imponer, a como dé lugar, su programa de restauración conservadora, ajuste y concentración de la riqueza y poder; y el bloque popular, que procura defender lo conquistado y abrir caminos de avance democrático, es decir de construcción de libertad e igualdad.
Por eso fue tan importante la construcción del consenso y la unidad que permitieron la organización y movilización de decenas de miles de militantes, en todo el país, que con su acción generaron el hecho político más trascendente de este año: la obtención de 800 mil firmas.
Como ya lo hemos dicho, pero hay que reiterar, las 800 mil firmas cambiaron todo. Mostraron que las clases dominantes lograron concentrar mucho poder, pero esto no les permite hacer lo que se les antoje, cuando se les antoje y como se les antoje. Las 800 mil firmas mostraron un límite, el que les pone la capacidad de movilización y de transformación de la realidad de las fuerzas unidas del movimiento popular. Mostraron que era una gran mentira que, como decía la derecha y pontificaban los intelectuales orgánicos del poder, el movimiento popular y sus herramientas estaban en crisis y sin capacidad de reacción. Desnudaron hasta el ridículo la actitud soberbia del presidente Lacalle Pou de decir que no sabía qué era el Frente Amplio. Mostraron que hay capacidad del movimiento popular para disputar la iniciativa política a las clases dominantes. Por primera vez, desde el triunfo electoral de la coalición penta partidaria de la derecha, el movimiento popular recuperó la ofensiva y las expresiones políticas y sociales de la derecha quedaron a la defensiva. La euforia, exagerada y desmedida, el descontrol refundacional de la fiebre revanchista de los sectores del poder, dio paso al enojo, al desconcierto y al nerviosismo. En contrapartida la militancia popular elevó su estado de ánimo, se sintió, con razón, protagonista de una hazaña, tomó conciencia de la fuerza de su unidad.
Por eso, aunque ahora estemos de lanzamiento oficial, y, como corresponde y es necesario, se estrenen consigna y jingle para esta segunda etapa, en realidad la campaña no se detuvo nunca. Ese estado de ánimo en la militancia popular ha perdurado en el tiempo, a pesar de la pandemia y de las duras consecuencias de la aplicación del ajuste neoliberal en marcha.
El desafío es enorme, hay que multiplicar la llegada a nuestro pueblo por todas las vías posibles. Seguramente el mano a mano, la barriada, que mostraron, aún en las restricciones de la pandemia, su papel insustituible para disputarle la hegemonía, es decir, en esta etapa, el corazón y la cabeza, la conciencia, de nuestra gente, a las clases dominantes, serán uno de los espacios claves de la campaña.
En el terreno argumental, además de fundamentar el impacto de los 135 artículos que se buscan derogar, hay que decir sin vueltas que la LUC es una reforma estructural antidemocrática y antipopular. Por su forma, porque se buscó imponer un retroceso histórico, cambiar políticas públicas que se habían consensuado tras un esfuerzo enorme de diálogo, tradiciones democráticas que hacen a la conformación de lo mejor de nuestra identidad nacional, retaceando el debate y la información a la ciudadanía. Por su contenido porque recorta libertades y genera más desigualdad, para eso está hecha.
La LUC es mala por los derechos y libertades que recorta y también por lo que impone. La LUC es un conjunto de modelos fracasados en todo el mundo, solo sustentados por el fanatismo neoliberal hegemónico en la coalición de derecha que nos gobierna.
Las políticas que propone la LUC han fracasado en todo el mundo, lo siguen haciendo hoy y están siendo abandonadas en los países que nos muestran como ejemplo. El modelo de liberalización de la importación y el precio de los combustibles es un fracaso en los países donde se aplicó, y su instrumentación en estos meses resultó en una cadena de aumentos en los precios. El modelo mercantilista, sin participación social y con criterios empresariales en la Educación, fracasó rotundamente en Chile, el pueblo chileno construyó caminos para enterrarlo. La privatización de la seguridad social, el recorte de derechos, han sido calificados como “estafa” en Chile y en otros países del continente donde el neoliberalismo los impuso. El aumento de las penas y la discrecionalidad para la represión policial no implicaron la reducción del delito en ningún país, solo han aumentado la violencia. Dejar librado solamente al mercado la regulación del acceso a la tierra solo conduce a la concentración de la propiedad de esta, una de las formas principales de acumulación de la riqueza y a la exclusión de miles. La crisis múltiple del capitalismo, ecológica, ambiental, económica y financiera, amplificada por la pandemia, ha generado que millones caigan en la pobreza, frente a ello los Estados han realizado enormes esfuerzos de apoyo económico, nadie se acuerda de la regla fiscal, incluida en la LUC, rémora ortodoxa del neoliberalismo de la que buscan escaparse todos los países del mundo.
Por eso, es importante fundamentar también que la LUC no es mala solo por lo que nos quita, incluye un conjunto de políticas fracasadas en todo el mundo. El SI a la anulación de los 135 artículos principales también evitará el seguro desastre al que nos conducirían.
Es decisivo reafirmar con todo nuestro pueblo, que esta no es una campaña del Frente Amplio contra el gobierno, como la quieren presentar de forma sesgada y mentirosa. Como bien explicó la Comisión en su lanzamiento: “No es un debate entre partidos políticos, sino sobre educación, vivienda, empresas públicas, el rol del Estado, los derechos de las y los trabajadores, las libertades públicas, la violencia y la democracia”.
Hay que unir todo lo unible, para enfrentar el proyecto de país que solo beneficia a los “malla oro”, que eso es la LUC. Las 800 mil firmas, el tamaño de pueblo organizado y movilizado que las consiguieron, la unidad construida en la Comisión Pro Referéndum, el paro y el acto del 15 de setiembre, con la unidad de las y los trabajadores de la ciudad y el campo, las elecciones del SMU y las elecciones universitarias, muestran que se puede.
Fueron y son importantes las luchas sindicales y sociales, la solidaridad organizada en las ollas, el Congreso del FA, lo serán las elecciones para el CODICEN y las ATD y en el BPS, el Congreso del PIT-CNT, los Congresos de la UJC y el PCU y las elecciones internas del FA. Ninguna lucha sobra, ninguna debe ser abandonada. Pero hay una que tiene la potencialidad de sintetizarlas a todas y dar un salto en calidad.
La campaña hacia el referéndum es el eslabón central de la táctica, es una batalla con proyecciones estratégicas, su desarrollo y su resultado, impactarán, ya lo están haciendo, sobre el conjunto del escenario político nacional.
El desafío es enorme, para vencer hay que generar una síntesis política y social que impacte sobre la mayoría de la sociedad uruguaya. Para lograr eso hay que militar, en unidad, para construir un SI tan grande como la patria entera.

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