Por Diego Revetria
El Frente Izquierda de Liberación (FIdeL) y la Lista 1001 cumplieron 64 años de existencia en la vida política de nuestro país.
Este aniversario, tan significativo para nosotros, trasciende las propias banderas de la 1001, porque hace 64 años tuvo lugar una de las gestas más importantes de nuestro pueblo y de la izquierda uruguaya, un proceso que contribuyó decisivamente a preparar el camino para la creación de nuestro querido Frente Amplio.
Por eso, este aniversario es patrimonio de todas y todos quienes levantamos con orgullo la bandera de Otorgués y reivindicamos las transformaciones políticas, sociales y económicas impulsadas durante los gobiernos frenteamplistas, encabezados por los compañeros Tabaré Vázquez, José Mujica y, hoy, por el compañero Yamandú Orsi. Transformaciones que ampliaron derechos y oportunidades para quienes, durante décadas, las políticas de los partidos tradicionales condenaron a la exclusión, la pobreza y el olvido.
El Frente Izquierda de Liberación fue el primer proyecto político que buscó la unificación del pueblo, de todos los sectores de la izquierda del Uruguay, sin exclusiones. La necesidad impostergable de enfrentar las políticas de los partidos tradicionales, fiel reflejo de los intereses de la oligarquía nacional y del imperialismo norteamericano, demandaba que el camino hacia la unidad de nuestro pueblo se transitara sin excluir a nadie, a ningún sector de la izquierda. Que no quedara afuera ninguna expresión política de las clases populares.

La idea de la unidad del pueblo y de la clase obrera como protagonista en la construcción de una nueva sociedad no era nueva, ni en el mundo ni en el Uruguay. Pero es a mediados de la década de 1950 cuando la crisis estructural del país comienza a sentirse con mayor intensidad y las distintas expresiones de las clases populares empiezan a buscar caminos para superarla. Hasta ese momento, la izquierda siempre se había presentado dividida a las elecciones. Eso constituía un obstáculo para el desarrollo de una perspectiva popular.
En ese marco, diferentes personalidades y grupos políticos comenzaron a buscar los caminos para hacer realidad la unidad de la izquierda, constituyendo un Frente Democrático de Liberación Nacional, llamado a desarrollar la conciencia popular y conducir la experiencia revolucionaria que permitiera realizar la revolución agraria antiimperialista, con la clase trabajadora como vanguardia y pilar fundamental del proceso hacia el socialismo.
Es así que, el 15 de julio de 1962, se funda el Frente Izquierda de Liberación (FIdeL), presidido por don Luis Pedro Bonavita. Sus integrantes proclamaban: «Partidos y grupos políticos que hemos venido luchando por la unidad de izquierdas sin exclusiones, resolvemos dar por constituido un frente de acción política, integrado por los participantes, que deje abierto el camino para la incorporación de todas las fuerzas de izquierda, objetivo por el que luchamos y seguiremos luchando.»
Harían falta algunos años más para que toda la izquierda pudiera encontrarse en un mismo camino. Pero en las elecciones de 1962 nuestro pueblo marcó claramente la perspectiva a seguir bajo el concepto de la Unidad sin exclusiones, ocasión en la que el FIdeL fue la mayor expresión electoral de la izquierda. Aquellas elecciones configuraron un hecho político sin precedentes, perspectiva que se reafirmó en 1966. Ambos procesos se dieron en el marco de un pueblo que avanzaba hacia la unidad. En esos años surgieron el Comité Universitario por la Unidad de las Izquierdas, el Congreso del Pueblo y, como hito fundamental, la constitución definitiva de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) en 1966, asentando así las bases para la creación del Frente Amplio.
La construcción del Frente Amplio no fue tarea sencilla ni de un día para el otro. Fue el resultado de esfuerzos que llevaban más de una década, dejando de lado intereses individuales y sectoriales para poner por delante los intereses de nuestro pueblo.

El entonces presidente del FIdeL, Luis P. Bonavita, decía: «Hoy ya no sólo nos encontramos para decir cómo avizoramos el porvenir, sino por qué juzgamos que se están dando las condiciones para ganar la unidad política popular y transformarla en una alternativa de poder, capaz de colocar al pueblo en el gobierno de la República y, desde el gobierno, construir el nuevo Uruguay de justicia y de avance en todos los órdenes de la vida nacional.»
El general Baliñas, como tantos otros compañeros, tenía claro que la disputa con la oligarquía no era solamente en el plano electoral y que la mayor fortaleza del Frente Amplio radicaba en su carácter de fuerza política popular organizada.
El Frente Izquierda de Liberación también jugó un papel fundamental en la resistencia y en la salida del régimen dictatorial. El compañero Adolfo Aguirre González, candidato a presidente por la Lista 1001 en las elecciones de 1962 y 1966, presidía nuestra organización desde 1971. Durante la clandestinidad integró la Mesa Ejecutiva del Frente Amplio y fue detenido en reiteradas oportunidades por las Fuerzas Conjuntas. Fue uno de los principales impulsores del voto por el NO en el plebiscito de 1980.
Luchó para que las elecciones de 1984 fueran realmente democráticas, con todos los partidos políticos legalizados y todos los ciudadanos desproscriptos. Además, sostenía que, si el retorno a la democracia requería una reforma constitucional, esta debía ser sometida a plebiscito.
Lamentablemente, esa posición no prosperó. Sin embargo, aquellos planteos confirmaban las denuncias que el compañero Aguirre venía realizando: que las Fuerzas Armadas pretendían una salida negociada fundamentalmente con el Partido Colorado y, dentro de este, con Julio María Sanguinetti, quien mejor representaba la idea de mantener intocable a la institución militar e ir diluyendo su responsabilidad frente al pueblo uruguayo, tanto por los ilícitos económicos como por los delitos de lesa humanidad.
En 1984, producto de la censura, tuvimos que comparecer junto a nuestros aliados en las elecciones con la Lista 10001 e iniciamos ese proceso bajo la denominación de Democracia Avanzada. La elección de 1989 fue la más exitosa en la historia de la 1001 en términos electorales, obteniendo cuatro senadores y ocho diputados.
Sin embargo, también se aproximaba una crisis que afectó a toda la izquierda y, en especial, a los partidos y sectores marxistas a nivel mundial. La caída de la Unión Soviética hizo que muchos compañeros se alejaran de la 1001 ante la incapacidad de explicar los acontecimientos que estaban ocurriendo en Europa del Este con el desmoronamiento del campo socialista. El vaciamiento de la dirigencia de la 1001 y el reciente fallecimiento de Rodney Arismendi, en diciembre de 1989, la afectaron significativamente.

Pero la claridad ideológica de un grupo de compañeros y compañeras, que optó por mantenerse firme ante la adversidad, hizo posible sostener los mismos principios que habían motivado la fundación del Frente Izquierda de Liberación en 1962. Entre ellos se encontraban la compañera Marina Arismendi, Ana Olivera, el Gral. Arturo Baliñas y el compañero Doreen Ibarra, actual presidente del Frente Izquierda de Liberación y único diputado electo en aquella época que permaneció en la 1001.Ante los desafíos políticos que se plantearon a continuación, para nosotros la unidad sin exclusiones siempre fue lo más importante, y lo seguimos practicando coherentemente.
En 2002, una crisis estructural y financiera golpeó duramente a la clase trabajadora como consecuencia de las políticas neoliberales, dejando al país en una situación de gran vulnerabilidad.
En ese contexto contribuimos a sostener las instituciones democráticas y a elaborar propuestas para frenar la crisis.
Luego de tanto andar, en 2004 llegó la victoria de nuestro querido Frente Amplio de la mano del compañero Tabaré. A partir de entonces impulsamos profundas transformaciones que mejoraron la calidad de vida de nuestro pueblo. Gestionamos el Estado con mayor eficiencia, combatiendo el amiguismo, el clientelismo y la corrupción. Además, fortalecimos las finanzas públicas para impulsar políticas que sacaron a miles de compatriotas de la pobreza y ampliaron derechos.
Ahora, también debemos reflexionar sobre algunos aspectos en los que no avanzamos lo suficiente. No logramos redistribuir la riqueza para garantizar el bienestar de toda la población. En ese sentido, no conseguimos apropiarnos de una parte sustantiva de la renta agraria, que continúa en manos de unos pocos grandes exportadores que luego trasladan esos capitales al exterior. Esa es una discusión que tendremos que dar de cara al futuro, más aún después de las políticas antipopulares impulsadas por el gobierno de la coalición de derecha encabezado por Lacalle Pou, que recortó significativamente las políticas sociales.
En este sentido, saludamos los esfuerzos realizados por este gobierno, como la reciente ley presupuestal aprobada durante el gobierno de Yamandú Orsi, que grava las ganancias percibidas en el exterior como si fueran generadas en Uruguay. Esto permite que el Estado recaude 50 millones de dólares que antes no percibía y contribuya a contrarrestar la pesada herencia económica recibida del gobierno anterior, que afecta principalmente a los sectores más vulnerables de la sociedad.
También saludamos la reciente Ley de Empleo Integral, que busca promover el trabajo digno y mejorar el acceso al mercado laboral mediante la articulación de políticas de empleo, educación y capacitación profesional, especialmente para personas y sectores muy vulnerables, como las personas con discapacidad y las madres jefas de hogar. Asimismo, destacamos la ley que agiliza la expropiación de viviendas vacías y en desuso para garantizar el acceso a la vivienda.
Del mismo modo, apoyamos las distintas iniciativas orientadas a fortalecer las políticas públicas en favor de quienes menos tienen, como la propuesta presentada por el PIT-CNT de gravar al 1% más rico de las personas físicas para erradicar la pobreza infantil. La iniciativa alcanzaría a unas 25.000 personas con un patrimonio neto superior al millón de dólares, que pasarían a tributar por el excedente que supere ese umbral.
La Liberación Nacional, “nuestra segunda independencia”, como decía Baliñas, es una etapa que todavía está pendiente. Alcanzar la soberanía nacional es una lucha que aún tenemos por delante. Para ello, nos proponemos un Frente Izquierda de Liberación que contribuya a fortalecer la Democracia Avanzada y al Frente Amplio, levantando los mismos principios que inspiraron nuestra fundación: ser antioligárquicos y antiimperialistas, con el protagonismo popular como motor de las grandes transformaciones que nuestro país necesita para asegurar la soberanía de nuestro pueblo y la liberación nacional.
Si hablamos de antiimperialismo y soberanía nacional, no podemos dejar de hacer referencia a nuestro querido pueblo hermano de Cuba, símbolo de resistencia, que ha sostenido y defendido la Revolución con una dignidad admirable. El pueblo cubano, más que nadie, sabe de lo que es capaz el imperialismo para mantener su hegemonía y dominio sobre Latinoamérica. Prueba de ello es el endurecimiento del genocida y criminal bloqueo por parte de la administración Trump, impidiendo la llegada de ayuda humanitaria y combustible, e incluso amenazando con bombardear e intervenir militarmente la isla.
Desde el FIdeL estamos convencidos de que todo proceso verdaderamente emancipador tiende hacia el socialismo, y apostamos a contribuir a un Frente Izquierda de Liberación que crezca, sea más participativo y continúe profundizando la democracia. Que aporte a la discusión programática de nuestro Frente Amplio y al fortalecimiento de los comités de base, lugar de encuentro de nuestro pueblo, de discusión e intercambio de ideas, donde se sintetizan los debates. Pero, sobre todo, los comités de base son nuestra principal seña de identidad.
El Frente Izquierda de Liberación seguirá levantando las mismas banderas; seguirá defendiendo la unidad de la izquierda sin exclusiones, la Revolución Cubana y el socialismo como el único camino para alcanzar, como decía Artigas, «la pública felicidad».






















