Por Rony Corbo
El imperialismo yanqui, en la figura de su presidente Donald Trump, ha ordenado un despliegue militar con unos 4.000 marines al sur del Caribe, cerca de las costas venezolanas, bajo el pretexto de combatir a los carteles de la droga (El País, 2020).
Trump y su círculo de halcones —el secretario de Estado Marco Rubio, y la fiscal general Pam Bondi, encargada de encabezar las acusaciones judiciales contra el gobierno venezolano— han señalado al presidente de Venezuela Nicolás Maduro, al ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello, y al ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, de ser “narcoterroristas” y supuestos cabecillas del mal llamado “Cartel de los Soles” (U.S. Department of Justice, 2020).
Dichas acusaciones fueron formalizadas en 2020 por el Departamento de Justicia, cuando ofreció recompensas millonarias, sin embargo, hasta hoy no han presentado pruebas verificables que sostengan tales especulaciones.
Ahora aumentan la recompensa sobre Maduro, a 50 millones de dólares, a quien de información que permita la captura de Maduro y la declaratoria como organización terrorista del llamado Cartel de los Soles, una supuesta narcobanda que, según Washington, encabeza el gobernante bolivariano. Esto, aparte de que EEUU no reconoce el gobierno bolivariano.
Lo que hay atrás es una intención claramente intimidatoria, de una posible invasión militar a la República Bolivariana de Venezuela, en búsqueda del petróleo y el oro de su territorio.
La amenaza de invasión, por tanto, no solo compromete a Venezuela. América Latina en su conjunto quedaría bajo el riesgo de una nueva ola de intervenciones. En particular, Colombia, que comparte más de 2.200 km de frontera con Venezuela y sería arrastrada inevitablemente al conflicto.
El presidente colombiano Gustavo Petro es consciente de ello. Ha rechazado públicamente cualquier intervención armada de los EEUU en nuestro continente y ha recordado que el verdadero problema de drogas se encuentra en el consumo interno de EE. UU. y en sus puertos y aeropuertos, como afirmó en la red social Twitter.
Caracas denuncia la intimidación de EEUU con el uso de submarino nuclear en el Caribe
La Misión Permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante las Naciones Unidas denuncia la escalada de acciones hostiles y amenazas de EEUU, que ahora incluyen el despliegue de buques de guerra adicionales en el Caribe, entre ellos el crucero lanzamisiles USS Lake Erie y el submarino nuclear USS Newport News.
Según se desprende del comunicado de la misión permanente ante la ONU, Caracas hace un llamado para «preservar la paz, la seguridad y la estabilidad» en la región:
Venezuela exige el cese inmediato del despliegue militar estadounidense en el Caribe. Reclama garantías claras y verificables de Washington de que no desplegará ni amenazará con usar armas nucleares en la región. Insta al Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe a convocar a consultas urgentes para examinar esta serie de acciones hostiles e intentos de intimidación. Insta a que se respete el Tratado de Tlatelolco, que fue firmado por EEUU y que declara a América Latina y el Caribe como zona libre de armas nucleares.
Caracas también llama a todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas a «respaldar el respeto al carácter desnuclearizado de América Latina y el Caribe» y a defender la Proclama de la CELAC de la región como una «Zona de Paz».
Deja constancia de que la introducción de un submarino nuclear sin transparencia sobre el armamento que lleva contradice de manera flagrante los principios mencionados arriba.
El gobierno de Venezuela demandó, mediante una nota enviada a todas las misiones diplomáticas representadas en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que se den “garantías claras y verificables” de que Estados Unidos no desplegará ni amenazará con usar armas nucleares en la región.
La comunicación fechada este martes en la sede de la ONU en Nueva York responde a las informaciones sobre el aumento del despliegue militar estadounidense en el Caribe con la movilización del buque Lake Erie, un crucero de misiles guiados, y el Newport News, un submarino de ataque rápido de propulsión nuclear
Este contingente se suma a otras tres embarcaciones de guerra que, según fuentes citadas por Reuters, transportan a 4 mil 500 militares, incluidos 2 mil 200 marines con el objetivo de combatir “organizaciones narcoterroristas”.
Respuesta Bolivariana. Movilización de 15 mil militares.
Como respuesta, el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, informó sobre el inicio de un despliegue operacional de 15 mil efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en los estados Táchira y Zulia, que comprenden 851 km de los 2 mil 219 km de línea fronteriza con Colombia.
El despliegue se realiza por corredores aéreos con el uso de drones, incluye puntos de vigilancia, inteligencia y exploración, recorridos fluviales con la infantería de marina en los ríos que van desde Táchira hasta Zulia, patrullas navales en el Lago de Maracaibo y el Golfo de Venezuela, así como buques de mayor dimensión «más al norte en las aguas territoriales».
El ministro de Defensa también informó que los efectivos involucrados en el operativo van “a recibir pronto la orden de operación. Conocemos las condiciones y las características de los grupos terroristas, armados, narcotraficantes que operan en la frontera y que pretenden pasarse a territorio venezolano”, acusó Padrino.
No está de más recordar que en diciembre de 1989, el gobierno del presidente George W. Bush envió más de 20.000 soldados estadounidenses para invadir Panamá y detener a Manuel Noriega, quien había sido acusado en Estados Unidos de cargos de narcotráfico. Solo que Venezuela no es Panamá y América Latina y el Caribe tampoco es la misma.





















