30ª Marcha del Silencio por la avenida 18 de Julio en Montevideo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

La poesía también reclama verdad y justicia

El 20 de Mayo, la Marcha del Silencio, la lucha de Madres y Familiares, y de todo nuestro pueblo, por la memoria, por verdad y justicia, por Nunca Más, generaron y generan emoción, compromiso.

Esto se expresa de múltiples maneras, en las marchas, en las margaritas de las plazas, en canciones, en fotos, en teatro y también en poesía.

Este lunes 19 de mayo, se realizó en Lo de Molina, en Montevideo una jornada denominada “Poesías por la memoria”. EL POPULAR publica los poemas de dos participantes de esta jornada, Raquel Diana y Diego Cubelli; también publicamos dos poemas al 20 de Mayo llegados a nuestra redacción, de dos jóvenes poetas y militantes, Belén Chirico, de Canelones y Renato Russo de Fray Bentos, Río Negro.

Poemas de Raquel Diana

*

Cada otoño pongo al sol la chaquetita de mi tía Elvira,

de pura lana, primorosamente cosida y armada,

rosa viejo viejo jaspeado, más que elegante paqueta,

cada tantos años la lavo, y hasta le paso plancha.

Ella la lleva en una foto de mi casamiento

tres meses antes de la fecha de la desaparición de Félix.

Me queda bien, hasta me cierran los botones,

está lista para cuando aparezca el Negro.

*

Lo estamos mirando a los ojos, señor presidente,

compañero presidente, señora-compañera ministra,

autoridades todas, jefes y jefas, subalternos y subsidiarias,

civitares y miliviles, personas funcionarias y funcionales,

responsables y prescindentes, dispuestos y omisos,

gente de buena voluntad y de mala también.

Los estamos mirando a los ojos.

Por más patria y menos tumba.

Por la libertad. Para no morir con gloria o sin.

Sepan, sepan, sepan, cumplir.

*

Quisiera escribir un poema que no fuera triste ni tuviera letanía de milonga,

que sí, me conforta, me mece, me contiene,

pero la resaca que deja me hace sentir vieja, raída, vencida, sola.

Quisiera escribir un himno emocionante, reunidor, polifónico y único,

insoslayable,

que sonara como una campana,

que golpeara como un martillo.

Si tuviera ese poema golpearía en la mañana

golpearía en la noche

en todo el país

altera al peligro debemos unirnos

para defender la paz.

Pero no lo tengo.

Entonces aparece Isidore Ducasse, nuestro conde de este lado del mundo

Con una bandera que grita:

“La poesía debe ser hecha por todos, y no por uno”

Así será, mañana, en la calle.

Poemas de Diego Cubelli

*(a Amelia Sanjurjo)

¿Quién trabajó la tierra y el golpe

entre las vísceras y el encierro?

hoy invento una voz

que mi piel no contiene

abrí la tierra con mis manos

esperé en mi propio grito

y soy viento en el retrato.

*(a Luis Eduardo Arigón)

Quién traduce los huesos

y bajo la losa una mano clara

quién imagina la escena

(el que no dice nada

dio la orden

cavó la fosa

durmió en su cama)

quién descifra en deriva

lo que la tierra traga

la memoria de los libros

y lo que ahora habla

Poema de Belén Chirico 

Cuida con ternura eso que tiembla en los huesos

y arde detrás de los ojos.

No lo sueltes al desgaste,

no lo entregues al ruido.

Cuida con ternura la palabra

que aprendiste a decir con el cuerpo:

Presente.

No la digas liviano,

que en cada letra se esconde una historia,

una trinchera,

una promesa.

Cuídala como a una semilla,

que no es tuya, sino del pueblo,

y que el futuro nos reclama seguir sembrando

en la misma tierra donde aún sangran los días.

En esa tierra que sigue hablando,

que no se rinde,

que susurra nombres y secretos,

y reclama verdad,

hasta que la ausencia se vuelva palabra

y el silencio se rompa.

Porque si cuidamos la lucha con ternura,

siempre nos devolverá una flor.

Poema de Renato Russo

Y yo, que estoy vivo

Me duelen, carajo, me duelen,

como si me clavaran en las costillas

el número que no es nombre,

el hueso que no tuvo despedida,

la boca que tragó el grito.

Hoy no quiero escribir,

pero escribo igual.

Y escribo con esta rabia callada

que baja por la garganta

y no encuentra tumba.

Madres de pañuelo sin fecha,

padres con la dignidad rota

y los ojos afilados por la espera.

Hermanos que dejaron el mate servido,

el pan cortado,

y un silencio que no cierra.

No hay domingo sin sangre.

No hay lugar que los abrace.

Son tierra que recuerda,

noche sin registro,

un nombre prohibido

en la boca del viento.

Y no me alcanza el verbo,

ni este papel tembloroso

que apenas aguanta

lo que no dicen las balas.

}¡Ay, Uruguay!,

te arrancaron los ojos

y aun así seguís mirando.

Dónde están,

pregunta el obrero con el pan en la mano.

Dónde están,

grita el río que no olvida.

Dónde están,

llora la plaza

cuando la barren con botas.

Los busco.

Y me duele más que el hambre.

Más que las veces que callé.

Más que este país que aún arrastra su sombra.

Escribo por ellos.

Por vos.

Por mí.

Por el hueso que late bajo el barro.

Porque la dictadura no mató el poema.

Solo lo tapó de tierra.

Y yo,

que estoy vivo,

los desentierro, carajo.

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