Miles, fuertes y claras

Este 8M, una vez más, fue en el mundo y en Uruguay una expresión masiva de movilización, compromiso y lucha de cientos de miles. Esa es la primera conclusión y la más relevante. La decisión de cientos de miles de mujeres de tomar las calles, expresar su rebeldía, su compromiso, sus denuncias, sus opiniones y sus reclamos, fuerte y claro.

En nuestro país convocadas por diversas organizaciones feministas y del movimiento popular, cientos de miles de mujeres, en los 19 departamentos del país, llenaron las calles de combatividad. Lo hicieron reflejando la diversidad, pluralidad y amplitud de este movimiento y de quienes en él luchan y construyen. Pero lo hicieron también encontrando los caminos, una vez más, para estar juntas. Masividad, compromiso, amplitud y unidad se expresaron en las calles de Uruguay. No es poca cosa. 

En el 8M, de Uruguay y del mundo, se hizo sentir con mucha fuerza la condena a las guerras, a las agresiones, la denuncia de la situación del mundo donde está colapsando el orden internacional basado en reglas y se quiere imponer la ley del más fuerte y el poder militar como único factor determinante. Y por supuesto que esto estuvo acompañado de la condena a quienes promueven las guerras y las agresiones y en particular al imperialismo yanqui, que busca minimizar su declive a punta de amenazas, agresiones y misilazos. Y eso, lejos de ser un problema, como se señaló injustamente en críticas previas al 8M, es una virtud y un acto de valentía. En estas horas que vivimos, de enorme peligro para la humanidad, que las mujeres hayan asumido con decisión la denuncia y lo hayan hecho en las calles tiene un enorme valor democrático, hace bien a toda la sociedad, no solo a ellas y a su lucha. 

Por eso hay que reconocérselo. Siempre, ante cada 8M, se levantan críticas, muchas veces contradictorias. Se le critica, a la vez, que sólo hablan de las mujeres, que sólo plantean sus problemas, que se olvidan del resto de la sociedad, pero también que hablan de la paz, del antimperialismo, o de la lucha contra la impunidad, y que esos no deberían ser temas de esta fecha. Es decir, a la vez, se las critica por levantar fuerte la perspectiva de género y por no limitarse a ella.  

Los debates siempre son útiles, pero las críticas al 8M, sus consignas y sus maneras de expresarlas, son injustas e infundadas. Este año también lo fueron.

El 8M nació como un día de lucha y homenaje a mujeres obreras asesinadas por luchar por la paz y contra la explotación salvaje. Es decir, es una fecha internacionalista por excelencia. En la perspectiva histórica larga, que siempre es imprescindible, es una fecha de lucha obrera y popular y siempre tuvo referencias en defensa de la paz y de los pueblos agredidos, contra la guerra y contra las prácticas imperialistas, que son las causantes de las guerras. El 8M fue incorporando a lo largo de este siglo largo de luchas otras reivindicaciones, se hizo fecha oficial al ser reconocido por la ONU, y, en particular desde 2016 con la convocatoria a un día de huelga feminista mundial, volvió a recuperar dimensión de masas y convocó, nuevamente, a cientos de miles.

El feminismo, en su larga y compleja historia, siempre asumió la lucha por la paz, porque no hay soberanía posible de los cuerpos y de las mujeres si no hay soberanía de los pueblos. Esa definición siempre integró las luchas feministas y lo sigue haciendo. Y en América Latina en particular no hay forma de luchar por la paz sin ser antimperialista. Vale una reflexión similar a la lucha contra el patriarcado, en tanto forma concreta de organización de desigualdad.

El feminismo, lejos de debilitarse, siempre amplió su base y su llegada cuanto más logró vincular los reclamos de las mujeres a la lucha general por la emancipación social: ocurrió con la lucha por el voto femenino, asumida como parte de la pelea por el sufragio universal; la de igual remuneración por igual trabajo y el derecho al tiempo de ocio y de cuidado, como parte de la lucha por el salario digno y  la reducción de la jornada laboral; la lucha contra la pobreza y la exclusión de las mujeres, como parte de la general contra la desigualdad. 

Algunas críticas, previas y posteriores al 8M, reflejan falta de perspectiva histórica y actual; otras, simplemente responden a una campaña de deslegitimación desde sectores del poder que consideran un peligro al feminismo y al creciente protagonismo de las mujeres. Son distintas y es distinto el debate en ambos casos, pero las dos son infundadas.

El feminismo o los feminismos, en tanto expresión de rebeldía y cuestionamiento al poder, molesta y tiene que molestar, por eso se lo somete a un escrutinio público a veces despiadado e injusto. Bienvenido sea el debate y la crítica para superar contradicciones y luchar mejor. Pero es bueno siempre, también con los feminismos, tener claro dónde está el poder y dónde la lucha por la democratización, la libertad y la igualdad.

Este 8M, además de la condena a las guerras, a todas las guerras, al imperialismo y la solidaridad con los pueblos agredidos, se expresaron con mucha fuerza los reclamos de las mujeres. En la proclama de la Vía 8M, que EL POPULAR publica entera, está la condena a la violencia machista, la denuncia de los femicidios, la cara más dramática de la violencia contra las mujeres; el reclamo de respuestas de mayor contundencia a la pobreza infantil, que está unida a la pobreza de las mujeres jefas de hogar, sin trabajo o con salarios de miseria; la necesidad de avanzar en la presencia de mujeres en lugares de representación política y social; el histórico reclamo de igualdad salarial; el acceso a vivienda y salud; la necesidad de respuestas más fuertes y articuladas desde el Estado, a todas estas situaciones.

Todo eso fue el 8M. Pero insistimos, lo principal, es la continuidad de una característica fundamental, la masiva convocatoria, el carácter nacional y no solo metropolitano, la amplitud y la unidad logradas y la justeza de lo planteado.

Miles de mujeres llenaron las calles, homenajearon su historia y se comprometieron con el presente y el futuro. Miles hablaron, fuertes y claras. Salud compañeras por el 8M.

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