El gobierno ultraderechista de EEUU, encabezado por el magnate Donald Trump, concretó una nueva agresión imperialista en estos días, esta vez contra Brasil.
Trump firmó una orden imponiendo un 50% de aranceles a un conjunto de productos brasileños y lo justificó en que, según escribió, Brasil es “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional, la política exterior y la economía de EEUU”.
Además de las sanciones comerciales, EEUU sancionó a varios jueces de la Corte Suprema Federal de Brasil, que están a cargo de los juicios contra el expresidente, y también ultraderechista, Jair Bolsonaro por su participación en el intento de golpe de Estado contra el gobierno de Lula y contra varias empresas tecnológicas y de redes sociales de EEUU por violaciones a la legislación brasileña y participar en campañas de desinformación. Es más, para completar el disparate, el secretario general de la OTAN, el servil Mark Rutte que se desvive en elogios a Trump, se anotó para apoyar a su admirado patrón y anunció posibles “sanciones secundarias” contra Brasil, en este caso por mantener relaciones comerciales con Rusia.
La verdad es que lo anunciado por Trump es un acto impresentable de injerencia política e intervencionismo, continuador de la doctrina Monroe, que lleva ya 202 años y de la doctrina de Seguridad Nacional, que sembró de dictaduras y represión nuestro continente.
Lo que le duele a Trump es la actitud soberana de Brasil, su participación en los BRICS; su acuerdo con China para unir mediante un tren el Atlántico y el Pacífico, hacia el puerto de Chancay en Perú; sus propuestas para abandonar el dólar como moneda de referencia internacional, instrumentar un impuesto para gravar a los mil millonarios en el mundo y democratizar las Naciones Unidas; su decisión soberana de enfrentar a los oligarcas tecnológicos de EEUU, todos financistas de la campaña de Trump.
Joseph Stiglizt, premio Nobel de Economía, escribió en una columna en el diario La Jornada: “Lula ha defendido la soberanía de su país no sólo en el terreno comercial, sino también en la regulación de las plataformas tecnológicas controladas por Estados Unidos. Los oligarcas tecnológicos estadounidenses utilizan su dinero e influencia en todo el mundo para tratar de obligar a los países a que les den vía libre para implementar sus estrategias de maximización de beneficios, lo que inevitablemente causa enormes daños, incluso al servir como canal de desinformación”.
La Unión Nacional de Estudiantes de Brasil, en conjunto con otras organizaciones sociales han convocado para este viernes una movilización en defensa de la democracia.
Ante este acto injerencista y esta provocación imperialista, lo único que cabe es expresar, con firmeza, la plena solidaridad con Brasil, con su pueblo y con su gobierno, encabezado por el compañero Lula.





















