72 años del asalto al Moncada

Un grito de rebeldía y un hito fundamental en la revolución cubana.

Gabriel Mazzarovich

El 26 de julio de 1953, un grupo de jóvenes cubanos, liderados por Fidel Castro, que integraban entre otros Abel Santamaria, Raúl Castro, Juan Almeida Bosque y dos mujeres combatientes: Haydee Santamaria y Melba Hernández, realizó un intento de tomar los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, para desplazar del poder a la feroz dictadura de Fulgencio Batista, apoyada por los Estados Unidos.

Ese grupo de jóvenes fue conocido como la Generación del Centenario, ya que decidieron esta acción en el marco de los 100 años del nacimiento de José Martí, héroe de la lucha por la independencia de Cuba.

El asalto a los dos cuarteles, a pesar de fracasar militarmente, al decir de Fidel “fue la chispa que encendió el motor” para construir la voluntad popular de luchar para derrotar la dictadura. 

El 26 de julio de 1953 representó la continuidad de la denominada Guerra Necesaria, concebida por José Martí; como parte del mismo proceso histórico de la revolución cubana, que nació con Carlos Manuel de Céspedes en 1868. 

Otro aspecto a destacar es que en el Oriente cubano se habían iniciado las tres guerras independentistas del siglo XIX; se realizaron insurrecciones populares en varios momentos del período republicano; la valentía de la resistencia armada de los campesinos de las montañas orientales contra los latifundistas era reconocida; y todo el territorio era conocido como “el Oriente indómito”, por el espíritu de rebeldía que caracterizaba a su pueblo.

Los hechos del 26 de julio de 1953

En la madrugada del 26 de Julio de 1953, 135 combatientes, vestidos con uniformes del Ejército y dirigidos por Fidel, se movilizaron desde la Granjita Siboney, en las afueras de la ciudad de Santiago de Cuba, y el jefe revolucionario les dijo: “Podrán vencer o ser vencidos… pero de todas maneras el movimiento triunfará, este gesto servirá de ejemplo para el pueblo de Cuba”.

Los guerrilleros se organizaron en tres grupos. El primero, con Fidel al frente, atacaría la fortaleza de Santiago de Cuba. El segundo, dirigido por Abel Santamaria, segundo jefe del movimiento tomaría el Hospital Civil y el tercero, con Raúl Castro al frente, el Palacio de Justicia, donde radicaba la Audiencia, desde cuya azotea apoyarían la acción principal.

El cuartel Guillermón Moncada, en el año 1953, era la sede del regimiento número 1 en la ciudad de Santiago de Cuba, capital de la entonces provincia de Oriente, donde nacieron Fidel Y Raúl.

Por su importancia, el Moncada era la segunda fortaleza militar del país, ocupada por unos mil hombres. La intención era tomar el cuartel, lanzar una proclama a todo el pueblo cubano, ocupar armamento y marchar hacia la Sierra Maestra, muy cercana a la ciudad. 

El asalto a los cuarteles terminó en una derrota militar, en la cual seis revolucionarios cayeron en la lucha; otros 55 fueron tomados prisioneros, torturados y asesinados por las fuerzas represivas del régimen, aunque después se les presentó como caídos en combate. Entre los asesinados estuvo Abel Santamaría, segundo jefe del grupo de los revolucionarios, hermano de Haydeé.

Como diría luego Fidel Castro: “El Moncada fue el motor pequeño que ayudó a echar a andar el motor grande de la Revolución cubana”. Fue en la práctica el primer peldaño en la escalada hacia el futuro independiente de Cuba, teniendo como hitos la divulgación del Programa del Moncada en el juicio a Fidel que siguió a su captura, el heroísmo de los revolucionarios en la cárcel y la lucha por su liberación, la constitución del Movimiento 26 de Julio, la expulsión a México y la preparación allí de la expedición del Granma en 1956, la articulación con otros movimientos, la lucha en la Sierra Maestra y luego en toda Cuba y la victoria del 1º de enero de 1959.

“La historia me absolverá”

El juicio contra los moncadistas y el alegato de Fidel, que asumió su propia defensa, un 16 de octubre de 1953, se transformaron en un acontecimiento político con amplias repercusiones en toda Cuba.

Las palabras de Fidel fueron recogidas por una joven periodista, Marta Rojas, que, venciendo la censura y el miedo a las represalias de la dictadura, reconstruyó todo lo dicho en base a sus notas. Esta versión luego se publicó bajo el título “La Historia Me Absolverá”. El título es la frase final de Fidel en su alegato casi textual, cuando dijo al Tribunal que lo juzgaba: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Los planteos de Fidel se convirtieron en el programa político y de movilización social que llevaría al pueblo y a todas las fuerzas revolucionarias a unirse contra la dictadura.

En el juicio, Fidel Castro pasó de acusado a acusador y denunció no sólo los crímenes cometidos en esos días por el régimen, sino todos los males que hacían sufrir al pueblo cubano. Al mismo tiempo, el alegato se convertía en el programa político del movimiento revolucionario y reseñaba las medidas que debían tomarse para enfrentar los problemas que aquejaban al pueblo. Es allí que se plantea la necesidad de una reforma agraria, de garantizar la educación y la salud para todo el pueblo de Cuba, etc.

En sus palabras Fidel proclamó a Martí autor Intelectual del Moncada, y lo citó diciendo “El pueblo más feliz es el que tenga más educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos (…) Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre”.

El 26 de julio marcó el inicio de la última y definitiva etapa en pos de la libertad de Cuba. Como expresara Fidel: “El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias”, por eso ese día se celebra en Cuba el Día de la Rebeldía Nacional.

Las lecciones del Moncada

Para profundizar en la proyección histórica, y por ello también presente, del Moncada, compartimos pasajes de un editorial publicado por EL POPULAR que la aborda.

En el editorial de nuestra edición 642 sostuvimos: “El asalto al Moncada fue un grito de rebeldía contra una de las tiranías más feroces conocidas hasta ese momento en el continente; financiada y sostenida por el imperialismo yanqui. No había ni democracia ni libertad en Cuba, tampoco había independencia, ni soberanía. 

Haydée Santamaría, una de las dos mujeres, junto a Melba Hernández, que integraron el grupo que asaltó el Moncada, definió el significado de esa acción de una forma maravillosa: “Allí estaba Cuba, y en juego, la dignidad de nuestro pueblo ofendida y la libertad ultrajada y la Revolución que le devolvería al pueblo su destino”.

Eso significó el Moncada y no puede ser olvidado ni desmerecido para justificar argumentos para polémicas actuales. No se puede mutilar ni bastardear la historia.

En un editorial anterior escribimos: “El Moncada es un parteaguas histórico para Cuba, marcó un antes y un después. En él se expresó la fuerza de la lucha histórica del pueblo cubano por su independencia, encarnada en José Martí, primero contra el colonialismo español, en seguida contra el naciente imperialismo yanqui y siempre contra la oligarquía cipaya. Y también la decisión de lucha de una nueva generación de revolucionarias y revolucionarios, justamente la del centenario del nacimiento de Martí, encabezada por Fidel Castro. La continuidad de la lucha por la independencia y la soberanía, por el derecho a existir como nación, vivió en el Moncada un momento de encuentro. La acumulación de fuerzas, que siempre se mide y se realiza en términos históricos, vivió un salto en calidad. El Moncada enseña, siempre y mucho. Enseña que se pueden tener las mejores causas, pero sin decisión de luchar por ellas y sin organización, no hay victoria posible. Enseña que las luchas adquieren profundidad y potencial transformador cuando se expresan en un programa que recoge el sentir más genuino del pueblo, eso y no otra cosa logró Fidel con su alegato en medio de un juicio, con “La Historia me absolverá”. También enseña que la unidad del pueblo es decisiva en cualquier circunstancia. Que los liderazgos son importantes, que la organización política y la firmeza de quienes encabezan la lucha y la impulsan, la vanguardia en términos nuestros es fundamental, pero que la tarea de la emancipación social, la revolución, es siempre obra del protagonismo popular. Es el pueblo organizado el sujeto de la historia. Todo eso es el Moncada, para Cuba y para todos quienes creemos en, y luchamos por, una alternativa superadora al capitalismo y por la segunda y definitiva independencia de nuestros pueblos latinoamericanos”.

Nada de eso ha cambiado, ¿por qué razón debería cambiar?

El Moncada también fue y es el inicio de la Revolución cubana. Y la Revolución cubana fue y es terminar con el analfabetismo, dar por primera vez acceso a la tierra a los pobres, salud y educación para todas y todos, poner la ciencia al servicio del pueblo y no de hacer multimillonarios a unos pocos, desarrollar la cultura como un derecho y no como un bien de consumo, construir igualdad para la mujer. Pero, en primer lugar, es dignidad, soberanía e independencia, por primera vez en la historia de Cuba. Fue y es la reivindicación del derecho de un pueblo, y la esperanza de todos los demás, de construir una sociedad distinta al capitalismo, de edificar una sociedad sin explotación.

Hoy Cuba y su Revolución enfrentan grandes retos. No es una novedad para nadie. Hay muchos factores que han llevado a esta situación, entre ellos errores en esa tarea siempre desafiante de construir una sociedad nueva. Sería un error muy grave atribuir todos los problemas de Cuba al bloqueo de EEUU y al hostigamiento permanente. No lo cometen las y los revolucionarios cubanos y tampoco nosotros al expresar nuestra solidaridad con ellos.

Nuestra solidaridad con Cuba no asume, ni pide, perfecciones imposibles e inexistentes. No está basada en la búsqueda de un modelo a repetir mecánicamente. La reconocemos imperfecta, con errores pasados y presentes. La obra de construir una sociedad nueva, sin recetas, con recursos siempre escasos y necesidades siempre grandes, es una tarea difícil. Hay en Cuba diferencias de opiniones, tanto en una parte del pueblo cubano que no apoya la Revolución, como entre los propios revolucionarios y revolucionarias. También se cometieron, se cometen y seguramente se cometerán injusticias que duelen.

Pero nada de ello es razón para rebajar o negar nuestra solidaridad con la Revolución cubana. Lo dijimos ante debates en el pasado y lo reiteramos por los presentes: No somos fiscales de otros pueblos. Aprendemos de sus luchas, en sus aciertos y en sus errores, y somos solidarios para defender su derecho a intentar realizar sus sueños de independencia y de construir una sociedad mejor. Cuba tiene derecho a ser independiente, tiene derecho a ser soberana, tiene derecho a ser libre, tiene derecho a su Revolución y tiene derecho al socialismo. El respeto a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos incluye a la libertad de construir otro sistema social, si no es una simpática formulación diplomática para quedar bien.

Fuimos y somos solidarios con la Revolución cubana porque nos paramos ante ella desde una posición de principios: el antimperialismo. En América Latina ser revolucionario, ser de izquierda, implica ser antimperialista. El imperialismo yanqui fue y es el principal enemigo de la independencia de nuestros países y del bienestar de nuestros pueblos. Y no se puede ser antimperialista en abstracto o teóricamente. El antimperialismo implica la solidaridad con el país y el pueblo más agredido por el imperialismo yanqui. Ser antimperialista es ser solidario con Cuba.

Como dijimos, es cierto que no se puede reducir los problemas de Cuba al bloqueo. Pero también lo es que no se puede omitir el impacto del bloqueo y del hostigamiento yanqui desde el primer día de la Revolución como factores fundamentales de las dificultades que enfrenta. Omitir el papel de la agresión yanqui en la situación de Cuba es como hablar de la vida en la Tierra sin considerar el papel que juega la atmósfera.

¿Cómo se puede pretender ignorar el impacto en la economía, el tejido social y la construcción política cubana que tuvo y tiene la agresión de la potencia más importante del mundo que incluyó una invasión, cientos de agresiones armadas, asesinatos, cientos de atentados contra los principales dirigentes revolucionarios, sabotajes y un bloqueo económico y financiero sostenido durante más de 60 años?

Por eso somos solidarios con Cuba. Pero hay mucho más, Cuba fue y es solidaridad con todos los pueblos del mundo; con Argelia recién liberada, con Vietnam, con la independencia de Namibia y de Angola, con Etiopía. Cuba contribuyó decisivamente a la caída de esa vergüenza para la humanidad que fue el apartheid en Sudáfrica y a la libertad de Nelson Mandela. Cuba fue refugio para miles de latinoamericanos perseguidos por el fascismo y las dictaduras. Cuba es hoy brigadas médicas en el lugar del mundo donde son necesarias.

Hoy Cuba tiene otros Moncadas, uno central es construir, en el presente, con todas sus complejidades, una síntesis política y social de la Revolución con la mayoría del pueblo cubano, y, en ese proceso, resolver los acuciantes problemas sin dejar a nadie en el camino. De esa compleja construcción también queremos aprender. Pero no somos observadores neutrales, estamos con la Revolución.

Por eso este 26 de julio, expresamos, junto a miles en todo el mundo, nuestra solidaridad con Cuba. Para devolver, aunque sea una pequeña parte de la solidaridad recibida, con el “Yo sí puedo”; con la “Operación Milagro”. Para retribuir su mano tendida, su compartir lo poco que tienen y hacerlo asumiendo todos los riesgos.

Le reconocemos a Cuba y su Revolución la decisión de no rendirse, el heroísmo, la dignidad. Por eso, estamos, más firmes que nunca, con el Partido Comunista de Cuba, con su pueblo, con su Revolución. Y lo hacemos con orgullo. Cuba no estuvo, no está y no estará nunca sola”.

Enlace en Cubadabe para descargar “La Historia me absolverá”:

http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2009/05/la-historia-me-absolvera-fidel-castro.pdf

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