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30 años del Foro de Sao Paulo

La construcción de la unidad en la diversidad de la izquierda en América Latina
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Por Rony Corbo

En julio de 1990, convocados por el Partido de los Trabajadores de Brasil, partidos políticos representantes de la izquierda latinoamericana se dieron cita en Sao Paulo, en el desaparecido Hotel Danubio y construyeron el Foro de Sao Paulo, lo que 30 años después es el principal conglomerado de organizaciones de izquierda, populares y progresistas del mundo.

La idea nació del líder de la Revolución Cubana, el comandante Fidel Castro, quien con su visión estratégica, en pleno periodo del derrumbe del socialismo real, de la desintegración de la URSS y del campo socialista de Europa del Este, llamó a la más amplia unidad de todas las fuerzas políticas contra el neoliberalismo. En el plano de la lucha de ideas había que enfrentar las tesis lanzadas por Francis Fukuyama del fin de la historia y de las ideologías.

En el plano práctico había que recomponer la izquierda bajo nuevos paradigmas, en condiciones muy difíciles, y enfrentar la propuesta anexionista del imperialismo norteamericano de la zona de libre comercio de las Américas, el ALCA.

Fidel y Lula: La Historia les dio la razón

Lula da Silva y su Partido, el PT de Brasil, eran expresión de esa nueva izquierda. En conjunto con Fidel, idearon y llevaron adelante la iniciativa de unificar la izquierda continental desde los comunistas hasta los socialdemócratas y demócrata cristianos en un amplio abanico multicolor de unidad en la diversidad.

En esa primera reunión en Sao Paulo Lula manifestó “Cuando resolvimos convocar esta reunión con Fidel confieso que no teníamos idea de los que era la izquierda latinoamericana. Vivimos una grave crisis de identidad y los dos grandes paradigmas políticos de izquierda del siglo XX están en crisis. Pero la izquierda latinoamericana existe y es necesaria la más amplia unidad de ella y con los movimientos sociales, de gran pluralismo ideológico y desde nuestras experiencias exitosas de gobiernos estaduales para competir con éxito en las elecciones nacionales enfrentando el desmantelamiento del Estado. Demos menos importancia a nuestras diferencias ideológicas y más valor a nuestra unidad de acción”.

En 1993 se celebró el segundo Foro de Sao Paulo en La Habana. El Jefe de la Revolución Cubana manifestó: “Es deber de la izquierda, en mi modesta opinión, crear conciencia de la necesidad de la integración y de la unión de América Latina. Ninguna región del mundo tiene tantas cosas en común. (…) El neoliberalismo no es una teoría del desarrollo, el neoliberalismo es la doctrina del saqueo total de nuestros pueblos; el neoliberalismo no nos promete nada porque, incluso, en los países desarrollados y súper desarrollados, el neoliberalismo no ha resuelto nada y están cambiando gobiernos porque no han podido resolver, ni siquiera, el problema del desempleo. (…)
Aquí en este foro no se está defendiendo el socialismo, y ninguno puede pretender que en este foro se plantee el socialismo como objetivo; ninguno puede pretender que las condiciones, tanto objetivas como subjetivas, en este momento sean propicias para la construcción del socialismo.

Creo que en este momento hay otras prioridades. Esto no quiere decir que el que lo quiera construir no lo construya, esto no quiere decir que se le vaya a prohibir a nadie construir el socialismo si puede construirlo, porque nosotros, que llevamos decenas de años luchando por construir el socialismo, no nos arrepentimos de lo que estamos haciendo y pensamos seguir construyendo el socialismo y pensamos salvar el socialismo en nuestro país, y pensamos perfeccionar el socialismo; pero creo que hoy en la América Latina la batalla prioritaria es —a mi juicio— derrotar el neoliberalismo, porque si no derrotamos al neoliberalismo desaparecemos como naciones, y como Estados independientes”.

Los años felices

Hacia fines de la década de los 90 los partidos miembros del FSP comienzan a ganar las elecciones nacionales en sus países. Hugo Chávez gana la presidencia de Venezuela y se inicia el “giro a la izquierda en nuestra región”; Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, en Brasil; Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina; Tabaré Vázquez y José Mujica con el Frente Amplio, en Uruguay; Evo Morales, en Bolivia; Manuel Zelaya, en Honduras; Rafael Correa, en Ecuador; Daniel Ortega, en Nicaragua; Leonel Fernández, en República Dominicana; Fernando Lugo, en Paraguay; Álvaro Colom, en Guatemala y Salvador Sánchez Cerén, en El Salvador. En las islas del Caribe anglófono figuras progresistas como Keith Mitchell, de Granada; Denzil Douglas, de San Cristóbal y Nieves; Kenny Anthony, de Santa Lucía; Ralph Gonsalves, de San Vicente y las Granadinas; Winston Spencer, de Antigua y Barbuda; y Roosevelt Skerrit de Dominica, también llegaron al gobierno.

La acción fundamental de los nuevos gobiernos de izquierda, progresistas y populares, fue construir alternativas al neoliberalismo en la región, una marcada agenda de políticas sociales para sacar de la pobreza a millones de latinoamericanos y caribeños y la integración regional como horizonte.
En las “dos décadas ganadas” se derrota el proyecto anexionista del ALCA en 2005 en Mar del Plata, propinando un duro revés al imperio norteamericano.

Los gobiernos progresistas, alentados por condiciones externas favorables como el precio de las materias primas, realizaron un manejo prudente de los recursos fiscales, así como un conjunto diversificado de políticas destinadas a eliminar las exclusiones sociales. El incremento en general del presupuesto público destinado a educación y salud, la ampliación del acceso a los servicios básicos de saneamiento y agua potable y las mejoras registradas en materia de vivienda y educación, se han traducido en una mejora importante de los niveles de vida de los latinoamericanos y caribeños. Entre el año 2000 y 2012 salieron de la pobreza 90 millones de personas en nuestra región, según el informe de Naciones Unidad de Desarrollo sostenible de noviembre de 2015.

En el plano de la integración regional se apuntó a entidades sin presencia de los Estados Unidos como UNASUR y CELAC, e instrumentos económicos independientes como el Banco del Sur. La complementariedad y la integración solidaria tuvo a Venezuela, su proyecto ALBA y Petrocaribe y su accionar bilateral o multilateral así como su ingreso al MERCOSUR como pico más alto de este proceso.

Retorno de la ofensiva conservadora

Como era de esperar el imperialismo norteamericano actuó sobre su “patio trasero” con golpes de estado como en Honduras, Paraguay, Brasil y Bolivia y apoyando sus «aliados» en elecciones nacionales como Argentina de Macri, Paraguay, Centroamérica y más recientemente Uruguay.

Recurre a reflotar organismos desprestigiados como la OEA y a su embargo histórico a Cuba suma a Venezuela, pegándole así en la línea de flotación al nuevo proceso de integración regional.

El golpe a Dilma Rousseff fue estratégico, por el peso de Brasil en el continente y por el acercamiento a China y Rusia que, a través de los BRICS, los gobiernos de Lula y Dilma realizaron.

Como Foro de Sao Paulo actualmente estamos analizando las causas de los retrocesos del campo popular y las estrategias para enfrentar la restauración conservadora y la política neomonrroista del gobierno de Donald Trump.

La estrategia de Fidel y Lula de unidad contra el neoliberalismo sigue hoy vigente. Con la experiencia de dos décadas de gobierno, los partidos miembros del Foro de Sao Paulo ya demostramos que gobernamos para las grandes mayorías populares. Lo demuestras hoy los Gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua sumándose ahora México y Argentina para desmentir “el giro a la derecha” del continente. Acá lo que hay es una disputa entre el imperialismo norteamericano y sus aliados, las oligarquías locales contra quienes pretendemos el desarrollo con justicia social e integración soberana de nuestros pueblos.

Como Foro de Sao Paulo entendemos los ataques crecientes desde las organizaciones de derecha como una parte más de esta contraofensiva. Responderemos con fuerza enfrentando al imperialismo norteamericano y sus aliados locales, para desde la más amplia unidad pasar a la ofensiva para una nueva oleada de gobiernos de izquierda, que si o si deberán avanzar en las grandes trasformaciones estructurales de nuestras sociedades, para en conjunto con la profundización democrática, hacer realidad el sueño de nuestros próceres de una América Latina y el Caribe unida en el buen vivir de sus pueblos y en la paz.

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