Para el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, es un declarado “enemigo de América Latina”.
La afirmación del mandatario, consignó TeleSur, se produjo en el curso de un acto en el estado de Goiás, donde Lula rechazó las nuevas amenazas arancelarias de Washington y “acusó de traición a la oposición bolsonarista por promover sanciones contra la economía nacional”.
Ese rechazo a la hostilidad de dichas políticas, dijo Lula, fue trasmitido por él al presidente estadounidense Donald Trump en ocasión de la reunión mantenida por ambos mandatarios.
“Es anti-Latinoamérica”, sentenció lula que no dudó en asegurar que Rubio era “un enemigo mortal de Cuba y de varios otros países latinoamericanos”.
De esa forma, asegura la agencia de noticias, el mandatario brasileño respondió “a las afirmaciones de Rubio ante el Senado de Estados Unidos”, donde “excluyó a Brasil, Colombia, Venezuela, Nicaragua y Cuba de su lista de aliados hemisféricos”, justificando con ello “la propuesta de la Oficina del Representante Comercial de imponer aranceles adicionales de 25% a las exportaciones brasileñas”.
Lula ratificó que como presidente de Brasil, “defenderá la economía de su país mediante la verdad diplomática frente a las presiones de la Casa Blanca”.
“El Gobierno de Estados Unidos”, dijo, “instrumentaliza acusaciones de seguridad y catalogaciones terroristas contra bandas delictivas para expandir su influencia económica y militar en la región frente al avance comercial de potencias como China” y como Brasil no tiene “barcos para hacer las guerras de Trump, bombas atómicas o poderío militar, mi guerra es la de la verdad contra la mentira, contra las narrativas”.
Para el presidente brasileño, los hijos de Bolsonaro son “traidores a la patria”, porque no se ocultan para “respaldar públicamente las medidas coercitivas estadounidenses”,
“Son unos traidores a la patria. Fueron y le pidieron a un país extranjero que interfiriera en las decisiones brasileñas”, afirmó.
Para el jefe de Estado, el hecho de pedir “la intervención extranjera no debilita al Gobierno, sino que perjudica directamente al pueblo, a los empresarios y al sector agroindustrial” del país.























