El Nobel de la vergüenza

Por Gabriel Mazzarovich

El viernes pasado el Comité noruego que otorga el Premio Nobel de la Paz decidió entregárselo a la venezolana María Corina Machado. La decisión es una verdadera vergüenza.

Y es una vergüenza por varias razones. Es un sinsentido que se lo hayan dado a Machado, que de constructora de paz no tiene ni una molécula, pero también lo son los criterios esgrimidos y, adicionalmente, a quiénes no se lo dieron.

El Nobel de la Paz se considera el “más político” de todos los galardones que otorgan año a año las instituciones suecas y noruegas habilitadas a tales efectos, siempre ha sido así, no tiene nada de objetivo, ni de filantrópico. 

Hubo dislates anteriores, como entregárselo en 1973 a Henry Kissinger, es cierto que en conjunto con el dirigente vietnamita Le Duc Tho, que no fue a recibirlo, por un alto al fuego que EEUU violó casi inmediatamente. Kissinger era un criminal de guerra, generó conflictos armados en todo el mundo y promovió golpes de Estado y dictaduras en nuestro continente. En 1973, había organizado y financiado el golpe contra Salvador Allende en Chile y el de Juan María Bordaberry en Uruguay, el mismo año. En el 2009 se lo dieron a Barak Obama por su discurso supuestamente pacifista, en realidad luego fue el único presidente de la historia de EEUU que durante cada día de sus mandatos tuvo tropas en guerra, uno se imagina a la paloma de la paz desesperada por estar escondida lo más posible de tan particular galardonado.

Por lo tanto, antecedentes que cuestionan, y muy seriamente, los criterios del Comité noruego que entrega el Nobel de la Paz, hay y son muchos.

Los criterios de selección del Nobel son de todo menos transparentes. La lista de las y los candidatos no se publica hasta 50 años después. Así que no tenemos manera de conocerla. 

Si sabemos, según la web oficial, que había para este año 338 candidaturas, 244 de personas y 94 de organizaciones. También sabemos, según medios internacionales, en general bien informados de estas cosas, algunas de las candidaturas. Las Células de Interacción de Emergencia, que actúan, corriendo grandes riesgos, llevando ayuda de todo tipo en Sudán, donde se vive, según la ONU, la crisis humanitaria más grave del planeta. Reporteros Sin Fronteras, que despliega una labor de denuncia y defensa de la libertad de expresión y que realiza, por ejemplo, una campaña para denunciar el asesinato de 210 periodistas en Gaza. Mahrang Baloch, médica y activista por los DDHH paquistaní, que está presa por denunciar secuestros, torturas y desapariciones. La Corte Penal Internacional, tan atacada por EEUU e Israel por librar orden de captura contra Benjamín Netanyahu por crímenes de guerra, el premio habría sido, en ese caso, un respaldo importante. Standing Together, una organización palestina-israelí, que lucha, en condiciones muy difíciles, ejemplarmente por la paz. Y teniendo esas opciones decidieron dárselo a María Corina Machado. Indefendible.

Cómo decíamos, la elección hecha por el Comité noruego ha sido muchas veces cuestionable, pero al menos intentaban guardar las formas. Esta vez, además, violentaron completamente lo que públicamente asumen como criterios. Entre los criterios, que, según información oficial, se usan para otorgar el Nobel de la Paz, tienen especial relevancia, si él o la candidata, realizó, en el año que se juzga, la promoción de “congresos de paz”, o trabajó para “la abolición o reducción de los ejércitos permanentes”, o construyó “la fraternidad entre las naciones”.

Claramente María Corina Machado no hizo nada parecido a eso en el año que pasó, ni en ninguno anterior, en realidad no se conoce que haya hecho nada parecido ni en una tarea domiciliaria de la escuela.

El propio Comité noruego dice en su fundamentación para entregarle el premio a María Corina Machado que se basó en “su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano” y en “su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”. Eso, además de ser mentira, lo fundamentaremos a continuación, muestra a las claras que la decisión fue por motivos políticos que nada tienen que ver con la paz, ni de cerca.

Resumiendo: el otorgamiento del Nobel a María Corina Machado es una vergüenza porque se descartaron opciones que sí tenían que ver con la paz, que sí necesitaban respaldo urgente y, porque el Comité noruego, violando sus propios criterios, priorizó razones políticas por encima de contribuciones reales a la paz. 

Y lo es, también, porque los argumentos políticos usados son falsos, por quién es María Corina Machado y por lo que representa.

María Corina Machado no es una defensora de la democracia y no tiene nada de pacífica. Apoyó el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, participó de las acciones violentas contra locales políticos y sindicales y firmó el conocido como “Decreto Carmona”, por “Carmona el breve”, principal dirigente de las Cámaras Empresariales venezolanas que asumió, él sí como dictador, que establecía medidas como disolver el Parlamento, disolver la Corte de Justicia y anular la Constitución.

Luego promovió otras intentonas golpistas y criminales de la derecha venezolana, apoyadas invariablemente por EEUU. Convocó a las “Guarimbas”, acciones violentas que generaron destrucción y muertes. Apoyó lo que se denominó “La Salida”, un plan golpista para derrocar el gobierno. Participó en la delegación de otro país, Panamá, en la OEA, para reclamar sanciones y la intervención contra su propio país. Apoyó al autoproclamado presidente, Juan Guaidó, que robó a manos llenas, propició una invasión contra su propio país y acciones terroristas dentro de Venezuela. En 2018 le pidió a Benjamín Netanyahu y a EEUU que promovieran el “cambio de régimen” en Venezuela. Firmó el manifiesto de la ultraderecha mundial, la “Carta de Madrid”, promovida por los fascistas de Vox y firmada por los argentinos Javier Milei y José Luis Espert (acusado ahora de vínculos con el narcotráfico), el paraguayo Horacio Cartes (también acusado de vínculos con el narcotráfico) y el brasileño Eduardo Bolsonaro, hijo de Jair, que también pidió la intervención de EEUU contra su país, en este caso para defender a su padre condenado por golpista. Apoyó y contribuyó a que se le secuestraran las reservas de oro a Venezuela, a que se confiscaran activos del Estado venezolano en EEUU, como refinerías y estaciones de servicio. Reclamó varias veces la intervención de EEUU en su país y ahora, cuando Donald Trump, a quién le dedicó el Nobel, desplegó barcos de guerra frente a las costas de Venezuela y hundió lanchas con la excusa del combate al narcotráfico, anuncio que “la libertad está cerca”. Públicamente ha afirmado que quiere que vuelvan “a sus legítimos dueños” las empresas nacionalizadas por Chávez, pagando indemnización, un reclamo que en su caso trasciende lo ideológico ya que su familia era propietaria de una de las siderúrgicas más grandes de Venezuela. Convocó a que no se participara en las últimas elecciones de gobernaciones en Venezuela y no logró ni siquiera convencer a toda la oposición, ya que una parte si participó e incluso ganó la gobernación de un estado, Cojedes.

María Corina Machado no es una defensora de la democracia y menos de un camino pacífico para superar la crisis en Venezuela. María Corina Machado es una fascista, por su ideología, por sus métodos y porque es una representante del gran capital venezolano y una operadora del imperialismo yanqui. Fue promotora y organizadora de golpes de Estado y de acciones violentas. Además, está perdiendo apoyo en la derecha venezolana. A esa persona, en esa situación, le dieron el Nobel de la Paz. 

Y más terrible aún es el momento en que se lo dieron. En este momento, con la excusa de la lucha contra el narcotráfico, EEUU desplegó 8 buques de guerra, armados con misiles, tropas de élite, aviones y helicópteros en el Caribe frente a Venezuela. El mundo entero sabe que lo que quiere EEUU es el petróleo, el litio y los enormes recursos naturales de Venezuela. También sabe que Machado les ha prometido, públicamente, privatizarlos. Por eso también es una vergüenza. 

En realidad, este Nobel otorgado a María Corina Machado, más que favorecer la paz premia al odio y la violencia y legitima una agresión de EEUU contra Venezuela. Lo del título: Una vergüenza. 

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