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Wiphalas al viento

Triunfazo del MAS en primera vuelta en Bolivia.
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Por Rony Corbo

A un año del golpe de estado perpetrado contra Evo Morales, por la oligarquía boliviana por mandato del imperialismo norteamericano con Donald Trump y Mike Pompeo a la cabeza y con participación determinante del Ministerio de Colonias, la OEA de Luis Almagro, el Movimiento al Socialismo (MAS), obtiene una contundente victoria con más de la mitad de los votos, en una elección con altísima participación de las y los bolivianos pase a los intentos de amedrentamiento de los paramilitares y a la militarización del país entero.

Según los últimos resultados, Luis Arce y David Choquehuanca ganaron con el 54,6% de los votos; Mesa obtuvo un 29% y Luis Fernando Camacho, el candidato ultraderechista de Santa Cruz, un 14%. La fórmula del MAS ganó en seis de los nueve departamentos que componen Bolivia lo que les asegura un holgada mayoría en el parlamento. En la ciudad de El Alto el binomio Arce-Choquehanca estableció una diferencia de 56 puntos respecto a Mesa: 76,7 contra 20,7 por ciento. En la ciudad de La Paz la diferencia fue de 67,4 % contra 29,7%.

Esto es una prueba contundente de que los resultados de las elecciones del año pasado, que terminaron en un golpe de Estado, no fueron un fraude sino que fueron objeto de acusaciones infundadas por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) al mando de Luis Almagro. Por ello en estas horas México, el Grupo de Puebla y el Foro de Sao Paulo exigen la renuncia de Luis Almagro a la OEA.

Dada la amplitud de la victoria del MAS a la derecha le fue imposible “torcer” la elección y desde Yeanine Añez (la dictadora) hasta Almagro reconocieron el triunfo de Arce y Choquehuanca. No así Luis Fernando Camacho y los paramilitares que tendrán representación importante en el congreso boliviano y que anunciaron movilizaciones en Santa Cruz de la Sierra donde ganaron.

En un tuit, la presidenta golpista de derecha respaldada por Estados Unidos, Jeanine Áñez Chávez, señaló que todavía se estaba contando el recuento oficial. Sin embargo, reconoció la victoria de Arce.

“Aún no tenemos un conteo oficial, pero por los datos que tenemos, el Sr. Arce y [su candidato a la vicepresidencia] el Sr. [David] Choquehuanca han ganado las elecciones. Felicito a los ganadores y les pido que gobiernen con Bolivia y la democracia en mente”.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, también felicitó el lunes a Luis Arce y David Choquehuanca, deseándoles éxitos. «Estoy seguro que desde la democracia sabrán forjar un futuro brillante para su país. Un reconocimiento al pueblo boliviano», manifestó mediante Twitter.

Dale tu mano al indio, dale que te hará bien América

En Bolivia, en la madrugada del lunes, Luis Arce dijo: «Hemos recuperado la democracia. Prometemos responder a nuestro compromiso de trabajar y llevar nuestro programa a buen puerto. Vamos a gobernar para todos los bolivianos y construir un gobierno de unidad nacional”.

Desde Buenos Aires Evo Morales felicitaba a Luis (Arce) y a David (Choquehuanca): “Bolivia es un ejemplo para el mundo (…) Muy pronto nuestro país iniciará una nueva etapa de grandes desafíos. Debemos dejar de lado las diferencias e intereses sectoriales y regionales para lograr un gran acuerdo nacional”.

Mientras tanto el pueblo se lanzaba a las calles a festejar recordando los cientos de masacrados en Sacaba, en Cochabamba, y Senkata, en El Alto, defendiendo la democracia en Bolivia y los logros de más de una década desde que asumió del primer indígena presidente en la América Nuestra: Evo Morales.

“La piel del indio te enseñará, todas las sendas que habrás de andar, manos de cobre te ha de mostrar, toda la sangre que has de dejar”. Porque este es el triunfo de los indígenas y campesinos, de sus organizaciones, de sus partidos, de los sindicatos, y de los viejos y nuevos militantes de la diversa izquierda boliviana y su fuerza descolonizadora.

Luego de un año de un golpe de estado pergeñado por los EEUU y la oligarquía boliviana, la Revolución Cultural en Bolivia está de regreso y con ella el combate a la pobreza y la desigualdad de los pueblos originarios, la recuperación del control de los recursos naturales y la búsqueda de la justicia social.

El resultado en síntesis representa un triunfo para los pueblos originarios de Bolivia y una derrota para la ultraderecha que el 12 de noviembre del año pasado autoproclamó como presidenta a Jeanine Añez por mandato de “Dios y la Biblia”, que volvían a Palacio rodeadas de militares.

Las enseñanzas del proceso boliviano

En un interesante análisis sobre las enseñanzas de lo vivido en Bolivia en un año de dictadura y la formidable reacción popular para recuperar la democracia Isabel Rauber nos dice: “Un triunfo con una participación tan grande y una diferencia de más del 20% de los votos en menos de un año, período donde el golpe se ensañó con represión y violencia contra todo lo que fuera simpatizantes, amigos, ni hablar, militantes y dirigentes del MAS. No es cualquier triunfo, es el del pueblo en medio de la dictadura y la represión implacable, con permanentes amenazas de muerte, con un chantaje político, social y cultural. En esas condiciones el MAS gana. Lo primero que queda en evidencia es que el año pasado no hubo ningún fraude y Evo ganó bien”.

Lo segundo “la necesidad de una unidad construida desde abajo, por los de abajo, que si supieron ponerse por encima de diferentes identidades y lecturas de lo que había ocurrido con las elecciones y en el período inmediato anterior, para comprender que la alternativa era entre que el pueblo que se convertía en sujeto político protagonista de su historia o su historia las protagonizaban otros y quedaban subyugados”.

Lo tercero “que está articulado con las anteriores, hay un mensaje importante para los pueblos, los intelectuales, la izquierda latinoamericana, para los partidos políticos del campo popular y para los gobernantes: El MAS como instrumento político de soberanía de los pueblos es la expresión político institucional de un conjunto de movimientos sociopolíticos que son los que lo originan, y no a la inversa. No es la estructura política que crea los movimientos, sino el movimiento que crea la estructura”.

“Esto también incide en la profundización del proceso de descolonización de Bolivia, es un proceso simultáneo al político. No por una aceleración que llegue el nuevo gobierno sino por la necesidad de protagonismo del pueblo en la construcción de los consensos de los acuerdos que sean necesarios. Va a ser un gran aprendizaje para todos los procesos latinoamericanos, donde las izquierdas siempre pensaron que desde el partido se ordenaban estos procesos políticos. Esta etapa demuestra que es en un plano horizontal, de equidad, no de arriba para abajo ni de abajo para arriba, sino abriendo espacios para dialogar y construir colectivamente los procesos. Más allá de la natural jerarquía en la organización del Estado, el tema está en la toma de decisiones por el rumbo estratégico”, resumió Isabel.

En Bolivia ganó el pueblo, los indígenas Quechuas y Aymaras 500 años escalvos, ganó la democracia, la soberanía latinoamericana y perdió el imperialismo norteamericano de Trump y Pompeo, perdió Mesa y el fascismo de Luis Fernando Camacho, perdió Uribe y Duque, perdió Bolsonaro, perdió Mario Abdò Benítez, perdió Lacalle Pou y perdió Piñera, que el domingo pierde también en Chile, él y Pinochet.

Wiphalas al viento. Jallalla Bolivia, Jallalla.

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