Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.

El odio no es una opinión

UJC

Hace ya algunos años que parece estar de moda ser un poco mala persona, creerse gracioso por hacer comentarios clasistas, racistas o misóginos, y cuando reciben el comentario de que lo que están diciendo es discriminador, se escudan en la libertad de expresión. Es por esto que se hace necesario recordarles a todos, que el odio no es una opinión.

La libertad de pensamiento y expresión es uno de los pilares de la democracia en la que vivimos (o eso dicen), pero parece ser que algunos confunden eso con la libertad de mentir, la libertad de violentar, la libertad de falsear la historia y de desarrollar discursos de odio. Y a esos discursos no hay que hacer como si no existen, porque sí existen, pero no hay que tratarlos como una expresión válida o como cualquier otra.

No se le discute

El respeto a la pluralidad de voces, o el darle espacio a personas que no piensan como nosotros, no significa darle una plataforma a discursos de odio. Cuando se coloca como un interlocutor aceptable a una persona con un discurso de odio, se está dando a ese discurso la validación (que no significa estar de acuerdo), es decir, se lo pone en un lugar de discurso válido con el cual es posible intercambiar.

Cuando existe este intercambio siempre sale perdiendo la democracia y la libertad, porque una parte no tiene inconveniente con mentir, con caer en falacias, muy por el contrario, las utiliza como herramienta, porque lo que buscan es un discurso simple y efectista. Mientras tanto, la otra parte busca razonar y poder llegar a puntos de acuerdo con una parte a la que en realidad, no le interesa el intercambio.

En nuestra región, y no parece ser casualidad, los discursos de odio se conjugan también con discursos negacionistas del terrorismo de Estado. Y a este en particular, al menos para entenderlo, podemos compararlo con cualquier teoría conspirativa. De un lado hay disciplinas científicas, hay evidencia, hay estudios, del otro lado hay teorías de autoconvenidos, que se sustentan en pruebas que tienen valor solo para quienes quieren creer en ellas y reafirmar sus propias sospechas. De un lado está la Historia, del otro el relato del terrorismo de Estado.

Por supuesto que la irrupción de Cabildo Abierto en las elecciones pasadas, abrió el camino para que se alcen voces que justifican el terrorismo de Estado. Desde el senador Domenech, justificando que acribillaran a las Muchachas de Abril diciendo mentiras. Hasta la organización de “familiares de presos políticos”, por los represores condenados en Domingo Arena. En el medio, proyectos de ley de reparación a víctimas del “terrorismo”, prisión domiciliaria para los presos de Domingo Arena, liberación de los archivos de inteligencia de la dictadura, sin ningún tipo de estudio, verificación de su veracidad, ni contexto. Y una mención especial a todos esos legisladores del oficialismo que no pueden decir “nunca más terrorismo de Estado”, sin agregar el sinsentido de “ni ningún otro terrorismo”. Este gobierno será recordado, entre otras nefastas cosas, por fortalecer la impunidad en este país, y rebajar la democracia.

Para cuidar realmente la calidad democrática de nuestro Estado, es fundamental la memoria colectiva, no darle amplificación a estos discursos pero sí combatirlos. Desarrollar políticas públicas activas en derechos humanos, y no descansar en la búsqueda de los compañeros desaparecidos. Debemos trabajar para reafirmar y enraizar en nuestro pueblo qué fue el terrorismo de Estado, qué es la cultura de la impunidad.

La 1001 presentó un proyecto de ley para sancionar los discursos negacionistas del terrorismo de Estado. No terminó de ingresar el proyecto que ya estaban gritando “libirtid di ixprisiin”, y acá es cuando volvemos a repetir: el odio no es una opinión.

Los discursos negacionistas son discursos de odio, se sustentan en mentiras y falsedades, en falacias, no tienen evidencia de nada de lo que dicen, y además, por supuesto, son extremadamente violentos. No es posible discutir con ellos, porque no les interesa el intercambio solo instalar su relato. No debe tratarselos como un interlocutor válido.

La sanción que el proyecto plantea, en caso de que no se retracte la persona, es servicio comunitario en los Sitios de la Memoria. Las otras experiencias en el mundo, por ejemplo Alemania con el nazismo, tienen un caracter punitivista, y pueden ir hasta a prisión. Es decir, lo central del proyecto es educar.

Al mejor postor

Y ya que hablamos de libertad de expresión, también podemos hacer el asterisco en que cuanta más plata tenés, más libertad de expresión. Por si alguien tenía dudas del vínculo entre la coalición de gobierno y las grandes empresas de comunicación (también conocidas como medios de comunicación), metieron y aprobaron a las apuradas la ley de medios, con modificaciones que oh qué sorpresa benefician a los grandes medios, y perjudica al resto, siendo el resto toda la democracia.

Acá la confusión parece estar entre la libertad de prensa y la libertad de empresa, no es tanto el poder expresarse sino el ser casi los únicos que lo hacen. La libertad de expresión queda subordinada al poder económico de quién es dueño de los medios (y puede generar presión en el poder político), y esto ataca también el derecho al acceso a la información de la ciudadanía. Y por si a alguien le quedaban dudas, Canal 10 prohibió cubrir la conferencia de prensa del Frente Amplio sobre las modificaciones a la ley de medios.

Entonces es claro, cuando hablan de libertad de expresión, hablan de la libertad de mentir sobre el terrorismo de Estado, de discriminar y violentar sin que se le cuestione, y hablan también de poder comprar los medios que amplifican y validan esos discursos, que representan y defienden intereses que no son los de la gran mayoría, y que tienen la capacidad de corromper nuestra democracia.

No existe el derecho a la libertad de expresión cuando esa expresión es discriminatoria, es violenta, es abusiva, porque atentan contra la dignidad y el derecho de ser. No existe el derecho a la libertad de expresión si es para negar una de las épocas más oscuras de nuestro país, para justificar el terrorismo de Estado, porque es atentar contra la democracia, y los derechos humanos.

Foto

Milicos nunca más. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.

Compartí este artículo
Temas