Con vistas a cambiar una tradicional forma de funcionamiento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se presentó ante la Asamblea general del organismo internacional una propuesta de resolución que pretende cambiar el veto del que gozan los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Los poderes de veto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han sido utilizados tradicionalmente como una forma de intereses propios o de sus aliados, por lo que la nueva propuesta de resolución presentada ante la Asamblea General (AG) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) constituye “un intento de socavar el veto”.
Las evaluaciones iniciales de la propuesta sugieren que la misma sería apoyada por la mayoría de los 193 Estados miembros.
Titulada «Mandato permanente para un debate en la Asamblea General en caso de veto en el Consejo de Seguridad», el proyecto de resolución contaba hasta el pasado miércoles 20 de abril con 57 patrocinadores.
En declaraciones a la prensa, la embajadora permanente de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, declaró el martes 19 de abril, “que su país era uno de los copatrocinadores de la resolución, encabezada por un grupo de Estados miembros”, liderado por Liechtenstein.
“Esta medida innovadora convocaría automáticamente una reunión de la Asamblea General después de que se haya producido un veto en el Consejo de Seguridad”, afirmó la representante estadounidense, quien insistió en que su país tomaba en serio “su privilegio de poder de veto”.
Se trata, añadió, de “una responsabilidad sobria y solemne que debe ser respetada por aquellos miembros permanentes a los que se les ha confiado”, quien reconoció que “lamentablemente, no todos los miembros del Consejo de Seguridad comparten este sentimiento”.
La ocasión sirvió para que la embajadora estadounidense declarara la preocupación de su país por el modo en que Rusia hace un uso del mencionado veto.
“Estamos especialmente preocupados por el vergonzoso patrón de Rusia de abusar de su privilegio de veto en las últimas dos décadas”.
Consultado por el proyecto de resolución, Stephen Zunes, profesor de Política y Estudios Internacionales de la Universidad de San Francisco, recordó a la agencia de prensa IPS, “que la Asamblea General ha invocado esta resolución en cuatro ocasiones cuando una resolución ampliamente apoyada fue bloqueada por un veto: en 1950, en relación con la Guerra de Corea; en 1981, en relación con Namibia; y en 1980 y 1997, en relación con resoluciones sobre Palestina”.
“Resulta irónico que Estados Unidos impulse un papel más activo de la Asamblea General, dado que tres de esos cuatro casos fueron en respuesta a un veto de Estados Unidos. De hecho, en los últimos 50 años, Washington ha sido responsable de muchos más vetos que cualquier otro miembro del Consejo de Seguridad”, recalcó el especialista en relaciones internacionales, quien rememoró que, “de los 72 vetos estadounidenses a resoluciones del Consejo de Seguridad, Estados Unidos fue el único voto negativo en 63 de ellos”.
La nueva resolución propuesta, explicó, indica “que el Presidente de la Asamblea General convocará una reunión formal de la Asamblea dentro de los 10 días hábiles siguientes a la emisión de un veto por parte de uno o más miembros permanentes del Consejo de Seguridad”, con el objetivo expreso de “celebrar un debate sobre la situación respecto a la cual se emitió el veto, siempre que la Asamblea General no se reúna en una Sesión Especial de Emergencia sobre la misma situación”.
En esa misma dirección, el especialista en el Consejo de Seguridad, James Paul, declaró a IPS que, “desde la fundación de la ONU en 1945, la gran mayoría de los Estados miembros de la ONU han insistido en que los vetos en el máximo órgano político del foro mundial dificultan la acción para preservar la paz”.
EL experto recordó que “aunque los cinco miembros permanentes con derecho a veto nunca han aceptado una modificación de sus poderes de veto, los países más pequeños de la Asamblea General de la ONU han tratado de debilitar el veto mediante procedimientos y acciones que deslegitiman el uso del veto” protestando así “contra la agresión protegida por el veto y otras violaciones de la paz por parte de los gobiernos más poderosos”.
La actual iniciativa ha sido lanzada por un grupo de países afines, que pretenden “reforzar la paz y la legalidad internacionales”, así como, una forma de “protegerse de agresores mayores”.
La propuesta actual parte de la “oposición al veto ruso a una resolución del Consejo que condenaba su invasión de Ucrania”.
De prosperar la nueva iniciativa, dijo, se “desencadenaría automáticamente un debate en la Asamblea General cada vez que se utilice el veto en el Consejo de Seguridad”, el debate, aunque no vinculante, “podría desincentivar el uso del veto por parte de un miembro permanente”.
“Aunque la vergüenza de un debate no siempre actuaría como freno a la arrogancia de los Estados poderosos, valdría la pena aplicarlo”, recalcó Paul.
La iniciativa ha sido apoyada por Andreas Bummel, director ejecutivo de Democracia Sin Fronteras, quien declaró a la agencia de noticias que apoyaban “firmemente la iniciativa de Liechtenstein de que la Asamblea General se reúna automáticamente cada vez que se emita un veto en el Consejo de Seguridad”.
Para el experto, la propuesta “obligará a los miembros permanentes del Consejo a justificar su voto ante la comunidad mundial”, por lo que se eleva “el coste político del uso indebido del veto”.
“Es un paso importante en la dirección correcta”, dijo Bummel, quien agregó que veía con “buenos ojos”, que “Estados Unidos sea uno de los copatrocinadores de la resolución propuesta” ya que “están preparados para explicar cualquier uso futuro del veto ante la Asamblea General y aceptar su responsabilidad subsidiaria”, subrayó.
En sus declaraciones a IPS, Paul recordó “que muchos observadores señalan que grandes potencias como Rusia y Estados Unidos actúan constantemente despreciando el multilateralismo y con escasa consideración por la ONU y el derecho internacional”.
“Así pues, cabe preguntarse cómo pueden tener éxito las Naciones Unidas en un mundo expuesto a un uso tan cínico de la violencia y a un crudo engrandecimiento nacional. Ciertamente, no hay una respuesta fácil, pero está claro que quienes buscan socavar el veto y ampliar el potencial del derecho internacional están en el camino correcto”, enfatizó.
A su juicio, hay que insistir en “reducir el poder de veto (…) porque es el correcto”.
La nueva propuesta se cruza con la de reformar el Consejo de Seguridad que contempla la solicitud desde hace más de dos décadas, de cuatro fuertes aspirantes a engrosar la lista de miembros permanentes: Alemania, Brasil, India y Japón, quienes de conseguirlo tendrán que conformarse con ser tratados como “ciudadanos de segunda clase”, ya que ninguno de los cinco miembros actuales ha dado señales de que estos posibles nuevos integrantes accedan al poder de veto.






















