Foto aérea de las tumbas para las niñas muertas en un ataque contra una escuela primaria en Minab, en la provincia iraní de Hormozgan (Irán), el 3 de marzo de 2026. Foto: tomada de France24

Trump el genocida

Gabriel Mazzarovich

El presidente de EEUU, Donald Trump, ha demostrado con dichos explícitos y con hechos, también explícitos, su decisión de enfrentar su pérdida de hegemonía con la destrucción del derecho internacional y la imposición de la fuerza, el chantaje, la amenaza y la agresión, como herramientas privilegiadas de política internacional.

Pero el anuncio público de Trump, el 7 de abril, va un escalón más arriba de todo lo anterior, que ya era mucho. Trump, desquiciado porque no logra la rendición de Irán, lanzó una amenaza bestial: «Una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás”. 

Es el anuncio liso y llano de un genocidio, no hay un milímetro de exageración en esa caracterización, no hay posibilidad de entenderlo de otra manera. No podemos permitir que un anuncio de esta gravedad quede disimulado en el vértigo de dichos, noticias de la guerra y otras barbaridades que siguen pasando en estos días. 

Lo que dijo Trump es bestial por su contenido y también por la forma, lo hizo, como es su costumbre, a través de Truth Social, la red social que es su propiedad.

No anunció el agravamiento de la guerra, ilegal y criminal, contra Irán. No anunció el bombardeo de instalaciones militares, o del programa nuclear iraní, o puntos estratégicos de la producción petrolera. Anunció su disposición de destruir una civilización entera. 

De hacer desaparecer con el mayor poder militar del mundo una civilización milenaria, de las mujeres y hombres, niñas y niños que hoy la preservan y la viven, de sus creencias, también milenarias, de su arte, de su cultura, de su manera de ver el mundo. Es decir, anunció su disposición a perpetrar un genocidio.

No hay nada que pueda aminorar la gravedad de la amenaza. No se trató de un exabrupto de algún influencer fascista, de los que pululan en las redes. No, fue el presidente de EEUU anunciando que quería hacer desaparecer una civilización entera.

La amenaza muestra, descarnadamente, el carácter imperialista de Trump y su régimen, con el agregado del racismo y el supremacismo, componentes ineludibles del imperialismo norteamericano desde sus orígenes, manifestados por el desprecio hacia toda otra cultura o civilización, es decir hacia el resto de la humanidad. Tal desprecio, tal superioridad racial, que se puede arrogar el derecho de hacer desaparecer a una civilización entera a la que considera inferior y sin derecho a existir siquiera.

Es inevitable preguntarse: ¿Qué tiene que hacer o decir el multimillonario presidente de la potencia imperial para que haya una reacción decidida del resto del mundo? ¿No basta ni siquiera con esta amenaza bestial?

La amenaza del emperador aspiracional ya es de por sí un crimen. Es tarea de los expertos en derecho internacional establecer su tipificación, pero eso no lo central, anunciar un genocidio es un crimen y debe ser asumido como tal.

La gravedad de la amenaza fue comprendida por legisladores y expertos en el mundo y en el propio EEUU. Hubo congresistas que denunciaron esta amenaza e incluso, basándose en ella, entre otras razones, decidieron promover mecanismos legales para destituir a Trump.

Pero luego la saturación de información, un mal de esta época, que impide jerarquizar los hechos, una vez más desplazó el centro de la atención hacia otras cosas.

Una analista de El País de Madrid, Máriam Martínez-Bascuñán, alertó: “El lenguaje de exterminio no solo acompaña la violencia, sino que la prepara, la legitima y la hace imaginable. Cuando se normaliza este discurso, algo se rompe en el espacio público”. 

Es grave e inadmisible que Trump, el multimillonario que encabeza un régimen de oligarcas que se consideran al margen de cualquier ley, diga públicamente que está dispuesto a cometer genocidio. 

Pero, además, hace esta amenaza una persona que encabeza un régimen que, históricamente ha protagonizado agresiones brutales; el único que ha usado la bomba atómica contra población civil; el que usó napalm y fósforo en Vietnam y Corea; el que hizo experimentos con indígenas y afrodescendientes en EEUU y con pobres e indígenas en Guatemala y otros países de nuestro continente.

El régimen, que en estos meses ha bombardeado, asesinado, cometido crímenes de guerra, desatado una guerra comercial, amenazado, incrementado con medidas unilaterales el criminal bloqueo contra Cuba. El régimen que ha apoyado y es cómplice del genocidio contra el pueblo palestino perpetrado por Israel.

El presidente y el régimen que al inicio de esta guerra contra Irán, el 28 de febrero, bombardeó repetidas veces la escuela primaria Shajareh Tayebeh en Minab, al sur de Teherán, asesinando a 168 personas, la mayoría niñas.

Es decir, amenaza con hacer desparecer una civilización entera quien ya ha cometido crímenes de guerra y dirige la fuerza militar más poderosa del mundo, con el presupuesto más grande de la historia, que tiene armas nucleares y encarna una historia brutal, lo que le agrega peligrosidad a sus dichos.

Es hora de levantar la voz, de denunciar y enfrentar con decisión la deriva hacia la ley de la selva y la barbarie a la que quieren llevar al mundo un imperialismo en declive y un aspirante a emperador mundial y su régimen de oligarcas incapaces de pensar en más nada que en sus propios privilegios.

Defender la causa de la humanidad, es denunciar y construir la fuerza organizada necesaria para enfrentar a estos criminales. Hay que construir el No Pasarán del siglo XXI. Hay que hacerle frente a los genocidas confesos.

Compartí este artículo
Temas