No es que “¿Qué les queda a los jóvenes?” sea un cliché, es que sigue vigente
UJC
Que “la juventud está perdida” es más viejo que el agujero del mate, y se lo escuchó decir a todas las generaciones. La idea de que a las y los jóvenes no les interesa nada más que ellos mismos, que no se preocupan por el futuro, que solo les interesa divertirse (como si fuera algo malo) y no asumen responsabilidades, se mantiene a través de las décadas. La juventud uruguaya, durante toda la historia de nuestro país, demostró que estas afirmaciones están equivocadas.
Graffiti, rock y escepticismo
Quienes somos jóvenes en Uruguay hoy, somos conscientes de la historia que nos precede. Somos la misma juventud uruguaya que conquistó la Ley Orgánica para la Universidad, que forjó la unidad de la clase obrera en la histórica CNT, que fundó el Frente Amplio. Esa misma juventud uruguaya parte de la resistencia a la dictadura, en la clandestinidad, en el exilio, en las cárceles. La misma juventud uruguaya que nunca dejó, ni dejará, de luchar hasta que caiga la impunidad en nuestro país. Somos los miles de jóvenes que marchan en silencio los 20 de mayo, porque todos somos familiares.
Esa juventud uruguaya que defendió a todas las empresas públicas, en cada uno de los intentos de la derecha por privatizarlas. La juventud solidaria, que se hizo presente cuando el Estado nos dio la espalda, en el 2002 y también en la pandemia. Somos la misma juventud que conquistó derechos sociales, el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto, la marihuana legal, la ley trans.
Que año a año llena las calles cada 14 de agosto, haciendo del recuerdo de los mártires estudiantiles una lucha constante por mejorar nuestra educación, para nosotros y para los que vendrán.
Somos una juventud acostumbrada a luchar, a defender nuestros derechos, y también a defendernos nosotros mismos. Cuando la derecha no sabe qué hacer, nos ataca, pero les ganamos. Somos la juventud que impidió la baja de la edad de imputabilidad, somos la juventud que consiguió ganarle a una reforma que busca militarizar la seguridad. Somos la juventud de las 800 mil firmas contra la LUC. Los jóvenes que hacemos de las caídas tropezones, y nos levantamos con aún más ganas de no rendirnos.
Este mundo de rutina y ruina
Las políticas del gobierno actual no han hecho más que perjudicarnos, con retrocesos económicos, sociales, políticos y culturales, para la enorme mayoría de las uruguayas y los uruguayos. Vivimos en un país cada vez más desigual, donde unos pocos se quedan con mucho, mientras a la mayoría nos dan un pedazo cada vez menor de la torta. Vivimos en un país cada vez más excluyente, con una cantidad creciente de uruguayos que quedan al margen del acceso a condiciones dignas de vida y trabajo; con peores servicios públicos disponibles y menores posibilidades de disfrute. Y todo eso en un país que es cada vez menos democrático, pues año a año las decisiones políticas y económicas trascendentales, para nuestras vidas se restringen a menos gente. Los espacios de participación social y comunitaria en la deliberación, decisión y gestión de lo que es de todos se vaciaron de contenido, o directamente los hicieron desaparecer. Y todo esto, nos impacta a los jóvenes mucho más.
Es imposible no ver que el crecimiento de la desigualdad y la exclusión en nuestro país hacen que nuestra sociedad sea cada vez más violenta; violencia a la que también enfrentamos con especial crudeza los jóvenes a diario. La violencia emerge ante la precarización de nuestra vida, en un presente que nos obliga a competir para sobrevivir, en un mercado laboral que nos depreda y deshecha. La violencia impacta en nuestra salud física y mental, y es una oportunidad para aquellos que hacen plata con la miseria desde el crimen organizado, en nuestros barrios y entre los gurises con los que crecimos.
A la vez que los jóvenes somos los culpables de los males de la sociedad, somos casi los últimos en poder disfrutar plenamente nuestros derechos. Las condiciones que tenemos hoy para pensar nuestra vida y planificar nuestro futuro, son peores que hace cinco años. Hace unos años cada vez más jóvenes tenían la oportunidad de salir de vacaciones, ahora los jóvenes van al Aeropuerto de Carrasco a buscar oportunidades que acá no tenemos. Cada vez nos es más dificil conseguir trabajo, y cuando conseguimos cobramos dos pesos. Nos cuesta cada vez más poder irnos a vivir solos, o retrasamos nuestra independencia o nos vamos con muchos amigos. Dejamos de estudiar porque no tenemos tiempo entre trabajo y cuidados, o no podemos pagar boletos o materiales de estudio. No nos animamos a pensar mucho para adelante, porque vivimos con la incertidumbre de la inestabilidad.
Cada tanto vemos titulares que cuestionan nuestras decisiones. “Los jóvenes ya no piensan en tener hijos”, apenas podemos sustentarnos a nosotros mismos, pensar en que podemos darle una vida digna a un niño es casi imposible. “Los jóvenes ya no piensan en comprar casa”, apenas podemos irnos de la casa de nuestros padres, el sueño de la casa propia lo tenemos casi descartado. Innumerables artículos hablan de cómo los jóvenes ya no trabajan toda su vida en una empresa, como avanza el mundo del freelance, como si nos gustara la inestabilidad de hoy tengo laburo pero no sé mañana.
Nos quieren condenar con un presente de incertirdumbres, ya no solo personales sino a nivel planeta. Individualizan las responsabilidades en una crisis climática, como si el plástico que gasta una persona se pueda comparar con la contaminación de las grandes empresas, o los gases de aviones privados. Nos quieren desamparos y desesperanzados. Repiten el discurso de que los políticos son “todo lo mismo”, para que no veamos en la política una herramienta transformadora. Nos quieren indiferentes. Pero una vez más, no pueden con nosotros.
Discutir con dios
Nuestros sueños no caben en las urnas, pero de lo que votemos depende que podamos cumplir nuestros sueños. La democracia es más que solo votar cada cinco años, pero de lo que votemos depende que podamos incidir políticamente en todos los temas. Nuestros derechos no se defienden solo el último domingo de octubre, pero depende de quién gane tendremos mejores condiciones para luchar.
Este año podemos elegir un gobierno que quiera un Uruguay donde los jóvenes podamos desarrollarnos. Un gobierno que implemente políticas de acceso a la vivienda, que proteja nuestros derechos laborales, que no deje a nadie afuera de la educación. Podemos elegir un proyecto de país que vaya a la par de los avances tecnológicos del mundo, que apueste por la cultura y el entretenimiento. Un Uruguay que proteja la vida de las mujeres, que no haga de la seguridad pública demagogia, ni del desarrollo social asistencialismo.
Este año podemos elegir un gobierno con el que construir un país donde seamos más libres, más felices, y donde nuestros sueños no sean utopías sino metas alcanzables. Podemos hacer de nuestra rebeldía, más derechos conquistados. Podemos tener un país en el que tengamos voz, y seamos tenidos en cuenta. El primer paso para hacernos oír es poder votar; si vos, tu primo o tu vecina, aún no tienen la credencial, tienen tiempo hasta el 15 de abril para sacarla.
Este año, otra vez, la juventud uruguaya va a elegir el Frente Amplio, porque queremos un gobierno que sí quiera al pueblo uruguayo, y que no venda nuestro rico patrimonio. Elegimos al Frente Amplio, porque estamos construyendo un futuro donde nadie quede afuera. Los ruines del pasado no pudieron con la juventud uruguaya. Los granujas del presente tampoco podrán.
Foto de portada
Festejos del Frente Amplio al ganar las elecciones en el año 2014. Foto: Santiago Mazzarovich/adhocFotos.




















