“La cara cruel y triste del Uruguay real está quedando cada vez más en evidencia”
Gonzalo Perera
Cada 25 de Agosto se recuerda en Uruguay la proclamación de las leyes de Independencia y Unión. La segunda enmarcaba nuestro territorio dentro del Proyecto Federal Artiguista, mucho más de lo que resulta tolerable para la historia oficial, que siempre nos ha dibujado como Estado tapón y excepcional, en medio de los gigantes del Cono Sur. Ambas leyes eran partes inseparables de un sueño, que nos llevaría a pensarnos en el mundo como independientes de las grandes potencias e integrados a nuestra región de mayor afinidad.
Ese sueño se ha tornado hoy una pesadilla. La actitud de siempre menoscabar la Ley de Unión es una cosa, pero muy otra es tener un presidente que juega al “enfant terrible” del Mercosur, al punto de quedar sus posturas claramente por debajo de las de su par paraguayo, Mario Abdo Benítez (crecido a la sombra del stroessnerismo). O al punto de hacer guerra mediática contra el gobierno argentino. O, ampliando la escala, al punto de hacer el ridículo recitando versos por encomienda en la cumbre de la UNASUR. Estos actos circenses nos han hecho pensar una y otra vez qué tan bajo podía llegar a caer el Uruguay en éstos “mejores cinco años de nuestras vidas”. Pero cabe reconocerle al gobierno que siempre supera nuestras previsiones y puede sorprendernos un poco más. Porque ya no afectando la Ley de Unión, sino la de Independencia, las actitudes de obsecuencia con el Brasil de Bolsonaro, revuelven el estómago. O el posicionamiento enérgico del Uruguay en diversos escenarios de la esfera internacional, donde, para decirlo sencillo, cada vez que en el Departamento de Estado de USA sopla un poco de aire frío, la cancillería uruguaya estornuda.
El cipayismo del que ha hecho gala este gobierno no tiene precedentes en la historia democrática del Uruguay, queda claro.
Pero hay temas en los que los circuitos de integración regional han funcionado a las mil maravillas. El caso de Sebastián Marset, receptor de un “delivery express” de pasaporte uruguayo, mientras era objeto de causas judiciales en Uruguay y Paraguay por narcotráfico a gran escala, homicidios y ataques a fiscales, entre otros “detalles”, y que estaba preso en Dubai por ingresar con pasaporte paraguayo falso, realmente supera los límites de lo imaginable. La reacción gubernamental no le va en zaga: ante la inmensa gravedad de la trama que involucra a los sectores más duros de la delincuencia internacional, y al ser interpelados el Ministro del Interior y el Canciller, el primero hizo un anuncio “espectacular”. Se trata de una investigación de urgencia que condujo a la inmediata destitución del Subdirector de la Dirección Nacional de Identificación Civil, funcionario que, si las cuentas no nos fallan, es de sexta o séptima línea en el gobierno nacional, o sea lo que habitualmente se llama un “mando medio”.
Obviamente, el ministro Heber, que festeja petardos que recuerdan balas en los barrios pobres, no pensó en una verdad tan simple que aterra. Si su reacción oficial fuera la correcta y todo se redujera a culpar al destituido, entonces tenemos un gobierno donde un mando medio, de los que hay varios cientos, fue capaz de hacer un desmadre de repercusión mundial. La pregunta inmediata que uno se debe hacer es qué otros horrores pueden hacer los demás cientos de mandos medios, si nuevamente dos ministros están tan distraídos “mirando para la fiambrera” como para que pase algo de éste tenor. A ver, el nivel de lógica de la respuesta oficial es como si a Heber le informaran que se avistó una manada de elefantes en el fondo de su casa y saliera presuroso a mostrar la hormiga que les “hizo piecito”, para ayudarlos a entrar. De todos los chistes de elefantes y hormigas, este es el más audaz, y el más trágico. Porque corren ríos de tinta y horas de informativos tratando de mostrar, contra toda evidencia, decisiones de firme combate a la delincuencia, por más que la inmensa mayoría de la población se siente más insegura que nunca. Pero en los containers que deberían contener soja, había toneladas de cocaína. No los remitió un “dealer” suburbano, sino un agroexportador. Porque las crecientes denuncias sobre cómo la LUC potenciaba la industria del lavado de activos, ahora tienen un nuevo capítulo, con la protección y amparo legal del Uruguay (el pasaporte es un documento del Estado uruguayo, no de un gobierno) al gran narco.
Naturalmente, si se considera que es el mismo ministro del Interior que fundamentó el no poner una guarnición con armas pesadas en Rivera, por el riesgo de que fuera tomada por la delincuencia, los absurdos se hacen cotidianos, mientras en la frontera las balas surcan calles y paredes sin impedimento alguno.
Pero siempre hay más. Ahora, para las pruebas PISA, que pretenden evaluar el estado de un sistema educativo (sin entrar sobre si lo hacen bien o mal), se estimula a la gurisada, regalándole la camiseta celeste, haciéndoles sentir que el resultado que obtenga es parte de la suerte de la mítica casaca. Lo más suave posible para calificar tal actitud es tilinguería, por usar de manera muy burda a los gurises, para tratar de sacar números que mejoren en algo, la percepción de lo que en la realidad va de mal en peor. Porque la cruel realidad, es que los gurises tienen cada vez menos clases, que se pretende reformar contenidos sin participación de la comunidad educativa, que los estudiantes se aglomeran cada vez más en locales inadecuados. Esa realidad no hay celeste que la camufle.
Cuando la cooperativa de los unidos por el odio, la llamada coalición multicolor, empieza a tener dificultades para poner de acuerdo a apenas dos coaligados, para ninguna propuesta que trascienda al salvataje mutuo, la cara cruel y triste del Uruguay real está quedando cada vez más en evidencia.
Es el Uruguay de todos los recursos extraídos a los trabajadores por pérdida de salario real, volcados al enriquecimiento obsceno de los malla oro, con crecimientos récord en las cuentas bancarias mayores y en depósitos en el extranjero. Es el narco-Uruguay, donde la soja se inhala y Marset es objeto de consideración privilegiada para la Cancillería y el Ministerio del Interior. Es las empresas públicas hechas trizas mientras las tarifas de los servicios no paran de subir. Donde el derecho a estudiar se va perdiendo, donde el presupuesto educativo se minimiza, donde centros educativos deben ocuparse en un intento desesperado por impedir que la Educación Pública siga siendo destrozada, como pretenden siempre los neoliberales, para quienes la Educación es una simple mercancía más. Donde el pasivo es una carga y por ello, se propone una reforma previsional que a la mayoría, la hace trabajar más para tener menor jubilación. Pero mientras tanto, aunque aún se discuta dentro de la coalición, se ha incluido en la propuesta de Rendición de Cuentas la derogación de la Ley de Medios del FA y reavivar decretos aprobados por la dictadura habilitando la censura y la represión en los medios, medios que casi todos son de pocas familias cercanas, pero por las dudas, por si alguno se llegara a rebelar, se tendrá la vía de acallarlo.
Este es el Uruguay en que vivimos. Este es el Uruguay al que resistimos. Este es el Uruguay al que queremos generar alternativas de fondo, desde el Congreso del Pueblo, desde cada rincón de la sociedad. Porque debe cambiar. Porque ya no se soporta y da vergüenza. Porque más que grave, ya es esdrújulo. Esdrújulo como aristocrático, como retrógrado, como patético.
Foto de portada:
El presidente de la República, Luis Lacalle Pou junto al canciller Francisco Bustillo. Foto: Daniel Rodríguez /adhocFOTOS.























